<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538</id><updated>2012-01-30T07:34:59.812-08:00</updated><title type='text'>Sugherir</title><subtitle type='html'>Miscelánea de reflexiones</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>14</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-5244459461304714651</id><published>2012-01-23T05:03:00.000-08:00</published><updated>2012-01-23T08:49:42.010-08:00</updated><title type='text'>DERECHOS DE AUTOR (ENTRE COMILLAS)</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: left;"&gt;Hace tiempo que vivo con escepticismo los discursos en defensa de los derechos de autor. Y la comprobación de que algunos gobiernos están dispuestos a una defensa activa de esos derechos no sofoca, en absoluto, ese escepticismo, más aún cuando compruebo cómo piensan defenderlos, hasta qué punto y con qué armas. Una de las razones de mi escepticismo es que, cuando referimos una y otra vez que hace falta defender los derechos de los autores, en realidad, solemos omitir que gran parte de los ingresos que se recaudan por esa vía pertenecen, no a los autores (escritores, directores de cine, guionistas, compositores musicales, etc.), sino a los editores y productores, algo que siempre me ha producido cierta extrañeza. Ponemos a los autores por delante y omitimos, obviamos o dejamos implícita la presencia de los intereses económicos de los productores culturales. Pensamos, da igual, es lo mismo. Pero no, ¿no? ¿No sería bueno que lo cuantificáramos, saber quién se juega qué según qué casos?, ¿no corremos el riesgo de actuar en nombre de unos pero en favor, sobre todo, de los otros, incluso de quienes ni siquiera hemos contemplado en esa ecuación como posibles beneficiarios de esa supuesta lucha por los “derechos de autor”? Pasan los años y seguimos poniendo a los autores por delante en toda clase de diatribas, ¿no deberíamos sospechar que pudiera haber ahí un engaño deliberado? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hace mucho tiempo que vengo observando cómo, continuamente, nos referimos a la Sociedad General de Autores… omitiendo que es “de Autores y Editores”, y, aunque parezca una nimiedad, no he podido evitar preguntarme por qué si los editores –en esa sociedad—, reciben cada uno de ellos mucho más que cada uno de la inmensa mayoría de los autores, no se ha puesto primero a los editores: ¿por qué no se llama Sociedad General de Editores y Autores, SGEA en vez de SGAE?: ¿acaso porque los autores son más, aunque pesen menos a la hora de la verdad? En la SGAE, cuánto para los autores y cuánto para los editores. En la entidad de derechos reprográficos, CEDRO, cuánto para los autores y cuánto para los editores. ¿De verdad es correcto que dispongamos bajo el mismo paraguas nominativo (“derechos de autor”), emolumentos que perciben tanto autores como editores? ¿De verdad no se trata de una trampa? ¿De verdad, con la insistencia de poner por bandera a los autores, no se les instrumentaliza, a ellos y a sus derechos? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos tiempos, todo esto ha cobrado un significado mayor con la consolidación de Internet y la batalla que se está librando entre interesados diversos, en medio de una suerte de vacío legal propicio para cambiar las reglas del juego, hacer negocios al margen o subvertir las normas establecidas con anterioridad a la irrupción de Internet. Todo ello pone en cuestión la vigencia y posibilidad de defender los derechos de autor tal como los conocemos –su propia pertinencia en algunos casos—, y no sólo eso, también queda en cuestión (en ascuas) la libertad de circulación de los usuarios por este nuevo medio por el que nos comunicamos. Hemos tenido que observar con cierto estupor cómo, mientras unos esgrimen los derechos de los autores como bandera, otros tantos han estimado oportuno, en defensa de su libertad (algo cuando menos discutible), ridiculizar e insultar a los autores, en una batalla maniquea, absurda, demencial, hilarante. ¿Es este, de verdad, el meollo del conflicto? ¿Es eso –libertad de expresión versus propiedad intelectual, autores versus libertad en la red— lo que está realmente en juego?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la oficialidad, por un lado se pone a los autores como bandera, y por otro se esgrimen unas pérdidas que son industriales; que no son de los autores. En qué quedamos. No hay más que leer el artículo recientemente publicado por el nuevo Ministro Wert. En este se refiere al asunto, reiteradamente, bien en términos de defensa de los derechos de los “autores”, bien, si no, para defender la “propiedad intelectual de los creadores culturales”. ¿Por qué no esgrime por bandera los derechos de la “industria cultural”, que sería lo más correcto? ¿Por qué es necesario poner por delante a los más débiles del sector, o inventar complicados eufemismos (“propiedad intelectual de los creadores culturales”) que sugieren que es a los autores a quienes se refiere, pero sin dejar de englobar vagamente a toda la industria?: ¿Se hace o no se hace por los autores?