jueves, 27 de febrero de 2014

Fabulilla inocente


Era un tiempo en el que los medios de comunicación rara vez remuneraban el trabajo de los escritores, así que los escritores no se comprometían con ningún medio de comunicación. Publicaban en todos cuando querían y como querían y lo que querían, sin ofrecer demasiado (gratis) a ninguno en particular. Y también los criticaban a todos sin tapujos, en público y en privado, pues no les debían ninguna clase de lealtad.
Aunque los listos dirigentes de los medios de comunicación que explotaban a los escritores tenían que sacrificar la calidad de sus medios, y rara vez podían hacer el medio de comunicación que querían (pues quien no paga no puede exigir, menos pretender que les escriban lo que ellos quieren como ellos quieren cuando ellos quieren), también se habían dado cuenta de que ese tipo de contenido llegaba de uno u otro modo a sus medios sin necesidad de pagarlo. Habiendo contenido, también llegaba la publicidad. Además, circulaba tal cantidad de medios de comunicación, que también debieron hacerse a la idea de que mejorar la calidad de su medio ya no suponía una diferencia sustancial de número de lectores, ni de publicidad. Resultaba más práctico y rentable instalar la publicación en un nivel medio mediocre, sin pagar más que lo indispensable. Así era tanto en los grandes medios de comunicación, en cuyos garajes podías encontrar el lujoso espectáculo de coches de alta gama de sus directivos multimillonarios, como en las publicaciones modestas de las que solo se alimentaba el editor y, si acaso, alguno de los que hacían el "trabajo sucio" de la edición. Y no pasaba nada...
Hasta que llegó el Gobierno y decidió acabar con tanta libertad (o desprotección).
Desde entonces, por ley, medio que publica un trabajo, factura del pago al autor que tiene que presentar. El Ministerio de Cultura, igual que reporta a Hacienda si en los créditos de una película figura alguien que no ha sido dado de alta en la Seguridad Social (y Hacienda manda a sus inspectores –por ese motivo— a inspeccionar tanto a quienes producen un largometraje de presupuesto multimillonario como a quien produce un simple cortometraje), ha empezado a reportar todos los casos de contenido escrito cuyo pago al autor no haya sido debidamente documentado por los editores de los medios.       
Se acabó lo que se daba.

