viernes, 18 de julio de 2014

JULIO TOCA A SU FIN Y VIENE UN AGOSTO DE DESAPEGO Y LECTURAS


Así que dispongo aquí lo que he publicado en esta primera parte de 2014 y se encuentra accesible en la red, por si acaso una posible "repesca" que, como en el último plano de Cookie's Fortune, la película de Robert Altman, no sé yo si sería la "repesca" de alguno de ustedes o la mía.

En la revista Fronterad, Los negros. Esto es Madrid, un relato sobre la persecución de la policía española a los africanos para su expulsión del país.

En El País digital, Mis padres, susurran, un relato sobre la mutilación genital femenina en el África del oeste.

Siguiendo con temas africanos, un trabajo sobre el profesor de español senegalés El Hadji Amadou Ndoye, conferencia homenaje tras su prematura desaparición. Sr. Profesor El Hadji Amadou Ndoye, publicado en Fronterad.

Una reseña de cine de la que ha sido posiblemente el acontecimiento cinematográfico de los últimos tiempos, La gran belleza, de Sorrentino. La gran belleza, el truco, en El Apurón y El Cotidiano.

Las reseñas de libros han aparecido en la revista digital Microrevista: Paraísos, de Iosi Havilio. Y en la revista OtroLunes: Memorias de Andrés Chiliquinga, de Carlos Arcos Cabrera; Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné; y La mala luz, de Carlos Castán.

También en OtroLunes, otro cuento, este de humor, en homenaje al Walter Mitty de James Thurber: El Sr. Hispa waltermitea.

También he escrito y publicado algunas crónicas al hilo de la actualidad: cuando se enconó el debate por la ley del aborto que pretende Gallardón, Libertades vs libertades; cuando destituyeron fulminantemente a Pedro J. Ramírez de la dirección del periódico El Mundo, Aquí no ha pasado nada; cuando Jordi Évole nos la pegó a muchos con un documental que falseaba la realidad del golpe de Estado del 23 F, Las mentiras de la verdad; cuando 15 inmigrantes africanos murieron ahogados en la frontera de Ceuta, Gurugú que te vi; cuando se cumplió 10 años de los atentados de Atocha, Nuestra impotencia. 10 años; cuando a Madrid se acercaban las marchas de la dignidad desde distintos puntos de España para protestar por las políticas del Gobierno, Otra de zombis; cuando el Gobierno y algunos medios se empeñaron en vendernos la recuperación económica, La recuperación con estoque. Vamos bien, pero a peor; ante el asombro que nos debe producir a todos que la corrupción del PP no haya tenido consecuencias políticas, Cómo es posible que Mariano Rajoy siga siendo el presidente del gobierno.

Hay por ahí 2 recopilaciones de Fragmentos encontrados (este en LaPalmaAhora, de Diario.es) con una serie de reflexiones: sobre mi reticencia a hacerme fotos, El foterío; sobre la fea costumbre de los medios de comunicación de no pagar las colaboraciones de los escritores, Fabulilla inocente; sobre la torpeza (o no) de los libreros de Canarias al gestionar la sección de libros patrios, Mejor hacerlo mejor; sobre la deriva comercial de la Casa del Libro, La Casa del Libro no hay quien la reconozca, o aquí, en El Cotidiano, el otro Fragmentos encontrados, junto a un texto sobre lo conflictivo de publicar en Canarias. 
 
Finalmente, se me puede ver leyendo un poema del poeta venezolano Ramos Sucre en este homenaje que le realiza la revista de poesía Poemad.

Espero que alguien encuentre algo que le interese. Y les deseo a todos un feliz verano.
   
 
 

sábado, 21 de junio de 2014

LA 'RECUPERACIÓN' CON ESTOQUE. VAMOS BIEN PERO A PEOR


Nos dicen por un lado que ya salimos de la crisis, que hemos visto la luz al final del túnel, y por otro que hay que hacer una nueva tanda de reformas o una nueva reforma laboral o una nueva subida del IVA o más recortes. Escuchamos y no entendemos, vamos bien pero a peor. La troika dice que ya salimos y al mismo tiempo que debemos hacer más en la línea que sentimos que nos hace daño. “Salir de la crisis” (la “recuperación económica”) y un mayor sufrimiento para trabajadores y parados y la ciudadanía en general –enfermos, dependientes, jubilados con demasiada carga familiar, infancia con problemas de nutrición–, parece ir perfectamente aparejado. ¿Salimos o entramos? ¿Vamos o venimos?
Busquemos algo de luz, leamos a Noam Chomsky.

Chomsky es un lingüista y activista político estadounidense de enorme prestigio en todo el mundo. Para empezar encontramos que Noam Chomsky se declara anarcosindicalista (a la manera que el anarcosindicalismo se da en EE.UU.), y también, y creo que es lo relevante en este caso, un “liberal clásico”. En El beneficio es lo que cuenta (Neoliberalismo y orden global), libro publicado antes de la actual crisis financiera, en 1999, comienza definiendo “neoliberalismo”: “el sistema doctrinal también se conoce como Consenso de Washington” y añade que sus “supuestos básicos están lejos de ser los que animaban la tradición liberal desde la ilustración”.

Por otro lado, Chomsky está con Gerald Haines cuando éste dice: “A continuación de la Segunda Guerra Mundial, por propio interés, Estados Unidos asumió la responsabilidad de velar por el sistema del mundo capitalista”. Tal vez, a estas alturas, esto sea ya una obviedad para todos nosotros: hemos vivido la guerra fría y su final, sabemos cómo Washington intervino para derrocar a Allende en Chile o al gobierno democrático de Guatemala, y hemos observado también cómo viene interviniendo militarmente donde hay petróleo y gas. Para los estadounidenses se trata, básicamente, de defender sus intereses económicos. En “documentos secretos” desvelados por Chomsky en este libro, puede leerse que los regímenes nacionalistas que amenazan la “estabilidad” son calificados  de “manzanas podridas”, “virus” que podría “infectar” a otros, etc. Pero, para explicar el origen de las ideas que animan hoy al consenso de Washington –el neoliberalismo—, Chomsky se remonta a un primer experimento económico llevado a cabo “hace 200 años, cuando las autoridades británicas de la India instituyeron el Permanent Settlement (Asentamiento Permanente) que iba a reportar maravillas”.