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no dudo que el fortalecimiento de la industria cultural pueda redundar en la mejoría de las condiciones de los autores, algo absolutamente deseable. Tampoco dudo que la industria cultural pueda conseguir ganar esta batalla (aunque haya no pocos agoreros que aseguran que es imposible). Pero, si efectivamente consiguen recaudar de la red, como quieren, con las reglas de antes –que es el objetivo final una vez se ponga coto a quienes se lucran liberalizando contenidos que no son suyos—, ya veremos el reparto de todo eso. No dudo que ello pueda comportar ingresos para algunos autores, pero seguro que no van a ser en absoluto los grandes beneficiados. ¿No será que los están utilizando? ¿A cuántos autores conocemos que antes de Internet pudieran vivir de sus derechos de autor y ahora, por culpa de internet, no puedan? ¿De verdad el compromiso de la industria cultural con los autores es tal? Esa industria cultural ¿no tiene a su alcance la posibilidad de potenciar otros mecanismos para solidarizarse con los autores? Sí, ¿no? ¿Y por qué no los pone en marcha? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora se cierne sobre la red una nueva legislación estadounidense que puede afectar más allá de sus fronteras, y no hay más que ver qué compañías están detrás de SOPA para hacernos una idea de quién se está jugando esos “derechos de autor” (porque, insisto, en la prensa se sigue hablando de “derechos de autor”, exclusivamente). Sería interminable enumerarlas aquí, haciendo loby podemos encontrar a más de 100 grandes corporaciones de la más variada composición (por un lado las previsibles de músicos, editores de libros y revistas, productores de cine, discográficas, exhibidores teatrales y empresas de televisión: American Society of Composers, Authors and Publishers (ASCAP), Gospel Music Association, Moving Picture Technicians MPA, National Cable &amp;amp; Telecommunications Association (NCTA), Time Warner, The National Association of Theatre Owners (NATO) y un largo etcetera). Pero, inmiscuidas entre estas, también podemos encontrar otras tantas de ámbitos muy distintos y mucho menos previsibles: Association of State Criminal Investigative Agencies, National Association of Manufacturers (NAM), Pharmaceutical Research and Manufacturers of America (PhRMA), National Center for Victims of Crime, National Football League, National Governors Association, Economic Development and Commerce Committee, Major League Baseball, International Union of Police Associations, MasterCard Worldwide, Tiffany &amp;amp; Co., United States Chamber of Commerce, Economic Development and Commerce Committee, National Narcotics Offers’ Associations’ Coalition…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi perplejidad y mi escepticismo han aumentado, como comprenderán, ligeramente. Desde luego, esto parece un poco más complejo que lo que nos están vendiendo (ese ya clásico: “los escritores, músicos, pintores, fotógrafos y cineastas observan que les saquean su obra en la red”). Y podríamos argüir que, bueno, suerte para los autores, porque si sus derechos de autor no estuviesen imbricados con los de otros tantos actores, tal vez no tendrían fuerza suficiente para plantar batalla. Y sin embargo, convendrán conmigo en que se observa algún indicio de que pudiéramos estar hablando de algo más que “derechos de autor”, y que tal vez esto no sea más que la coartada para otra cosa. Dice el ministro Wert: “A mí me da igual que detrás de esta norma estén las presiones de los americanos, los lobbies de las majors, la SGAE, o los Amigos de la Capa Española. (…) Lo importante es si el bien que se protege tiene que ser protegido”. En efecto, esa es la cuestión, y lo que debemos cuestionar: ¿son los derechos de autor el bien que, realmente, se pretende proteger?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora observamos cómo las autoridades de EE.UU., en un alarde de eficacia policial, cierran el mayor portal de descargas de contenidos, Megauplaud, detienen a sus “cabecillas” y nos lo cuentan: ¿De verdad los derechos de los autores son tan importantes?, ¿de verdad pensamos que todo esto es, sólo, por los derechos de autor? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, ojalá esta acción, y cualquier otra que venga, tenga efectos beneficiosos para la industria cultural. Ojalá sirva para defender los derechos de algunos autores, y ojalá también que no acarree consecuencias negativas para nuestra libertad en la red. Aún así, no consigo quitarme de encima la sensación de que, al menos en España, nos han estado manipulando cuando se ha omitido sistemáticamente que hay más intereses en este asunto que los que concierne a los autores. Y, sintiéndolo mucho, no veo por ningún lado el beneficio para los autores que pudiera derivarse de que se manipule a la opinión pública poniendo sus derechos como coartada. En cierto modo vengo a sentir que se trata de algo similar a los “beneficios para la democracia y la libertad” que ha tenido la guerra de Irak, hecha en nombre de la democracia y la libertad. ¿Qué va a pasar cuando los autores que se han estado batiendo en debates en defensa de los “derechos de autor” se den cuenta de que de esto, en realidad, no dependían sus garbanzos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, tampoco me puedo quitar de encima la sensación de que los autores, de pronto, tienen un poder que no están utilizando, que desaprovechan, que no toman porque ni están organizados (o lo están sólo a través de los intereses de otros) ni se dan cuenta. Si los gobiernos están haciendo esto, oficialmente, con los “derechos de autor” como coartada, más les valdrá a esos gobiernos que, en el transcurso, la situación de los autores mejore sustancialmente. No puede ser que perpetren esta persecución en la red en nombre de los autores y que estos se queden igual o peor que antes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esa oportunidad, de parte de los autores, no se aprovecha en alineación total y perfecta con las acciones de esa supuesta lucha “contra la piratería”. Habrá que cuestionar esa lucha y señalar todo aquello que, en realidad, no esté beneficiando a los autores, sino otros intereses. Habrá que esperar que, efectivamente, esos beneficios se produzcan. Y habrá que reclamarlos, si no, a quienes lideran esa lucha desde la política y las instituciones.