jueves, 6 de febrero de 2014

MIS PADRES, SUSURRAN


Mis padres susurran, mi tía del pueblo ha llamado, yo no quiero que me corten.
¿Tú no quieres hacerte mujer?, me dice la mayor de mis hermanas.
Mis padres callan cuando llego junto a ellos, tengo 10 años, mi tía ha llamado del pueblo.
Para que se haga mujer no hace falta que la corten, responde otra de mis hermanas.
Yo pensaba que a mí ya no me cortarían, a mis hermanas las cortaron cuando eran mucho más pequeñas que yo ahora.
En el pueblo se va a celebrar una ceremonia, seguro que mi tía ha llamado por eso.
Mis padres susurran en el cuarto, mi tía les ha dicho que me estoy haciendo mayor, que si no han pensado que no encontraré marido, que todas mis hermanas son puras, que la única que falta soy yo, que se hace tarde, que deben pensar en mi futuro.
En el cole me cuesta, no me entero de nada, no me concentro.
Qué se cree esta niña, que ella va a ser la única que se escape, dice mi hermana mayor. No para de meterse conmigo. Creo que lo hace por mi bien, para prepararme.
Yo no quiero ser cortada. Tengo miedo. Una niña murió cuando la cortaron, lo dijeron en la tele.
No debes tener miedo, todas hemos pasado por eso, ¿es que tú no quieres ser de esta familia?
Yo soy de esta familia, yo soy de esta familia, yo soy de esta familia.
Mis padres me quieren, por qué querrían hacerme daño. Una niña murió, en la tele dicen que no se debe cortar a las niñas, que está prohibido.
Es demasiado mayor para que la corten, si fuese más pequeña ni se enteraría, pero ahora..., dice mi hermana que ha dicho mi madre que ha dicho mi padre.
Creo que mis padres dudan.
Mira a la vecina, discuten mis hermanas mayores en susurros, ella es impura y se ha casado.
Y ha sido madre de 3 niños preciosos.
Mi tía dice que seré repudiada por todos los hombres, que no podré ser madre, que mis primos sentirán asco de mí, que no podré volver a visitarlos en el pueblo.
Las mujeres se vuelven locas o viciosas si no son cortadas, escuché que decía uno de mis hermanos.
En el cole miro a los chicos. ¿Es eso lo que quieren, que me corten?
Mi hermana se mofa de mi tía y las cosas que dice a mis padres. Es la hermana que me defiende.
Creo que mis padres dudan. Mi tía ha vuelto a llamar e insiste.
Mi hermano que está en España se ha enterado.
Qué le importa a mis padres lo que diga mi tía, ¿acaso ella nos ha dado algo alguna vez?, ¿acaso ella ha venido a vernos?, ¿acaso ella nos ha querido a los hijos?
En Europa no puedes cortar a tus hijas. En Europa vas a la cárcel.
Mi padre lo ha dejado todo en manos de mi madre. A él le parecerá bien lo que ella decida esta vez. Mi madre ha sonreído ante la dejación de mi padre, pero está de acuerdo: son cosas de mujeres, ella se ocupa.
Mi madre y mi tía –la hermana de mi padre—, las dos al teléfono…
Creo que ha sido peor que mi hermano hable a mis padres acerca de lo que hacen los blancos.
Cuántos días, semanas, meses, llevo pendiente, sufriendo con esto.
Mi madre me abraza, mi madre me besa, mi madre me quiere, yo la miro sin decir nada, cómo puede estar pensando en cortarme.
Mi hermana mayor ríe. Los blancos no son como nosotros. Nosotros somos diola y nuestra estirpe es de herreros, me confunde. 
Mi hermano manda dinero todas las semanas. Deberían hacerle caso. Rezo para que mi hermano amenace a mis padres con no enviar más dinero. Qué comeríamos.
Ni ser diolas ni proceder por apellido de una estirpe de herreros tiene nada que ver con que nos corten, dice mi hermana.
Otro de mis 5 hermanos se ha casado con una diankading. ¿Es mi cuñada una mujer impura? ¿Le importa a mi hermano? ¿Acaso le importa a alguien?
Mi padre se ha lavado las manos. Me ha fallado. Tenía que haberme defendido, él, que sabe de mi temor.
A las impuras las violan, dijo a mi padre el segundo de mis hermanos. Tiene miedo. La impureza es una vergüenza, le gustaría que las cosas se hicieran como deben hacerse y que todo siga en su sitio.
Lo que más me duele por dentro es el amor de mis padres, me confunde y me retuerce. He pensado que debo huir.
Mi tía solo se ha acordado de mí para llamar a mis padres y decirles que deben cortarme. Es lo único que le importa de mí.
Tengo hermanos que no dicen lo que les parece y se mantienen al margen. No creen que deban decir nada. Ni a favor ni en contra. No deciden. No quieren decidir. Deciden otros por ellos. Y les parece bien que así sea.
A muchos hombres ya no les importa eso.
Es un acto de amor, ¿es que no quieres a tu hija?, ha preguntado mi tía a mi madre. Una madre responsable no permite que su hija sea impura. ¿Acaso no quieres para ella lo que tus padres quisieron para ti?
Yo quiero ser una diankading, digo. Mis hermanas ríen. Ser una diankading es lo peor. Asco. Sus carcajadas recorren las estancias de la casa. Yo quiero ser impura, ríen, yo quiero ser impura, ríen, yo quiero ser impura, jajajaja. Luego se apiadan de mí. Comprenden mi miedo. Sienten el alivio de haber superado ya todo esto. En su caso, ya no hay vuelta atrás.
Qué cosas tengo, cómo se me ocurre decir que quiero ser una diankading. Eso no se quiere ser, se es cuando no se ha hecho lo debido.
Tal vez tengan razón. ¿Acaso quiero avergonzar a mi familia?
Pero dígame cómo, cómo, cómo, cómo una madre amorosa, una madre que vela por la salud de sus hijos, una madre inmensamente madre, una madre que me besa y llora al entregarme a mi tía para que me lleve al pueblo, doctor, dígame cómo ha permitido que me hagan esto.
Yo quiero a mi madre. Yo no puedo dejar de querer a mi madre.
Yo quiero a mi padre.
Yo quiero a mis hermanos y hermanas.
Los adoro. Y ellos me adoran a mí.