Dice Chomsky que aquella fue la primera “mala idea” económica. Las malas ideas son buenas para unos pocos, que obtienen extraordinarios beneficios, y pésimas para la gran mayoría, que se ven súbitamente empobrecidos. Llegado este punto, podemos comenzar a relacionar lo explicitado por Chomsky y nuestra situación actual en España tras 7 años del estallido de la crisis financiera y 3 de reformas y austeridad para salir de esta. En el caso del Permanent Settlement, el resultado “extraordinario” fue analizado unas décadas después por una comisión independiente, para comprobar que “los huesos de los tejedores de algodón blanqueaban las llanuras de la India”. El empobrecimiento fue brutal. Aun así, el Gobernador General Británico observó que el Permanent Settlement –y dijo estas palabras que cita Chomsky en su libro— “aun siendo un fracaso en otros muchos aspectos y en los más fundamentales, tiene la gran ventaja de, por lo menos, haber creado un grupo de ricos propietarios de tierras profundamente interesados en la permanencia del dominio británico y que disponen de absoluta autoridad sobre las masas de la población”.

Chomsky añade otras “ventajas” de esta mala idea económica: que “los inversores británicos ganaron inmensas fortunas” y que “India financiaba el 40% del déficit comercial británico”.

Este es un patrón que podemos observar también en la España actual: enriquecidos los contados ricos del lugar, enriquecidas otro tanto algunas fuerzas financieras foráneas, empobrecida el conjunto de la población.

Siguiendo con algunos ejemplos de “malas ideas” que son muy buenas para quienes las implantan, Chomsky recuerda cómo el Consenso de Washington se ocupó de uno de los países más ricos del mundo, Brasil: “En 1989, Haines califica la política de norteamericanización de Brasil” de “sumamente exitosa”, “una auténtica historia de éxito a la americana”. Mientras a ojos del mundo financiero los beneficios se multiplicaron por 3 en solo un año, “los salarios industriales, ya entre los más bajos del mundo, disminuían otro 20%”. Y “en el informe sobre desarrollo humano de la ONU, Brasil se sitúa a la par que Albania”.

En las últimas décadas ha habido alguna novedad interesante en el terreno de la evolución del neoliberalismo en el mundo y de la implantación de malas ideas económicas, como, por ejemplo, que se han empezado a implantar también en casa, esto es, en Estados Unidos. De la actual crisis han “salido” con una clase trabajadora empobrecida y con salarios mucho más bajos que antes, y sin embargo las élites financieras se han enriquecido notablemente. 

Aunque les he mencionado, muy por encima, una serie de ideas e informaciones recogidas en apenas las 10 primeras páginas del libro de Chomsky, creo que ya podemos alumbrar algún tipo de sospecha sobre nuestro presente, así que recapitulemos: tras la caída de Lehman Brothers en EE.UU., el tsunami económico alcanzó a España, país en el que derriba una importante burbuja inmobiliaria (a un buen número de entidades bancarias mal gestionadas –en algunos casos, criminalmente gestionadas—, a unas arcas públicas dependientes en gran medida de los estupendos ingresos derivados de la burbuja inmobiliaria, y un larguísimo etcétera). En esa situación de extrema debilidad, con todas las instituciones económicas mundiales (lo que la prensa ha dado en llamar el “gobierno mundial en la sombra”, instituciones económicas dominadas por EE.UU. en buena medida, entre ellas al menos, de forma directa, una parte de la troika) señalando que España debía realizar fuertes “reformas estructurales” en su economía, es finalmente Obama quien llama personalmente al presidente español, Rodríguez Zapatero, para doblegar su brazo.

Zapatero acudió al Congreso, escenificó su frustración y fracaso y anunció que iniciaba los recortes solicitados, así como que se aplicaría a ello con la misma convicción que cuando aplicaba medidas acordes con sus ideas. Juntos Zapatero y Rajoy reformaron la Constitución para satisfacer a los acreedores del país. Rajoy ganó las siguientes elecciones generales, por mayoría absoluta, mintiendo a su electorado sobre la verdadera naturaleza de la política económica que llevaría a cabo, negando que ‘tocaría’ la sanidad y la educación, afirmando que recuperaría el empleo inmediatamente, y sin embargo se aplicó desde el primer día a convertirse en el mejor servidor de esas instituciones económicas mundiales, para pasar por el mejor presidente tecnócrata que pudieran encontrar. Los mercados, al observar la debilidad de España, apostaron en contra del país hasta subir su prima de riesgo a cotas insoportables, algo que les resultó extremadamente rentable y que supuso una sangría para el país. Supuestamente, no existía otra alternativa, y si hubiese existido, supuestamente también, Rajoy la hubiese tomado, sin embargo es muy elocuente el resultado de sus políticas; quiénes se han enriquecido y quiénes han padecido lo peor de la crisis. Pese a que uno de los mayores dramas es el desempleo, no ha adoptado medidas de estímulo. El daño está hecho a conciencia.