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-5244459461304714651?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/5244459461304714651/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2012/01/derechos-de-autor-entre-comillas.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/5244459461304714651'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/5244459461304714651'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2012/01/derechos-de-autor-entre-comillas.html' title='DERECHOS DE AUTOR (ENTRE COMILLAS)'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-380956259746703387</id><published>2012-01-16T10:50:00.000-08:00</published><updated>2012-01-18T01:25:34.498-08:00</updated><title type='text'>Tendencias en el siglo XXI</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;¿Ha muerto el post modernismo?&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Norma Wilow y Merche Martín&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Fanzine&lt;strong&gt; Ruido&lt;/strong&gt; nº 18&lt;br /&gt;Respuestas de Nicolás Melini&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://m1.paperblog.com/i/5/54805/360o-arte-contemporaneo-L-vlLRv8.jpeg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" kba="true" src="http://m1.paperblog.com/i/5/54805/360o-arte-contemporaneo-L-vlLRv8.jpeg" width="289" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;em&gt;Juanjo Lazcano&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Vivimos un momento muy singular; después de la revolución digital y en la era de las comunicaciones, nos encontramos inmersos en una grave crisis económica y política, provocadora de grandes movimientos sociales mundiales, algo parecido a lo que ocurrió en los albores del siglo XX, una época de cambios muy fuertes, que influenciaron en los pensadores del momento dando lugar a grandes rupturas en los sistemas de representación o expresión artística. Las vanguardias del siglo pasado se caracterizaron por la libertad de expresión, que se manifestaba alterando la estructura de las obras, abordando temas tabú y desordenando los parámetros creativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Diez años después de haber estrenado este nuevo siglo y nuevo milenio, ¿hay indicios de un nuevo espíritu, pensamiento o corriente artística propios del nuevo milenio en ruptura con lo anterior? ¿Cuáles son sus signos de identidad? ¿De dónde surge? ¿Cómo llega a nuestras islas Canarias?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Tengo la sensación de que todo se ha acelerado al ritmo veloz que nos impone la sociedad de la información. Sin embargo, hay que distinguir entre información y expresión artística. Se ha acelerado nuestro acceso a la primera, también a expresiones de la segunda, pero la ruptura con lo precedente es muy clara sólo en lo que tiene que ver con la información. En lo que tiene que ver con la expresión artística se están produciendo intentos, pero está por ver que, efectivamente, alguna obra o conjunto de estas consigan realmente establecer un después (un después de internet). Por ejemplo, se habla de fragmentación en literatura y, en efecto, hay algún libro interesante en este sentido (“Alma”, por ejemplo, del murciano Javier Moreno), pero en otras tantas ocasiones no se trata más que de un ardid publicitario, y, mucho me temo, en la mayoría de los casos ni siquiera se trata de expresiones artísticas verdaderamente novedosas, como apuntaría mi amigo Juan Carlos Chirinos. Nada que no pudiéramos encontrar en determinado libro de Cortázar, por mencionar uno de los probables antecedentes de alguno de los casos. Es cierto que Internet ha propiciado el nacimiento de algunas modalidades textuales novedosas (el post, la reflexión en facebook o twitter), y es natural que todo eso se incorpore de algún modo a la obra literaria de los autores de hoy, pero creo que, cuando lo podamos observar con perspectiva, se tratará de pequeños matices sobre lo preexistente, pequeñas variaciones pero no precisamente en lo que más importa de una obra literaria, sino en su apariencia, nada que no haya sucedido antes, por ejemplo con la irrupción de la comunicación telefónica, de la radio, el cinematógrafo, la televisión: todo ello modificó el contenido de los libros, pero no parece que en lo sustancial. Por supuesto, se están escribiendo y publicando libros maravillosos, todo el tiempo, y, como siempre, hay determinados autores que dominan con su calidad el presente, sorprenden y entusiasman. Pero debe quedar claro que, por lo general, en esos libros maravillosos no se escatima ninguna enseñanza de quienes nos precedieron, no sólo en el siglo pasado, sino más allá y hasta mucho más allá del siglo pasado, como es lógico. Esos libros maravillosos, muchas veces, ni siquiera muestran un especial interés de los autores por mostrarse extraordinariamente novedosos. Es que de hecho, la novedad está bien, pero no siempre es posible, recomendable, necesaria, de manera absolutamente explícita. Yo creo en un tipo de literatura que sorprende y entusiasma, apasiona al lector, y para ello tiene que haber en el libro algo de novedoso (pero mejor de rabiosamente contemporáneo). Sin embargo no me parece necesario que la novedad