El presente cuento es un encargo de la asociación CoCai para el libro Hakawatis de hoy, que trata el tema de la violencia sobre las mujeres. Hoy, coincidiendo con el día contra la mutilación genital femenina, la periodista Lola Huete lo ha publicado en su blog, África no es un país, de El País digital.

MOOLAADE (2004), DE OUSMANE SEMBENE
En este enlace se puede ver íntegra y legalmente gratuita la obra maestra del padre del cine africano, Ousmane Sembene, Moolaade (2004), sobre la ablación del clítoris o mutilación genital femenina (MGF), un visionado muy recomendable.

jueves, 16 de enero de 2014

LA CASA DEL LIBRO NO HAY QUIEN LA RECONOZCA

 

La Casa del Libro no hay quien la reconozca. La burbuja del libro ha estallado en forma de basurización. El espacio que ocupaba la literatura se ha trufado de productos televisivos, famosos, etc. Es un camino de no retorno. No hay más que una razón, dinero. Quien vende, ocupa el espacio. La literatura ha perdido ahora el 50% del sitio de La Casa del Libro. Comparte el espacio con subproductos. Clásicos de la narrativa, escritores estupendos de hoy y la novelización merchandaising de un folletín televisivo pasan por ser lo mismo y las mesas no hay quien las reconozca. Conviven unos con otros como si no existiese la menor diferencia. Libro es libro, mano. Pero todavía puede ser peor: ¿el que gane la partida se quedará con el 100% del espacio? Por qué iban a dejar ahí libros extraordinarios que no se venden pudiendo poner más Belén Esteban... En EE.UU. no se lee ya otra cosa, las librerías de los aeropuertos tienen reservado su derecho de admisión y la literatura y el conocimiento no venden lo suficiente. Así que es de prever que aquí nos espere un futuro similar. ¿Los libros de literatura y conocimiento tendrán que encontrar un sitio fuera de las librerías?, (digamos que, al menos, fuera de la Casa del Libro…) Me gustaría conocer a las personas que han tomado esta decisión en las editoriales y en la Casa del Libro. Cómo será eso, ese momento, quitamos esto y ponemos aquello. Ese momento menos-ética-más-dinero y, problema, qué problema, cuál es el problema, no hay ningún problema. Ellos saben lo que están haciendo. Es eso o despedir gente. Es echar a los trabajadores a la calle o basurizar las librerías. Una de dos. Gran dilema. Ustedes verán. Solo vale un valor y no es el de la ética. Me gustaría conocerlos, hacerles una foto, que se expliquen, que quede para los anales este momento, ponerles cara y que se recuerde quién fue y por qué quien decidió este gran paso para la humanidad española. Aunque, más que yo (quién soy yo), quienes deberían decir algo son los escritores de literatura y conocimiento que aún atesoran algunas buenas cifras de ventas. Ellos son los que tienen algo que perder y los únicos que aún pueden resistirse a este cambio. Luego ya no. Pero, ya se sabe, no conviene alzar la voz, si alzas la voz pierdes la gracia y si pierdes la gracia pierdes a la clientela. Es complicado. Nada que reprocharles. Si yo alzo la voz aquí (con la boquita pequeña que tengo, por otro lado) es porque precisamente hace tiempo que descubrí que conservar la gracia para conseguir clientes es pan para hoy y hambre para mañana. Y qué libre se siente uno cuando no tiene que tener gracia. La antipatía nos hace libres, amigos. A veces creo que ser públicamente antipáticos nos permitiría conservar el sentido del humor "en la intimidad", que es donde importa; a mí me pasa. Pero me estoy desviando del tema. De lo que estaba hablando era de ese rictus festivo con el que muchos sonríen esperando convertirse en objetos de consumo, mientras, por detrás, al mismo tiempo, alguien les está introduciendo un par de deditos por el..., o tirándoles con fuerza de los…. Sí, ese rictus vendedor es divertido, mola; o no tiene maldita la gracia y es hasta patético pero es igual. No importa. Si además no hay nada que se pueda hacer. Si el dinero manda, esto es inevitable. Ya pasó con la cartelera del cine. Solo dos opciones: sonreír o mostrar cierta incomodidad en los bajos. El resultado va a ser el mismo. Así que, actitud, amigos. Esto de la crisis, dicen algunos, es cuestión de actitud. Ahí tienen a Boris Izaguirre, eso sí que es ponerse a favor de obra. Mi amigo el distribuidor que vive en el primero de esta casa afirma que lo del libro va estupendamente. Me dice: “Por fortuna, lo del libro es un no parar”. Pues gracias por la información. Y yo que lo vea.