A día de hoy (mediados de 2014) es evidente que la crisis financiera está siendo muy rentable para especuladores financieros internacionales (a los que el Gobierno vende entidades bancarias nacionalizadas); y también está siendo rentable para las élites económicas del país. Las familias son desahuciadas. Y, sin embargo, el Gobierno ha creado una mala idea, un “banco malo”, para quitar de los balances de las entidades financieras los inmuebles que resultaban tóxicos y que la nueva entidad pueda venderlos, por ejemplo, a “fondos buitre”. Mientras la gente es desahuciada, uno de los hijos del ex presidente Aznar se encuentra en el negocio. Como sucediera en la India, el reparto de beneficiados y damnificados está claro, bien para élites nacionales e internacionales, mal para el conjunto de los ciudadanos.

Parece claro, pues, que si nos encontramos en medio de una de esas malas ideas que son tan buenas, lo que el Gobierno anuncia como recuperación no lo será para todo el mundo. Al conjunto de la ciudadanía, desde el principio de la crisis, solo le ha quedado una alternativa, el pataleo, la protesta, la lucha, la denuncia en los tribunales, la violencia en las calles, la denuncia en los medios de comunicación que han estado dispuestos a hacerlo, y si no en las redes sociales y foros de internet. La dicotomía de la ciudadanía ha sido y sigue siendo:

Nos pisan.

Bueno, si nos pisan y duele podemos hacer 2 cosas: quejarnos, o no quejarnos.

Si no nos quejamos, aprietan más.

Si, a pesar de que nos aprietan más, no nos quejamos o nos quejamos poco, apretarán más.

Venga, entonces nos quejaremos en condiciones…

Pero, vaya, descubrimos que aun así, aprietan más, y nos reprimen por la fuerza.

Tal vez si nos quejáramos mucho, pero mucho muchísimo, hasta un extremo que les resulte insoportable, apretarían un poco menos.    

Protestar es indispensable, que muchos lo hagan es lo más sano, si los que lo hacen no lo hicieran, estaríamos peor. Por desgracia, no parece que “nuestras” élites económicas estén dispuestas a dejar de incurrir en injusticias… mientras sigan ganando... Pueden seguir así hasta que la situación no les sea rentable, o les sea más rentable cambiar el ciclo. “El beneficio es lo que cuenta”.

jueves, 12 de junio de 2014

MI HOMILÍA DE ESTA MAÑANA

Es posible que al público le guste pensar que los escritores y las escritoras son personas de éxito, al fin y al cabo, los escritores y las escritoras siguen siendo personalidades o personajes públicos, aparecen en medios de comunicación, son entrevistados, participan en programas de radio y, alguna vez, en televisión, y reciben premios de mano de personalidades ilustres... como futuros monarcas y un largo etcétera. Los escritores solemos preferir alimentar esa percepción, si les dijéramos que no, seguramente perderíamos lectores. Es complicado. Permitirnos hablar de nuestras miserias colectivas, tal vez, nos produzca un perjuicio particular, lastrando nuestra propia “carrera”. Yo eso no lo dudo. No obstante, debido entre otras cosas a esto, a esa necesidad de vender éxito (que no es consustancial solo a los escritores, sino a cada uno de los individuos de las sociedades de hoy) la situación general y particular se agrava. Sálvese quien pueda, claro. No hay otra que el individualismo. Es de suponer que se trata del modo en que hemos llegado a la “autoexplotación”. Para allá dice el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han que va la sociedad: cada vez más, nos autoexplotamos. Y en esto hay que decir que el escritor y la escritora se encuentran a la cabeza, somos la avanzadilla, abrimos camino, mostramos cómo es eso de autoexplotarse al resto de la sociedad. Somos personas de éxito que venden éxito a unos clientes que, mayoritariamente, no están dispuestos a estimar a nadie que no obtenga un éxito que se refleje en su economía. Por supuesto, apechugamos con ello haciendo gala de nuestra espléndida gallardía atesorada sobre las penurias de esos grandes escritores que han sido en tiempos en los que aún existía Dios y, por tanto, no era el dinero, como ahora, el gran valor que tener en cuenta. Mientras tanto, nos autoexplotamos como nadie nunca lo ha hecho: cada vez más escritores se autoeditan o pagan a editoriales para que les editen; seguimos recibiendo un miserable 10% de las ventas de nuestros libros, en un tiempo en el que además, por múltiples razones, las ventas de cada libro han descendido dramáticamente para todos; colaboramos en infinidad de medios de comunicación, empresas que buscan una rentabilidad, sin cobrar, entre otras cosas porque a la gran mayoría de nosotros rara vez nos dejan otra opción, salvo la total invisibilidad, que tampoco es plan (sí, ríanse ustedes de las propuestas de la CEOE del tipo "pagar por acceder a un puesto de trabajo"); y aún observamos todos los días cómo muchos escritores salen de gira por todo el país con su nuevo libro –autobús o tren o avión o coche propio; hotel, comidas…, cuando todos sabemos que las editoriales que les publican difícilmente les cubrirán los gastos, y que la mayoría de las instituciones o librerías que los programan, tampoco—. Si Byung-Chul Han está en lo cierto y la autoexplotación es el signo de los nuevos tiempos, miren a los escritores. Nosotros ya estamos allí. Y encantados de la vida. Aun los que decimos "no" con cada vez mayor frecuencia, no dudamos en dedicar una hora, como yo esta mañana, a escribir esto (o cualquier otra cosa), antes de ponernos con la novela.

domingo, 8 de junio de 2014

CÓMO ES POSIBLE QUE MARIANO RAJOY SIGA SIENDO EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO




Rajoy es un Presidente del Gobierno que, como poco, ha dirigido un partido político, el PP, a lo largo de una década en la que dicho partido no dejó de acumular dinero negro, presuntamente de donaciones ilegales realizadas por constructores y grandes empresas a cambio de concesiones (dinero público), y una gran parte de ese dinero público ennegrecido acabó en cuentas en paraísos fiscales de personas concretas, además de financiar al partido –sobresueldos, obras en sedes, mítines, pagos a prensa, regalos caros…—, y la única explicación de eso, que es gravísimo, que yo le he escuchado a ese Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue un escueto (con la boca pequeña, además con voz tímida, baja y balbuceante): “Ahí unos… dirigíamos el partido y otros… hicieron lo que hicieron”.