se note. Preferiría que no, pues es entonces cuando la novedad resulta perturbadora, se funde con todo lo demás y conforma el dispositivo que nos atrapa”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En el caso del cine, la otra disciplina que practico en la medida de lo posible y sobre la que me informo cotidianamente, hay que tener en cuenta que se trata de un arte y una industria que, en tan sólo un siglo, ha evolucionado su lenguaje espectacularmente. En este momento, sin embargo, lo económico parece haberse impuesto de un modo que amenaza con asfixiar su expresión: en España, por ejemplo, se ha estrechado mucho el camino de las películas hacia las salas comerciales, y son muy pocas las que, no estando dirigidas a un público mayoritario, alcanzan a ser exhibidas en éstas. Todo lo vanguardista, experimental, novedoso, arriesgado, radical se está quedando sistemáticamente lejos del acceso del público. Esto, creo, está produciendo un cierto estancamiento del lenguaje. Una mala noticia, porque para que una expresión conserve su público tiene que seguir sorprendiéndolo. Ya ni siquiera las películas dirigidas al gran público consiguen interesar al público igual que antes. Estamos en un periodo de inestabilidad industrial, eso provoca un conservadurismo mayor y ese conservadurismo, a su vez, ofrece malos resultados y abunda en la inestabilidad industrial. A esto hay que añadir que, la otra pata que financia el cine suele ser, en la mayoría de los países (y en España particularmente), la televisión. El criterio televisivo está muy lejos de querer ofrecer grandes novedades cinematográficas (y esto lo digo a sabiendas de que vivimos un auge de la ficción televisiva, porque tal vez ahí, por muy novedoso que todo parezca, no se esté dando tampoco una innovación real). Es más, la mayor parte de los cineastas dispuestos a innovar están encontrando en las televisiones a la auténtica madrastra castradora que los obliga a pasar por el aro y hacer lo que a esta le conviene, y si no los expulsa al más terrible de los ostracismos. La última vanguardia cinematográfica fue Dogma 95. Ahora se rueda más que nunca gracias al digital. Pero se han subido mucho los estándares de producción de las películas que se exhiben en el ámbito comercial. Así que, en vez de asistir a una revolución digital en las pantallas comerciales, se ha generado una 2ª y 3ª división de ficción audiovisual: aquella que no se exhibe ni en las salas comerciales ni en la televisión, y que a menudo no es ni televisiva ni cinematográfica, sino otra variante, tantas veces insulsa, de audiovisual. La mayor parte de los experimentos cinematográficos que nos tratan de vender como innovación (festivales digitales, cine hecho con teléfonos móviles, películas realizadas a partir de materiales rodados por una inmensa cantidad de personas a lo largo y ancho del mundo, etc.), no suponen en realidad ninguna innovación de lenguaje: son sólo cosas que antes era muy costoso hacer y ahora son técnicamente viables; no son innovaciones creativas, sino tecnológicas: lo resultante suele tener escaso interés. En realidad, se ha puesto todo mucho más difícil para los jóvenes que quieren estrenarse con algo no convencional. Y sin embargo, a pesar de todo, hay buenos cineastas que lo consiguen y aún encontramos a algunos –gracias a los festivales de cine— ingeniándoselas para establecerse en la frontera entre la visibilidad y la invisibilidad. Esos son los que me interesan”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los vanguardistas del XX fueron revolucionarios y provocadores, ahora que el sistema consumista se desploma, ¿existe algún paralelismo con aquella época? ¿Qué lugar ocupan las nuevas corrientes artísticas en estos días? ¿Cuál es su función social? ¿Tenéis las nuevas generaciones de artistas un cometido claro en nuestros tiempos? ¿En qué estáis trabajando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Revolucionarios y provocadores, supongo, porque había que romper no pocos moldes. Sin embargo, en los últimos años de vacas gordas económicas, lo “revolucionario” y “provocador” se ha puesto al servicio de ganar dinero, de seducir al espectador o al lector de un modo más bien frívolo y superficial. Llamar la atención, pero sin molestar. Se ha estado tirando de lo políticamente incorrecto, pero de un modo absolutamente inocuo. No creo que las obras que han participado de eso vayan a perdurar más que, si acaso, como parodia de una época. Sin embargo, creo que lo que sí va a perdurar es toda manifestación realizada con una buena dosis de honestidad. No lo lúdico ni lo que pasa por novedoso. Sino lo expresado con cierto grado de verdad. Y, si nos damos cuenta, en esto no habrá una ruptura verdadera con lo mejor del siglo anterior. Por eso, cuando hablamos de “cometidos”, recuerdo lo que escribía William Saroyan: “A mí me gustaría saber si hay una sola calle en la ciudad donde no haya un escritor, y si en alguna parte hay un pequeño pueblo de cincuenta personas en el que no viva un escritor me gustaría saber cuál es. Me gustaría ir a ese pueblo e intentar averiguar por qué una de las cincuenta personas que allí viven no está intentando contar la historia del hombre en la Tierra”. Contar-la-historia-del-hombre-en-la-Tierra. Sigue vigente, claro. Eso es lo que hacemos todo el tiempo: contamos porque nos contamos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En esta última época vivida, culminación del estado de bienestar occidental, ¿Cómo has vivido desde el punto de vista de tu trabajo artístico durante los últimos diez años? ¿Cómo has visto evolucionar el mundo del arte en la última época, influenciado por la aceleración del sistema económico y social?