martes, 17 de diciembre de 2013

UN PUTO ANUNCIO

 

Las apelaciones al orgullo patrio, con la que está cayendo, no pueden menos que resultar controvertidas. Claro, entonces va (y con razón) el que no puede pensar en otra cosa que en que aquí "no hay pan para tanto chorizo", y se indigna. Cómo mirar ese anuncio, tomárselo en serio y obviar ciertas miserias (pero eso ellos, quienes hacen el anuncio, lo saben, ¿no?, ¿acaso sea que les venga bien una ligera controversia para lo vírico de su difusión?, puede ser. Es decir, que el anuncio vendría a ser algo así como 'meter casquillo', provocar, al menos en el caso de aquellos que se tomen en serio su supuesto mensaje identitario).

La controversia proviene del humor, que alguno no sabrá si el spot tiene gracia porque es sano reírse de las propias miserias, o no la tiene porque en vez de alentarnos a reírnos de nosotros mismos (para desdramatizar y tal), en realidad hace sangre riéndose de nosotros.

En cualquier caso, como toda apelación al orgullo patrio (si es que de verdad lo fuera), sería un tanto tontorrona la cosa, paleta, por decirlo claro. Este vídeo visto y tomado en serio desde fuera debe de dar una risa... ¿Que estamos orgullosos de ser gritones y cerrar tarde los bares?, ¡hala! ¿Que como en España no se vive en ningún sitio, manque pierda y manque la crisis? Imagínense que hacen el mismo anuncio en otro país con sus "cosas", diciendo que son los mejores y que como allí en ningún lado.

¿Que España es el mejor país del mundo? ¿De verdad dice eso este anuncio? Si fuese así, me recordaría a esas abuelas que nunca han salido de su pueblo y te dicen eso de "pero verdad que como aquí no se vive en ningún lado, mi niño"; y tienes que responderle, "pues claro, abuela". Qué le vas a decir a la mujer si sabes que la pobre no ha ido más allá de la punta del muelle. El "mensaje" del anuncio, de ser en serio, se curaría fácil: viajando, ¿no?

Luego se entera uno de que tan solo el 5% del capital de Campofrío es capital español y acaba de entender el supuesto nacionalismo este, su coña.

Es que el mundo ya no es así. Ahora el mundo es más rápido, más ambiguo y más ligero de principios que todo eso. Los sentimientos nacionales identitarios los esgrimen unos pocos en su propio beneficio pero solo afectan y aglutinan a una masa informe de votantes-consumidores (no dirigentes) con nostalgia de una patria grande, fuerte y libre. La libertad, sin embargo, recorre otros derroteros. Y la nostalgia de que la patria siga siendo verdad tal vez sea solo eso: nostalgia. Una ilusión ideológica, poco que ver con la realidad.

De hecho, si atiende uno a lo que transmite el anuncio sin pensárselo mucho, ¿realmente viene a decir que somos los mejores? Sí, pero no tanto, tomándonoslo con mucha ironía, con ese humor que debe relativizarlo todo y que debiera hacer que, al final, no nos tomemos nada de esto en serio, es decir, que ni España ni leches, nada. Esto es solo un puto anuncio (de Campofrío).