(No es literal, hablo de memoria, pero teniendo en cuenta lo poco que sirve ahora la verdad, qué más da, ¿no?)

Y a pesar de ello, Rajoy sigue siendo el Presidente del Gobierno y, a día de hoy, como si hubiésemos olvidado todo eso –lo mencionado de lo ocurrido y más que hay y más que sigue apareciendo—, ni siquiera parece que se cuestione que deba seguir siéndolo; al contrario, liderará al partido durante las próximas elecciones Europeas y se presentará a las próximas elecciones Generales y, quién sabe, tal vez las gane y siga presidiéndonos. Ni en los peores sueños de un ciudadano consciente de los problemas del país podría colarse semejante pesadilla de situación política: observamos atónitos la corrupción del partido que gobierna y aún no sabemos si el Gobierno continúa ahí –como si nada— porque a pesar de todo es lo legítimo, porque la impunidad política en este país alcanza cotas inconmensurables y no importa, o porque el espectáculo es tal que queremos que continúe.
La oposición, encabezada por los del Psoe, ya ha demostrado de sobra que no está interesada en obligar a Rajoy y a su partido a asumir la menor responsabilidad política por Bárcenas, Gürtel y demás dineros (sustraídos a la arcas del Estado), entre otras cosas porque no le conviene atacar de muerte al bipartidismo, que luego, se supone, le toca el turno a ellos –y, por cierto, bien pensado, mejor que Rajoy haga el trabajo sucio de los recortes que ya si eso luego… ya…–: cinismo puro y duro.
La estabilidad es muy bonita, deberíamos estar agradecidos al bipartidismo. Ellos quebraron el país haciendo lo que han hecho y permitiendo lo que han permitido –deuda privada descomunal que con la crisis financiera e inmobiliaria han convertido en pública, quebrando el país y obligando a tamaños recortes sociales— y ellos mismos gestionan la “recuperación”, nos enseñan la luz al final de túnel cuando aún no somos capaces de verla, y apechugan con el mal rollo que nos han generado (a ver si vamos a creernos que les gusta mandar a los antidisturbios a reventar manifestaciones pacíficas y velar por la seguridad nuestra y del Estado de Derecho, claro que no).
Era mucho mejor cuando los suyos capitaneaban las cajas de ahorros ahora quebradas, entre ellas CajaMadrid –muchas de ellas concurrieron en Bankia, que es la que finalmente ha puesto de rodillas al país, esto es, al pie de los caballos de la Troika—. Ese partido político, por cierto, el que lideraba esa caja de ahorros que salió a bolsa ocultando su situación y acabó por darle la puntilla a la economía española, es también el partido del Presidente, el mismo partido y conducido por él en ese tiempo, cuando desde esa caja liderada por su partido se estaban perpetrando estafas como las de las preferentes; pero no importa, la responsabilidad queda convenientemente repartida entre el ramillete de partidos y sindicatos que tenían algún voto ahí dentro y, al fin y al cabo, el Psoe gobernaba el país cuando el Banco de España no supervisó esa y otras cajas con el suficiente celo; aunque los dineros, todo hay que decirlo, en quienes se invirtió legal e ilegalmente hasta el despilfarro fue en los primeros. Y qué Comunidad Autónoma mintió sobre su déficit hasta un extremo tal que resultaba que era de las menos endeudadas mientras resultó estar entre las que más: la de Madrid de Esperanza Aguirre. A qué partido pertenecen los políticos que se van destapando con cuentas en Suiza: al PP. Qué partido es el responsable de la liberalización de las radiales que ha resultado un pufo para el país de proporciones extraordinarias, el PP. Quién concedía los dineros públicos que debían servir para cursos de formación en Madrid que ni siquiera se realizaron, el PP. Y no es por exonerar al Psoe, que tiene los ERE de Andalucía, cuya implicación en los cursos de formación estafados en Andalucía apenas ha empezado a apuntarse en estas fechas, y que bastante culpa porta en todo lo que ha pasado al ser el partido que ha gobernado con-contra el PP a lo largo de 3 décadas: partido políticos, el Psoe, cómplice total de la burbuja inmobiliaria, que encima negó la crisis y no la afrontó permitiendo que se agravara, mostrando una incapacidad de gobierno que rayó la cobardía. El PP de Rajoy, cuando Rajoy era líder de la oposición y máxima figura del partido, pagó las obras de su sede de Génova con dinero negro que era dinero público que acabó en paraísos fiscales. La Gürtel es una trama que convierte dinero público en dinero del PP (y de unos pocos que se enriquecen colocando sus fortunas en paraísos fiscales). No producían nada, extraían, de las arcas de todos y para su uso y disfrute colectivo e individual. Y quiénes utilizaban la mafia china para evadir dinero a paraísos fiscales, ¿eran esos malditos rojos?
Parece que hay muestras más que evidentes de que en España existe una casta de extractores de riqueza del país, egoísta, insolidaria y delincuente; es una casta ensoberbecida, maleducada, que se cree por encima de todos nosotros. Ni siquiera es una cuestión ideológica. Es por soberbia, es por casta. El Presidente Rajoy se ha encontrado y se encuentra a la cabeza de esa casta, viviendo en ella, de ella. Es inconcebible que continúe ahí. Pero (hay un pero maravilloso) en el inconsciente colectivo parece que cuaja la intuición de que esta purga mediática y judicial, esta limpia del país que tan nauseabunda e hipnótica nos resulta, se está produciendo durante su mandato, no contra sus intereses y los intereses de su partido, sino, más bien, porque él lo quiere. Por lo visto, mientras se siga publicando, investigando y enjuiciando a los responsables del PP, mejor que siga Rajoy. Más, mientras Rajoy garantice una cierta recuperación macroeconómica del país, mejor la estabilidad que esa recuperación macroeconómica proporciona que la inestabilidad de que Rajoy caiga. La economía, primero; no es de extrañar, el dinero es nuestro valor principal. Y los de los dineros del país –Bancos y empresas del IBEX y Monarquía—, que son los que realmente podrían pedir la cabeza de Rajoy, no nosotros, han estado ahí junto a PP y Psoe todos estos años, antes en las maduras de la corrupción, y ahora en las duras de los ajustes. Y aun me olvidaba de la Troika y de quien llamó a Zapatero para que finalmente doblegara su brazo e iniciara los recortes: Obama. Rajoy ha trabajado tan bien para ellos.