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Todo eso lo he vivido al margen o a contracorriente, y con un gran escepticismo. Los primeros años del siglo me produjeron inquietud. Era todo muy extraño. Como creador he estado completamente al margen del proceso de vacas gordas en el que se encontraba el resto de la sociedad, con sus acuerdos laborales tan extraordinarios que en muchos casos parecían privilegios (acciones, fondos de pensiones, indemnizaciones, créditos, hipotecas, etc.). Observar todo eso desde fuera resultaba inquietante. Más aún al encontrarme en Madrid, donde las desigualdades son mucho más evidentes. Curiosamente, tengo la sensación de que la crisis financiera, con la pérdida de inocencia que ha comportado, ha venido a poner un poco de sentido común, purgando algunos excesos; y por eso este, a pesar de todo, me parece un tiempo un punto menos insano que aquel”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Por otro lado, está todo lo que tiene que ver con el desarrollo de las industrias culturales: hemos ensayado torpemente un modelo cultural que está muy bien, socialdemócrata (democratizar el acceso a manifestaciones culturales por parte de la ciudadanía) y neo liberalizado (donde el dinero público se concedía a empresarios para su puesta en marcha de los proyectos). Pero la clase política ha fallado estrepitosamente al no ser capaz, en tantos casos, de sustraerse a la tentación de ejercer el dirigismo y, peor aún, de perpetrar el clientelismo. Eso ha provocado no pocas injusticias, cuando no que muchos creadores desistan de participar, absteniéndose, lo cual resulta extremadamente empobrecedor para la sociedad en su conjunto. La financiación pública se dedica a promover espacios culturales allí donde el mercado no llega, pero ha generado una nueva modalidad de expresión artística, una expresión artística a la medida de las necesidades de los políticos para contentar al “público votante”. Otra manera de comercialidad. Curiosamente, el auge de las industrias culturales ha supuesto un crecimiento enorme de programaciones culturales de todo tipo, pero no ha supuesto necesariamente un crecimiento proporcional de la difusión de la excelencia artística. Muchos creadores de calidad han quedado un tanto sepultados, porque ya no competían sólo con expresiones comerciales, además competían con expresiones institucionales e institucionalizadas. Es decir, que la intervención del Estado se lo ha puesto difícil a unos cuantos de los buenos: aún ofreciendo las mayores calidades artísticas, no era eso lo que muchas veces requería el Estado para contentar al público votante. No sólo se ha democratizado el acceso a expresiones artísticas, además se ha relativizado el valor de estas, colocándolo todo (lo extraordinario, lo convencional y lo mediocre) en un mismo plano de importancia. No es de extrañar que muchos hayan perdido el rumbo o, simplemente, hayan preferido adaptarse para sobrevivir”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Otro aspecto negativo más: promoviendo desde las instituciones un gran abanico de manifestaciones culturales, se ha impulsado a los empresarios de la cultura, pero apenas ha llegado algún dinero a los artistas. Mucho intermediario, mucho gestor, pero los artistas han seguido socialmente relegados. Las instituciones, sistemáticamente, lo han pagado todo, menos las creaciones”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y, por último, están las infraestructuras culturales, que se han llevado la mayor parte de la financiación (los políticos destinándose a sí mismos el mayor montante de la financiación para la Cultura, todo ello por el “interés general”). Como todos sabemos, en no pocos casos esas infraestructuras han quedado inoperativas o infrautilizadas”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es de este modo cómo se explica que para muchos creadores esta crisis económica no esté suponiendo una contrariedad especial. Por supuesto, no creo que la mayoría esperara nada y casi todos los que cuentan en esto saben que la creación artística sigue siendo algo épico, que requiere de los mayores sacrificios personales, un espíritu suicida. Todo eso está asumido”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora que el sistema tecnológico nos aporta una gran facilidad de conexión entre unos y otros, tenemos a nuestra disposición de manera fácil el conocimiento y las noticias en tiempo real ¿Qué nuevas expresiones, soportes o sistemas artísticos se están generando actualmente de acorde al momento tecnológico? ¿Cuáles han quedado atrás? ¿Cómo puedes crear tu propia obra con la influencia de todo ese universo globalizado a tu alcance? ¿Cómo te haces un lugar propio y te das a conocer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se han ampliado un poco los horizontes. España tiene un área de influencia muy clara: países hispanohablantes, incluido EE.UU. Es algo que se nota en la red. La situación no es tan global como pudiera pensarse, ni siquiera cuando hablamos de lo que se puede alcanzar: buscamos y miramos en muchos menos sitios de los que podemos. Muchas veces, a pesar de tenerlo al alcance, no nos aventuramos mucho más allá que antes de Internet. Pero el avance no está nada mal. En cuanto a “hacerse un lugar propio y darse a conocer”, no creo que haya más que una receta: ofrecer la mejor obra posible. Sólo los buenos libros, las buenas películas, etc., abren de verdad