Al final, como debe ser en este mundo nuestro, la marca es más importante que la patria. España queda ahí, detrás, como mera excusa, y se erige lo que importa.


Lo realmente interesante del anuncio es, por tanto, observar cómo temas como lo nacional, lo patrio, la identidad, ya prácticamente carecen de importancia. Hace unos años no se hubiesen arriesgado a recibir críticas, a ofender a alguien, etc. Ahora interesa (por lo vírico). Y resulta hasta pedagógico este anuncio. Quienes hoy aún se toman en serio el tema patrio ya están tardando en acostumbrarse. No sean pesados. Ni con la patria ni contra la patria. Campofrío.

Campofrío campofrío campofrío, campofrío, campofrío, anuncio y campofrío...
 

domingo, 17 de noviembre de 2013

POR EL HADJI AMADOU NDOYE, EN HOMENAJE


El Hadji Amadou Ndoye

El homenaje a Ndoye fue, oiga, qué fue ese homenaje, un cúmulo de emociones gratas, hubo estudiantes, escritores y senegaleses entre el público, un tipo cantó al hundimiento del Diola en las costas de Senegal y aquello era para que a uno se le pusieran los pelos como escarpias de la emoción, por la belleza y la emoción del cantante y porque uno es ya un poco diola –el barco se llamaba como la etnia— y recordé a una señora que vino a visitarnos en Cansamance, una mujer menuda y disminuida por la depresión y la miseria tras la pérdida de sus hijos en aquel hundimiento, recordé su jersey, vestía un jersey viejo lleno de agujeros que no podré olvidar jamás, porque lo decía todo. Sin orden ni concierto lo diré pero hubo una actuación músico literaria del novelista negro –perdón, negrero; perdón, de novela negra— Pepe Correa que bolereó con humor y voz melodiosa, y tremenda sorpresa el repentino repentista Yeray, tío, qué vozarrón y qué arte; estuvo dirty Ravelo y Emilio González Déniz se pegó un cuento sobre emigración que arrancó las carcajadas del público; y a mí me gustó mucho el cantante senegalés que cantó al final, doble él del siempre amable Santiago Gil, pero en delicado y con tremendo talento para una música cada vez menos extraña…; al que tocaba el instrumento raro de las cuerdas lo reconocí, digo reconocí que debía de ser hermano de un bailarín senegalés que anda por Madrid y es amigo de un cuñado que tengo en Suiza y alguna vez ha venido a casa a tomar el té (el bailarín, mi cuñado también, eso y más), y le pregunté y en efecto, no había pérdida, los hermanos son igualitos. ¿Y a quién me dejo para el último aunque jerarquizando porque aunque no lo parezca…? Ah, coño, no he dicho nada de las rancheras o arrancheradas cosas de Víctor Ramírez (bolero, repentismo, rancheras, paisanos, viejos amigos: Amadou hubiese estado encantado). No, no, y Armas Marcelo, que fue quien lo quiso todo, hubo de decir verdades cariñosas y me gustó mucho, pero mucho, que en sus palabras no cupiera la menor ñoñería respecto de África y los africanos, que yo ese padecer no lo hube nunca tampoco y ah no, a la gente hay que tratarla bien y la condescendencia es todo lo contrario. El recuerdo del profesor Ndoye, una fiesta.

Los músicos: Cheikhou Sarra, John Naya Band y los Hermanos Thiounes.