OTRA DE ZOMBIS

Las Marchas de la dignidad, miles de personas caminando en columnas procedentes de los distintos puntos de España para pedir soluciones de emergencia social, se dirigen a Madrid

 
Que nuestros votos ya no son un poder suficiente. Que nuestro consumo –nos dijeron que nos hacía soberanos, nos aseguraron que quien paga manda y quienes pagábamos éramos nosotros y ninguna empresa podía sobrevivir sin nuestro beneplácito consumidor— adolece de pegada. Si habíamos dicho que debíamos hacer todo lo posible para que los más rápidos de la sociedad avanzaran lo más rápido posible, pero sin dejar atrás (abandonados a su suerte) a quienes no pudieran, no quisieran o no debieran correr tanto, la crisis financiera nos ha mostrado hasta qué punto esto no era ni será así. Aquí el que no corre, vuela. Para eso es para lo que estamos, y no para cubrir a los que se paran; esto es a los parados, a los insumisos, a los orillados, a los enfermos, a los cansados, a los incapaces, a los impedidos, a los errados... La política, que se suponía nos proveía de unas reglas claras del juego para que ni los unos pocos se pasaran ni los otros muchos se quedaran atrás, nos ha demostrado día tras día que está ahí para gestionar sibilinamente el modo en que los unos pocos se puedan pasar con los otros  muchos sin que estos muchos puedan hacer gran cosa. (El cinismo reinante reza que los unos pocos se pasan con los otros muchos por el bien de los otros muchos. Ya ven qué bien. Y los otros muchos han de creérselo). No somos, a pesar de todo, partidarios de resentimientos sociales; los resentimientos sociales van de abajo a arriba, pero también de arriba abajo, estropeándolo todo. Lo que pasa es que aquí el que no corre vuela y, por tanto, el que no llora, no mama. Todo en lo que la ciudadanía guarde silencio parece que podría quedar confiscado. Y hasta aquello por lo que no llore lo suficiente. Menos mal que la PAH, las mareas, los jueces y abogados… Menos mal la “sociedad civil”. Ni siquiera parece que vayamos a nuevas formas de antiguas luchas de clase. No es que nos encontremos en una de Dickens, o en Los miserables, de Hugo, o en Germinal, de Zola; ni siquiera en uno de aquellos cuentos de Saroyan sobre emigrantes armenios en EE.UU. tras la Gran Depresión. Las responsabilidades, hoy, están tan convenientemente repartidas… democratizadas… En este bandazo de la Historia unos muchos por la cola no han podido sujetarse y se han descolgado de la “sociedad del bienestar”, mientras los de arriba, esos a los que ni vemos, han alcanzado velocidades estratosféricas. Por qué habrían de mirar para atrás. Ese 1% de la población mundial que atesora la mitad de todo (ahora en cifras digitales que viajan electrónicamente de unos paneles a otros, buscando multiplicarse), por qué no habría de ir a por todo, definitivamente. A veces creo que estamos cerca de acabar con la pobreza en el mundo, pero no por los repartos y redistribuciones que instituciones y magnates realizan todos los años (todos esos magníficos gestos de insuficiente socialdemocracia y caridad neoliberal), sino porque el nivel de acumulación de la riqueza en unos pocos es tal que cualquier día bastará con que un solo rico diga “voy a acabar con esa mierda; yo solo, hala”. ¿Culpables? Los culpables no existen donde las responsabilidades se encuentran repartidas entre tantos actores: ciudadanía, FMI, facciones políticas nacionales, Europa, bancos de aquí y bancos de allá, grandes empresas, EE.UU. y demás potencias, “los mercados”, Alemania… ¡Todos somos buenos! (o entre todos la matamos y ella sola se murió). Solo que tal vez no hay tal muerte: ¿Problema? ¿Qué problema? ¡No hay ningún problema! Suma y sigue: a por la siguiente burbuja. ¿Alguien duda que continuamos exactamente en la misma dinámica, de camino a similares “éxitos” y “fracasos”? Más arreones a mayor velocidad. Los arreones del capital y la política. Al final de la partida: reparto del botín, adjudicación de cargas y asunción de daños; los que hayan delinquido que se hagan el harakiri ante el juez o que cumplan sus condenas y callen para siempre. Leo: “La naturaleza de las burbujas financieras…” (“la naturaleza”, así de natural, como si se tratase de un anticiclón). Será mejor que nos vayamos acostumbrando. Acostumbrarse no es transigir con lo que no se debe, incluye espabilarse ante la previsible eventualidad de aquello que nos hará daño. Acostumbrarse es prepararse. Ahora todo es consumo, consumarse, consumirse… La tiranía del número ha resultado una democracia muy modesta, mediocrizante… Pero ah, no, no preferiremos aquellos viejos elitismos, ¿no? Lo que vende, vale (¿o era lo contrario?) Lo que vende-vale y lo que vale-vende: eso no se lo cree ya nadie. Y estemos ojo avizor porque, no sé si se han dado cuenta, lo que vale cada vez vende menos; pero no solo, ahora todo vende poco, además ahora todo vale cada vez un poco menos; de la burbuja a la inflación (y no es de precios contantes y sonantes de lo que hablo, no solo). O las cosas pierden valor o nosotros perdemos interés, lo mismo que nuestros votos parecen servir algo menos. Se nos ha esparramado la soberanía nacional; y la que dicen que residía en el pueblo, también. Si imaginas el mundo en adelante comprenderás que nos espera más, para allá vamos sea bueno o malo, sea bueno y malo. Y quien pretenda ubicarse por medio de maniqueísmos lo lleva claro. “Tenemos que refundar el capitalismo”, dijo Sarkozy al descubrir la quiebra generalizada. ¡Qué gran punto de inflexión en nuestra Historia! Sin inflexión alguna, lo mismo antes que después de la frase. “El espectáculo no conduce a ninguna parte salvo a sí mismo”, decía Guy Debord. El capitalismo no conduce a ninguna parte salvo a sí mismo, podríamos decir nosotros. No votamos, consumimos política. No compramos, votamos por productos (y a las empresas ya les molesta poco la abstención; ni la desafección por consumir les preocupa demasiado). Empezamos a temer que los partidos políticos más votados en España, el PP y el Psoe, sean a la política lo que Dan Brown y El código Da Vinci a la literatura (complicado dilema si es así). Pero aún quienes discrepan y se indignan y abominan de esta democracia, proscritos, marchan por las carreteras camino de la capital, como “walkingdeads”. Llegarán mañana sábado 22 de marzo de 2014. Los muertos andantes son nuestra única esperanza. Somos zombis, amigos.