las puertas que nos interesan. Ni más ni menos. Y si además el trabajo rinde económicamente ya hay gente (agentes, editores, productores, agencias de prensa, grupos mediáticos) que se encargan de eso por su propio interés. Lo que podemos hacer individualmente por la difusión del trabajo propio sigue siendo muy poco: estar visibles en las principales redes sociales, por si acaso alguna cosilla, o para permanecer en contacto con otras personas del mismo ámbito”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En cuanto a cómo afrontar el trabajo propio, es verdad que decidir entre un millón de posibilidades qué se quiere proponer resulta a veces una tarea muy complicada –aunque no creo que más que antes; para una persona informada el universo ya era muy amplio—. Siempre, disfrutar la obra de un artista libre ha resultado de lo más impagable, y sin embargo es posible que abunden los que no lo son. Lo triste es que, probablemente, nadie nos lo impide, sólo nos educan para no serlo, y no encontramos el modo de no hacer caso. Resulta demasiado tentador incurrir en modas, perseguir alguna etiqueta, adscribirnos a algún género… Y, por otro lado, dejarnos llevar por el mercado, por lo que la gente supuestamente quiere, resulta muy cómodo. Crear con cierta libertad es un poco más difícil, pero, tal vez por eso, los que lo hacen, a la larga, ganan”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y como relajación final, cuéntanos cuál es tu canción preferida y qué experiencias sensitivas experimentas al escucharla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No tengo una canción preferida. Me gusta el jazz y determinados compositores intérpretes de lo que algunos llaman “músicas del mundo”: árabes, africanos, etcétera… Me gusta, sobre todo, ese tipo de música cuyas notas saltan entre mis neuronas de un modo que me sorprende y maravilla. Pero, por decir una canción jocosa que me divierte mucho y me saca a bailar: “Whisky soda”, de la Benbeya Jazz National (Guinea). Por familia, me alegra también el sonido de las chacras diolas, un tipo de percusión que anima el baile en el sur de Senegal: es muy alegre y hermoso. Me emociona también el blues que hacía Alí Farka Touré. En realidad me llega toda música, independientemente del género, que atesore cierta calidad: flamenco, clásica, latinjazz, etc. Claro que no percibo como algo de calidad un tipo de música “producida”, estandarizada, pensada para alcanzar un público determinado. La música tiene que sorprender, ser magia. Pero me falta muchísimo por escuchar”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-380956259746703387?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/380956259746703387/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2012/01/tendencias-en-el-siglo-xxi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/380956259746703387'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/380956259746703387'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2012/01/tendencias-en-el-siglo-xxi.html' title='Tendencias en el siglo XXI'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-2074362075828998312</id><published>2012-01-10T02:11:00.000-08:00</published><updated>2012-01-10T08:50:09.604-08:00</updated><title type='text'>IMPRONTA</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Una cuestión etérea para cinco creadores (del cine y la literatura): Benito Zambrano, Fernando León Rodríguez, Ricardo Menéndez Salmón, Juan Carlos Chirinos y Alberto Morais&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Nicolás Melini&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay algo que he visto allí y que es tuyo y de nadie más. Qué es, me pregunto, y cómo lo has conseguido, que todos te identifiquemos con eso que no sabemos qué es pero que tú dispones ahí para nosotros, en tu narración, tu poema o tu película, por medio de un sistema complejo que combina elementos del lenguaje hasta revelarnos tu identidad como artista. Nos referimos, pues, a eso que no está en ningún lugar concreto de tus obras, sino en la suma de todos, sobrevolando lo tuyo, y que sin embargo, a pesar de no encontrarse en ningún lugar concreto de tu trabajo, identificamos como tú. Ahora que lo pienso, no creo que ningún creador sea capaz de conocerse así, de este modo; no existe ese espejo en el que mirar la obra propia y encontrar reflejado, con precisión, aquello que transmitimos que somos. Aunque tampoco debamos de obviar la existencia de cierta voluntad narcisista del creador que quiere desprender una ilusión precisa sobre sí mismo. Y sin embargo, todos sabemos a qué nos referimos cuando decimos Kurosawa, Chéjov, Miró, Rulfo, Bacon, Billy Wilder, Gelman, Kiarostami, Carver, Pollock, Kieslowski, John Ford, Kubrick, Bukowski, Valente, Coetzee… En cada uno de ellos reconocemos una suerte de halo creativo, un golpe de emoción que parece resumir el espíritu de toda su obra, o, al menos, el espíritu de aquellas obras emblemáticas suyas que hemos leído o visto y recordamos; aunque expresarlo sea un poco más difícil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el tema es, para indagar sobre ello entre creadores actuales, cómo planteárselo, qué preguntas formularles: ¿Qué es lo que más te importa, aquello que si consigues te das por satisfecho? ¿Hay algo de tu trabajo que estimes que es propio, marca de la casa? ¿En qué aspectos eres más radical, extremado? ¿Hay algo que, en términos absolutos, trascendentes, universales, desees transmitir sobre el mundo (o sobre ti mismo)? No sé, no sé, de cualquier manera, podríamos preguntarle a poetas, a narradores, a artistas plásticos, pero acaso sea más “divertido” empezar por algunos cineastas con película recién estrenada (o a punto de estrenar): nada más concreto y explícito que contar con imágenes y, paradójicamente, les preguntamos sobre aquello que no está, por lo que no es concreto porque queda en el aire, lo más etéreo de su cine. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://estaticos.20minutos.es/img2/recortes/2011/11/04/37159-392-550.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" kba="true" src="http://estaticos.20minutos.es/img2/recortes/2011/11/04/37159-392-550.jpg" width="228" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Benito Zambrano&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Benito Zambrano (Lebrija, 1965), director de “Solas”, “Padre coraje” y “Habana blues”, estrena “La voz dormida”. Y tal vez a estas alturas de su carrera, con tres películas y una miniserie en su haber, haya descubierto algo acerca de su identidad artística. Parece obvio que, en esos trabajos hay algunos aspectos en común –el melodrama las une, una extraordinaria dirección de actores también—, pero qué es lo que más le importa a Benito Zambrano, aquello que, si consigue, se da por satisfecho. El director se encuentra inmerso en la vorágine de la promoción de su nueva película, y encima se ha comprometido a rodar una publicidad durante esta semana, pero pone en busca y captura a su identidad como creador, y reflexiona: “Tal vez lo primero es que me importe la historia, me llene, me emocione, me estimule, porque eso me va a dar fuerzas para estar con esa historia a lo largo de varios años de trabajo. Eso cuando pienso en mí, hacia dentro; pensando hacia fuera, tiene que tratarse de algo que yo crea que merece ser contado, una historia que yo crea que la gente va a querer recibir”. Benito Zambrano duda cuando se plantea si hay algo en su cine que sea propio, marca de la casa. Pero enseguida se repone: “Si hay algo que me define es mi postura hacia lo que hago, mi compromiso con la historia y los personajes. Aunque sean personajes de ficción, para mí son, casi, como si fueran de verdad, y por eso soy muy respetuoso con su biografía y eso implica muchas cosas: no frivolizar con lo que les pasa, profundizar en sus problemas, tratar de comprenderlos. También porque entiendo que hablar de los personajes es, al mismo tiempo, hablar del ser humano, contar historias es eso: como poner un espejo delante de nosotros, un espejo en el que nos identifiquemos”. Tal vez por ello, en su cine todo está en función de los personajes: “Mi cine no es formal, en la forma sólo trato de ser simple, directo”. Y se considera radical y extremado en lo que concierne a la “verdad” que deben transmitir los actores: “Me puedo conformar con una luz que no me acabe de convencer, puedo pasar un decorado que no me satisfaga del todo, pero no puedo pasar una interpretación en la que yo no sienta que hay verdad. Mis películas son guión guión guión, y luego reparto reparto reparto. Nunca hablo de buenos y malos actores, sino de reparto adecuado para contar la historia”. Podemos colegir, pues, que eso que entendemos, tras apenas 4 trabajos, como una película de Benito Zambrano (y sorprende que haya conseguido transmitírnoslo enseguida, desde su primera película), se produce gracias a una combinación de la postura, las premisas y la radicalidad que nos expresa, pero, ¿habrá algo que quiera transmitir del mundo?: “Me gustaría pensar que las historias que cuento pueden hacernos un poco mejores personas, al menos a eso aspiro. Yo creo que, a través de la emoción siempre puede caber una esperanza de modificar algo. La cultura es eso, al menos debemos esperar mejorar la sociedad entera, por eso la cultura es política siempre”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-YUcjVD5uocI/TwwLc3qvnGI/AAAAAAAAADw/zkP2u8VKQrw/s1600/Fernando+Le%25C3%25B3n+Rodriguez%252C+foto+de+nicol%25C3%25A1s+Melini+2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" kba="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-YUcjVD5uocI/TwwLc3qvnGI/AAAAAAAAADw/zkP2u8VKQrw/s320/Fernando+Le%25C3%25B3n+Rodriguez%252C+foto+de+nicol%25C3%25A1s+Melini+2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;em&gt;Fernando León Rodríguez&lt;/em&gt; (Foto: Nicolás Melini)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Fernando León Rodríguez es un estimable guionista mexicano, muy premiado por “La ley de Herodes” –ya saben, “o te chingas o te jodes”—, Ariel al Mejor Guión en México; “El último tren” (Goya a la Mejor Película Hispanoanericana); y “De la infancia” (Mejor Guión en el Festival des Films du Monde 2010, Montreal), entre otras, que vive en España desde hace algunos años y, sin embargo, ha vuelto a México para rodar su primer largometraje como director: “La cebra”, acaso un western en lo formal, o “una de la revolución mexicana” en lo temático, contado todo ello con una fría y distante y sabia ironía que recuerda el mejor cine de los clásicos, pero sin héroes ni villanos sino todo lo contrario, seres mezquinos, pícaros, náufragos del desierto, ladrones y asesinos por supervivencia, con una moral y una ética a la medida de sus paupérrimas circunstancias vitales; una buena muestra de lo peor de la condición humana en la que es de reseñar actoralmente el soberbio papel secundario de un actor andaluz admirable: Julián Villagrán. Fernando León Rodríguez comienza diciendo que él se conforma con que sus guiones “queden al 70 %” de sus expectativas, con eso se siente satisfecho; que sólo espera que los