Organizadores: Estos canariones sí que saben hacer las cosas. Organizaron Osvaldo Rodríguez por la Cátedra Vargas Llosa, Yeray Rodríguez y Pepe Correa por la universidad, con la asistencia de Luc André Diouf Dioh. Coordinó una mesa una mujer sin ojos, Ángeles Mateo del Pino.

domingo, 3 de noviembre de 2013

REVOLUCIÓN (DE TROLLS)

y una recomendación cinematográfica


Pienso con tristeza: He hecho para ti el mejor mundo que sabía hacer, y no puedo hacer otro, palomita.
Rafael Chirbes
Crematorio

 Si algo hemos podido comprobar en España es que la gran mayoría de los españoles somos demócratas. Quién quiere revolución, lo que se quiere es que los responsables metan mano a los problemas, hagan caso a sus votantes, resuelvan lo que de este capitalismo salvaje le está haciendo daño al común. Que nos hagan caso, que no nos pierdan de vista. Que nos respeten. El espíritu revolucionario está siendo cosa de trolls; acosadores, cobardes, reactivos; trolls “sillón-púlpito”. La buena noticia es que la gente de este país asalta el congreso con la clara idea de no asaltarlo. La buena noticia es que la gente es demócrata y no se deja arrastrar por la tentación de propiciar un cambio radical sangriento para quitar a los gobernantes y poderosos actuales y cambiarlos por otros (un quítate tú que me pongo yo pasado por las armas) que serían más violentos, más autoritarios, menos demócratas, a resultas de la propia revolución.
A esta gente española no la están cortando con ese vaso de cartón.

Izquierdas y derechas morales que respetan las instituciones lo suficiente como para criticarlas ferozmente ahora que quienes las regentan se han mostrado tan incapaces; izquierdas y derechas morales que buscan en la Justicia la solución, aun desconfiando de una Justicia con demasiadas continuas sombras. Anticapitalismo responsable que no pretende la improbable abolición del capital y los poderosos, sino una convivencia reglada, justa, aboliendo solo lo injusto, lo desregulado, lo que hace daño a la gran mayoría.
Aumenta el resentimiento social en España, pero no tanto; es un resentimiento cabal, ponderado, en absoluto irracional, acorde con la brecha de desigualdad que se ha abierto –ni más, ni menos—, indignado pero respetuoso, que comprende la ventaja económica de quienes ostentan preponderancia financiera y se alarma solo ante lo injusto de que quien ostenta esa preponderancia la aproveche para acrecentarla a costa de los demás, haciéndonos un daño irreparable, arrojándonos a la miseria.
“¿Principios? ¿Principios?”, grita con asco el millonario protagonista de Después de la boda, película danesa dirigida por Susanne Bier, y lo hace ante la negativa del maître de un restaurante a servirle una nueva botella alcohólica, porque ya está borracho y es norma de la casa no seguir sirviendo alcohol a quien lo está: “¿¡Principios!?”, grita asqueado, “¡En la vida no hace falta principios, sino convicción para romper todos los principios que haga falta!”, y le da una patada a la mesa.
La presente crisis lo es entre 2 tipos de personas: mucha gente apocada y de principios (bien de izquierdas, bien de derechas), y una pequeña minoría que ha demostrado toda la convicción para romperlos todos en su propio beneficio (también –last but not least, not always— beneficiando en el trance a otros muchos, construyendo). Y pareciera que esta ciudadanía respeta esa “convicción”, aunque no la comparta ni sepa practicarla; respeta incluso los privilegios adquiridos mediante esa pujante convicción, pero denuncia allí donde esa pujanza se muestra ilegal y nociva para el común.
Después de la boda es un documento fílmico que puede resultar esclarecedor, les recomiendo asistir a esta nada maniquea confrontación de precisamente esos dos caracteres, un magnate de la construcción y un hombre que trabaja por los niños de la calle en India.

viernes, 6 de septiembre de 2013

MEJOR HACERLO MEJOR


Uno se hace preguntas. Se trata de mejorar. Mejorar uno, mejorar el entorno, y así. Suelo visitar algunas librerías de Canarias. No todas son iguales, evidentemente. Aunque, todas, eso sí, cuentan con una sección de libros de autores canarios, o de editoriales Canarias, o editados en Canarias. No tengo duda de la pertinencia de esa sección. Existe quien se ofusca con su existencia. Gueto, dicen. Y no me extraña. Pero yo no, la verdad. Al contrario, que las librerías dediquen un espacio a la “industria” propia o al libro de los autores del lugar me parece una deferencia que es de agradecer, un privilegio para esas editoriales y para esos autores (ni una humillación ni un menosprecio), al fin y al cabo, podría no ser así en absoluto. Más que un gueto en el que claudicar diría que es una oportunidad. Además, estoy seguro de que sucede en todos lados, seguro que los autores de Ohio obtienen un privilegio similar en Ohio, lo mismo que los autores españoles lo obtienen en las librerías españolas y los canarios en las de Canarias. En fin.