NUESTRA IMPOTENCIA. 10 AÑOS


11 de marzo de 2014, conmemoración de los 10 años de los atentados terroristas en Madrid


España como país ha estado jodido, pero no me refiero a la crisis, no; antes que económicamente, España se jodió moralmente; el país, su realidad política y mediática, se volvió mentira; el cinismo nos alcanzó a todos, a unos como activos practicantes y a otros como pasivos sufridores. Algunos le echarán la culpa a los terroristas islamistas que pusieron las bombas en Madrid el 11 de marzo de 2004, pero hay un daño que no nos han estado haciendo ellos ni sus bombas, sino la respuesta que las élites políticas y económicas españolas le dieron (empezando por Aznar y Acebes inmediatamente), y que tantos han continuado ad nauseam. Fueron las bombas, sí, pero la gestión… Se cumplen 10 años de impotencia tras una masacre execrable que nos borró la sonrisa y nos sumió en el silencio durante días a nosotros y durante años a los familiares de las víctimas mortales, y se cumplen 10 años soportando día tras día una infamia que nos impedía pasar página, daño sobre daño, dolor sobre dolor, injusticia sobre injusticia: mentira sobre verdad. No hace mucho nos enseñaba Jordi Évole el sabor de la falsedad histórica, me preguntaba yo por aquí qué certeza nos asiste cuando hemos vivido en una burbuja económica, los medios de comunicación vendiéndonos día tras día el éxito que luego ha sido fracaso, pero el relato de España se torció (lo torcieron definitivamente) algo antes de que se produjera nuestra pérdida de la inocencia económica, justo tras aquel atentado, hasta el punto que no sabría decir qué es más significativo para la historia, si el día de autos o la falsedad retorcida a la que hemos tenido que enfrentarnos luego. De las bombas se supo sus autores. De las mentiras, también. Algunos, si pudieran, borrarían mucho de lo que han dicho en público, a viva voz y por escrito, durante estos 10 años. Sus mentiras deberían inhabilitarles parcialmente. Ellos lo saben. Intentando salvar su culo (en algunos casos, ganando dinero, ya que sus paranoias atraían clientes) han enlodado el país.

Algunos ya venían robando desde las instituciones y desde las cajas y desde el cohecho, pero si es posible mentir sobre algo tan grave como ese atentado, y no pasa nada, ancha es Castilla en el país cuyo modelo de crecimiento ha sido el del “palco del Bernabéu y el despacho de Bárcenas” (Luis Garicano dixit). Pienso en algunos principales beneficiados de la confusión generada por la teoría de la conspiración y no puedo evitar preguntarme si no sería tan importante mentir sobre los atentados, precisamente, porque estaban robando (cuando no lucrándose de un modo soez hasta la quiebra del país). Aún habrá que andar para purgar la ensuciada ética de muchos de nuestros “próceres”, pero estamos aprendiendo grandes lecciones para el futuro.

En cualquier caso, hoy –escribo esto el 11M—, es un día de llanto, de emoción, como no lo habían sido los anteriores aniversarios de los atentados del 11M. Toca a su fin la impotencia que nos ha generado la teoría de la conspiración. La prensa se ha volcado en darle la vuelta y poner las cosas en su sitio. Algunos dirigentes del PP han dado el paso de desvincular lo sucedido realmente y lo contado con tan mala fe. El Mundo se ha desmarcado de su etapa anterior con unas líneas sucintas aunque imprecisas en el editorial (no en titulares, no), para que, si acaso sean otros los que le confieran la importancia que tiene y digan por ellos lo que ellos deberían decir. Con Pedro J. Ramírez fuera de la dirección les ha salido fácil el cambio de pie: minimizando el daño para la empresa, se desmarcan con la boca pequeña obviando que el actual director también estaba ahí.

Escuchas que alguien sugiere que algunos deberían pedir perdón y se te saltan las lágrimas. Deberían pedir perdón. Algunos ya lo han hecho. Tal vez los que lo tienen más sencillo, como el periodista Federico Quevedo, por no haber sido de los más beligerantes y porque dejó el asunto hace ya tiempo. A los que siguen con la matraca “conspiranoica” les va a costar un poco más arrepentirse y pedir perdón. Tal vez ya sea tarde para ellos. Con el paso del tiempo, la hemeroteca será cada vez más corrosiva. Las mentiras, en el fragor, confunden; pero en perspectiva adquieren un cariz grotesco, de sainete chusco, intolerable, que, con un poco de suerte, los va a dejar tan inhabilitados como a Urdaci; o Tejero.  
 