Pero hay que hacerse preguntas. Se trata de mejorar. A menudo visito esas librerías; la sección del libro canario, del libro de Canarias, de la literatura canaria. En esta última década, las islas Canarias parecen haberse convertido, definitivamente, en el sitio de los libros malos mal editados, a tenor de lo que se encuentra uno en esa sección (pueden ir y comprobarlo): esto es, libros que no merece la pena leer, y, además, en demasiados casos, editados de un modo que clama la falta de pericia. Sin embargo, en Canarias también se editan libros buenos, en Canarias se editan incluso libros buenos en ediciones bien hechas. Hay incluso algunos de estos libros que, posiblemente, no deberían faltar nunca en una librería de Canarias.
Es de suponer que los libreros canarios querrán vender (también lo que disponen en esa sección). Por eso, llama la atención que dispongan ahí tantos libros malos mal editados. La mejor estrategia de venta sería situar ahí el mejor género posible (libros buenos; a ser posible, libros buenos bien editados). Se echa en falta que prestigien la sección. Parece que sería importante que el lector, el posible cliente, con un simple vistazo, se viera impelido a continuar visitando ese rincón de la librería. Si solo ve libros malos mal editados se irá a la sección donde observe que hay libros buenos bien editados. El de librero es un oficio prescriptor. Por qué tener libros malos mal editados en los anaqueles, si hay libros buenos, incluso libros buenos bien editados, que ofrecer a los lectores. Por qué ha de ser Canarias el sitio donde los libros malos mal editados sepulten a los libros buenos bien editados hasta el punto de que todo dé igual. ¿Hay en Canarias un consumidor de libros malos mal editados, un tipo de lector que adquiere un libro malo mal editado, lo lee y, satisfecho, vuelve por otro? Todo es posible, pero, ¿no será al contrario?

Luego, si habla uno con algún librero comprende que, desgraciadamente, no, difícilmente será esto algo que veamos cambiar para mejor en las librerías de Canarias; porque, según parece, el “negocio” de esa sección no requiere del prestigio de la sección, ni siquiera depende de que se ofrezcan ahí los mejores libros mejor editados de las islas. Los lectores, los buenos lectores (los lectores de 1 o 2 libros a la semana), son tan pocos, dice el librero, que no puede dedicar su librería solo a estos. Las librerías no se dedican a los buenos lectores, sino a los compradores de libros; los buenos lectores son escasos y el librero debe atender a esa persona que entra un día cualquiera buscando lo publicado por un vecino, por muy mal escrito y editado que se encuentre. Y cómo podría el librero decir que no le coge un libro a ese señor que llega con unas coplas sobre la virgen, que se ha auto editado. Además, hasta puede que venda más el libro de coplas sobre la virgen –por muy mal editado que esté y por muy ripiosos que sean los versos—, que un libro bueno y bien editado de otro autor de las islas. Dinero es dinero, independientemente de cual sea el libro que lo traiga, y qué más da vender 2 ejemplares de una cosa o de otra, si además es que no van a ser más de 2. Así que acaba uno comprendiendo que las librerías canarias con sección de libros canarios atiborrada de libros malos mal editados están a vivir de los amigos y familiares de los autores, que son quienes finalmente compran los 2 ejemplares del libro malo mal editado que el librero coloca en esa sección –lástima que no exista una sección de libros malos mal editados, por ejemplo, donde poner ese tipo de libros—, y entonces es cuando uno cambia de opinión sobre la pertinencia de la existencia de una sección de libros canarios. Para esto, ojalá desaparecieran.

Total y en resumidas cuentas, que nuestros libros, por favor, por favor, ojalá, por favor, los pongan en la sección de libros buenos bien editados (En caso de que lo sean y lo estén).