GURUGÚ QUE TE VI


Mueren ahogados 15 inmigrantes subsaharianos que intentaban entrar a nado en Ceuta, tras disparos contra ellos de gas lacrimógeno y pelotas de goma por parte de la Guardia Civil


Sé que posiblemente a alguien le costará creerlo, pero esas 15 personas que murieron hace unas semanas en la frontera entre Marruecos y Ceuta, tienen madre, y seres queridos que les lloran –aunque nuestros medios de comunicación no vayan a ir hasta allí para contárnoslo—, y esas madres y familiares y amigos, además, ni siquiera esperan nada similar a un acto de justicia por nuestra parte, porque saben perfectamente quiénes somos, cómo somos. Esa es la impronta que estamos dejando como país.

Con un ardid propio de la mala política, bochornosamente hecha, a la que últimamente nos tienen acostumbrados nuestros dirigentes, y tantos medios de comunicación, unos y otros le han dado la vuelta al asunto y la atención viene centrándose en una suerte de victimización del cuerpo de la Guardia Civil; aunque víctimas mortales (y familiares de víctimas) aquí no hay más que las que hay, y son muchachos negros, y son africanos. Según esa mala política nefastamente hecha parece que debemos criminalizar a los inmigrantes. ¿A los ahogados? Se ahoga usted porque emigra, qué le vamos a hacer; si no fuese tan pobre, no le pasaría eso.

¿Cuerpos exánimes en la costa? ¿Jóvenes cadáveres expulsados por el mar? No, nosotros (parecen decir nuestras autoridades), debemos respaldar a “los nuestros”, ponernos en su lugar, ellos sí que sufren (aunque no, claro, no hasta el punto de morirse). El propio Ministro, tan buena persona, sufridor él donde los haya, y dirigente responsable, acarrea tal sufrimiento que últimamente su rostro aparece contrito en todas sus declaraciones, y no debiera extrañarnos si este asunto le hubiera llevado a disponer en sus ingles 15 cilicios 15; para expiar su culpa.

Pensemos en él, por Dios. ¿Cadáveres en las costas? ¿Ahogados? No, acordémonos del Ministro.

Una decente persona, un muchacho de los mejores, recto como el que más, uno de los grandes, el éxito, el compañero que todos quisiéramos tener, la cabeza en su sitio, cuántos de nosotros habríamos sido peores de no ser por él…

Anda el Ministro pidiendo perdón a la Virgen a fuerza de condecorar sus méritos policiales (los de la Virgen, se entiende) y pidiendo responsabilidad y ayuda a Europa. Está bien. A los reproches de Europa se responde pidiendo dinero. Lo mismo hizo el Gobierno de Canarias con el Gobierno Central cuando la llegada de cayucos.

Mi anterior paráfrasis del bello poema de Philip Larkin concluye:

Celebro al hombre más angelical que conozco, aunque no sea el azul celeste (ni siquiera el blanco) mi color favorito.

El Ministro afirma “la inmoralidad” de quienes acusan a la Guardia Civil (quién acusa a la Guardia Civil, por cierto, y por qué hay que conferirle tanta importancia), pero inmoral es tratar de dar la vuelta a la tortilla para acabar despejando el balón de encima de sus subalternos y de sí mismo, ponerlo sobre el cuerpo de la Guardia Civil (ni siquiera de los Guardias Civiles que actuaron en Ceuta, sino de todo el cuerpo y de toda su historia, méritos y deméritos incluidos) para dejar en un clamoroso y sibilino olvido a los 15 seres humanos muertos. Es como cuando pillas a un ladrón con su mano en tu bolsillo pero este se pone a vociferar, a insultarte en medio de la calle, de tal modo que pareciera que el agraviado es él y tú el agresor. Por desgracia, últimamente los Gobiernos practican en España demasiadas artimañas como esa: pillas al ladrón, pero en cuanto lo haces te das cuenta de que con él hay cuatro o cinco más, porque te increpan, te insultan, te acusan con sus dedos y te zarandean y agreden mientras desaparecen. Se trata del mismo modus operandi con igual objetivo: que el enfrentamiento quede en tablas. Irse finalmente de rositas. Los pillas y no pasa nada.

Pero en algo tiene toda la razón el Ministro: este es un asunto moral. Porque 15,

15. Personas. Muertas. Padres, madres, hermanos, hijos, otros familiares y amigos les lloran.

15. Sólo moralmente se puede concebir abordar este asunto y, sobre todo, la actuación de quienes se defienden políticamente para eludir su posible responsabilidad. ¿En qué cabeza cabe que mueran 15 personas en esas circunstancias y no pase nada?

Si los muertos no fueran inmigrantes negros… Si en vez de en la frontera, esas 15 personas murieran durante el transcurso de una manifestación, en una huelga; si fuesen de Greenpeace; si se tratase de militantes “provida” asaltando una clínica y la respuesta policial diese ese resultado, 15 muertos; si fueran españoles y la policía de otro país… ¿Se imaginan que los muertos fuesen familiares de víctimas del terrorismo y quienes les disparasen con pelotas de goma cuando se debaten en el agua pertenecieran al entorno de un grupo terrorista? Hay personas que son menos que otras. Hay personas que pueden morir por una acción policial sin que haya la menor consecuencia. Por cierto, ¿han dicho algo los Gobiernos de los países de procedencia de los ahogados? Y, si fuesen españoles en la frontera de otro país, ¿diría algo el Gobierno español?

Al Gobierno le sirve todo, cualquier cosa, para ocultar sus vergüenzas. Le valió Gibraltar en verano (por cierto, ¿alguien sabe qué pasó con aquello, en qué quedó?, ¿o se resolvió solo, sin más, y ni nos enteramos?); le vale siempre Cataluña –lo mismo que a Cataluña le sirve el Gobierno de España para tapar las suyas—; le vale cualquier movimiento de ETA (hasta ETA haciendo la estatua le valdría); le vale una ley del aborto hecha para el escándalo; y le vale la inmigración, cómo no, como siempre.

La inmigración, hay que recordarlo, entra mayoritariamente por los aeropuertos, vestida, con zapatos, con equipaje, con documentos, sin malnutrición, sin cortes de concertinas ni tibias rotas. Dice Juan López de Uralde (Equo) que “Causa dolor ver cómo sólo se habla de inmigración por la frontera sur en términos policiales, y no humanitarios”. Causa dolor, sí, si además, como tantas otras veces, sirve para desviar la atención a costa de infligir un daño a las personas que se encuentran en la situación de mayor desprotección. A veces el ejercicio de la política parece consistir en crear problemas donde no los hay, y luego resolverlos o no, según convenga, porque se diría que les sale a cuenta convertir en crónico, al menos en la prensa, un problema inexistente, un problema “inventado”, si de ese modo pueden evitar que se ponga esa porción del foco donde sí les duele: en Génova, por ejemplo; o en otras acciones del Gobierno que afectan directamente a nuestros bolsillos, nuestros derechos, nuestras libertades (al fin y al cabo, de qué nos quejamos, por mucha crisis y demasiados recortes que nos acosen, no estamos ni de lejos tan mal como esos pobres). Incluso sus torpezas, sus mentiras, sus desfachateces (también las de los periodistas que los defienden), cuando mienten o inventan o tratan de desinformar (¡hay 30.000 inmigrantes esperando a saltar la valla! ¿¡Qué digo 30.000!?, ¡no, 40.000 o 50.000, quizá 80.000!) parecen diseñadas conscientemente para que hagamos mucho ruido sobre ellas; en definitiva, para agotarnos discutiendo tonterías que no son esas 15 personas fallecidas con la inestimable colaboración de los nuestros.

La valla no es más que una vergüenza. Inservible, inútil y, más que probablemente, innecesaria.

Desde el punto de vista de una persona mínimamente liberal, más o menos defensora de las libertades, consciente de que conceder libertad a las personas no solo es de justicia sino que suele acabar siendo beneficioso para todos, esa valla es un desastre. Recuerda a aquellos tiempos en que los estadios de fútbol contaban con una valla que impedía al público saltar al terreno de juego. Algunos medios de comunicación parecieran pretender que los españoles somos esos 22 jugadores en medio del terreno de juego, y que en el monte Gurugú hay 80.000 negros (trasunto de los espectadores en el estadio) dispuestos a saltar e impedir que el “partido” de esta España nuestra siga su curso. ¿¡Cómo quitar las vallas de los estadios!?, ¡en la grada hay hooligans, fanáticos de los dos equipos!, ¡es muy peligroso, corre peligro la integridad del árbitro, de los técnicos, de los jugadores!, ¡quitar las vallas sería una locura, todos estamos de acuerdo con que eso no se puede hacer! Cuánta histeria.

Pues ya lo vemos, las vallas desaparecieron de los estadios y se diría que hay menos invasiones que antes, que las que hay son menos peligrosas y, desde luego, el peligro de que los aficionados se hagan daño y mueran, catastróficamente, es menor.

Pero las fronteras de los países no son los límites entre el graderío y el terreno de juego de un estadio. Cómo vamos a comparar… ¿De verdad no lo son? Recordemos que no hace mucho tiempo los países europeos acabaron con sus fronteras entre sí –qué enorme gesto de libertad y confianza mutua—, y no ha habido que lamentar gran cosa. Algunos parecen suponer que si suprimiéramos la valla de Ceuta se produciría una gran invasión migratoria sobre España y el resto de Europa; que medio Marruecos y tres cuartas partes del África Subsahariana vendrían a vivir aquí. Pero también se hubiese dicho en su momento que los países más ricos de Europa recibirían una avalancha de ciudadanos de los países más pobres de Europa. Y no. Nada impide a los portugueses, mucho más pobres que nosotros, venir a trabajar a España. ¿Siente alguien que España se ha visto asaltada por una ingente cantidad de trabajadores portugueses? Nada. Como en los estadios de fútbol.

Más pronto que tarde suprimiremos infamias como la valla con concertinas de Ceuta. Pero ahora tiene, o le otorgan algunos, un estratégico valor instrumental. La valla forma parte de políticas que propician una conveniente instrumentalización. Hay políticos que se frotan las manos ante supuestos dilemas como ese. Escucha uno a Jean-Marie Le Pen y ofrece sobre el asunto similares soluciones que las implementadas por los dos principales partidos españoles, los más o menos liberales PP y Psoe (el Psoe montó un sistema de redadas sistemáticas de la policía, acompañadas de expulsiones masivas, todo ello ilegal, inconstitucional, contra la normativa europea, atentando contra los derechos de esos seres humanos; y el PP está ahora en estas). Le Pen, además, dice estar de acuerdo con los suizos, que han decidido cerrar las fronteras a los trabajadores europeos (ella, en Francia, se las cerraría a los españoles). Qué atraso su aplastante lógica de patas cortas. ¿Han votado los suizos a favor de cerrar las fronteras a los inmigrantes europeos, como ella afirma? Curiosamente, las ciudades de Suiza que han votado SÍ a cerrar las fronteras son aquellas que cuentan con una población inmigrante insignificante; y sin embargo, las ciudades con mayor cantidad de inmigrantes desde hace más tiempo son las que han votado NO a cerrar las fronteras. Sugerente detalle.