directores le lean “con atención y, al menos, entiendan el guión”; y que, como director, sólo espera que “las variables luz-tiempo-sonido que había plasmado en el guión sean más o menos favorables en el set”: “¿Esperamos que pase la nube? ¡Callen a ese perro! ¡No quiero pagar horas extras al crew!”, lo ilustra. Se trata de respuestas evasivas de la cuestión identitaria, o que pretenden establecer una identidad propia lejos de cualquier pretensión autoral. Pero sí hay algo que asume como propio, marca de la casa: “En todos mis trabajos, sea guión o película, siempre hay un sueño o una alucinación, porque creo que el cine nos sirve para mostrar lo que no podemos ver en la cruda realidad”. Y, sin embargo, insiste en huir de cualquier pretensión: “Para transmitir cosas universales o trascendentes le paso la estafeta a poetas y filósofos. Yo nada más quiero contar algo que me entretenga y divierta. Si me entretiene y divierte a mí, que soy normal y corriente, tal vez a otros les guste también”. Afirma que no quiere transmitir nada de sí mismo, aunque lo dice así: “Pues no, aunque dicen que la personalidad de uno se transmite en las obras que uno hace. No sé”. Pero, ¿cómo se produce eso?, nos gustaría saber. Sin embargo no se nos escapa que ha concluido con un “no sé” que permite cualquier posibilidad, pero que, también, enfatiza su desinterés por el asunto. Es como si dijera: Esto es algo sobre lo que no quiero conocer, prescindo de ello sin ningún problema. Y deduzco que, de algún modo, quiere hacer bandera de ese desinterés por la autoría, pero también, que Fernando León Rodríguez es un profesional que confía en las pequeñas decisiones creativas con las que se va confeccionando una película, ya que al final estará ahí lo que deba estar, ni más ni menos; y, si entre lo que queda, alguien acaba por identificar al autor, pues bien, pero si no, también; planteamiento común entre cineastas que se identifican con la idea del cine como industria, muy propio de profesionales procedentes de un ámbito aledaño de la industria de Hollywood. Finalmente responde que aquello de su trabajo en lo que se comporta de un modo más radical es el guión, y sobre todo un aspecto de éste: “Busco que el guión sea lo más cerrado posible en cuanto a las posibilidades que tienen los personajes de moverse dentro de un relato. Ojo, dije cerrado, no perfecto. No hay guiones perfectos, si hay películas casi perfectas se debe a la suma de varios elementos: el guión, una idea del fotógrafo, una ocurrencia de un actor, etc.)” Nos consta que Fernando León Rodríguez es un trabajador incansable del guión cinematográfico, dedica la mayor parte de sus esfuerzos vitales a buscar la mejor solución para tal o cual trama, para tal o cual personaje de la historia que esté escribiendo. Estas palabras, por lo tanto, nos sugieren que el cineasta que es Fernando León Rodríguez se identifica, por encima de todas las cosas, con ese modo de elaborar, extremadamente, el guión, aunque, en nuestra pesquisa, tal vez debamos diferenciar entre cómo concibe él su identidad y ese golpe de poesía –inherente a la historia, los personajes y las imágenes— que nos transmite su primera película (algo que también percibimos como suyo en los guiones realizados por otros directores): una socarronería sutil mina “La cebra”; sus personajes, de tan marrulleros, provocan ternura, son rabiosamente humanos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-s8zOfyvh_Sg/TwwKI6YCnhI/AAAAAAAAADo/8xGXRB-buL4/s1600/RMS%255B1%255D+por+Javier+Fern%25C3%25A1ndez-Largo.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" kba="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-s8zOfyvh_Sg/TwwKI6YCnhI/AAAAAAAAADo/8xGXRB-buL4/s320/RMS%255B1%255D+por+Javier+Fern%25C3%25A1ndez-Largo.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;em&gt;Ricardo Menéndez Salmón &lt;/em&gt;(Foto: Javier Fernández Largo)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) es posiblemente uno de los novelistas más ambiciosos del actual panorama literario español. Cinceló su futuro, sin abrigar demasiadas esperanzas, publicando brevísimas novelas, joyas, en sellos independientes (Trea, KRK) de su Asturias natal: “Panóptico”, “La filosofía en invierno”, “Los arrebatados”, el libro de cuentos “Los caballos azules”; hasta que, de pronto, Seix Barral llamó a su puerta. Tras la publicación y el éxito de crítica y ventas de “La ofensa” colocó su siguiente libro de cuentos, “Gritar” (por cierto, uno de los mejores de los últimos tiempos), en otra editorial nacional, Lengua de Trapo, y continuó en Seix Barral su “Trilogía del mal”, primero con “El corrector” y finalmente con “Derrumbe”, que le confirmaron y consagraron como un autor de altura literaria y un valor seguro. Pero, por si no fuera poca la ambición literaria que muestra en todos estos libros, finalmente ha publicado una novela más ambiciosa aún –para que nos entendamos, en calidades de Pierre Michon—: “La luz es más antigua que el amor”. Ahora su editorial se dispone a rescatar todos sus primeros títulos, aquellos publicados en editoriales independientes de Asturias, devolviéndonos a aquellos interesantes orígenes. Pero, qué es lo que más le importa cuando escribe. Ricardo Menéndez Salmón responde con gran precisión: “Que la distancia entre lo que deseaba decir y su expresión en palabras sea lo menor posible. Que la página no traicione al pensamiento”. ¿Marcas de la casa?: “La convicción de que el lenguaje es un instrumento que, aspirando a revelar cierta verdad (la verdad innegociable del escritor, quiero decir), no debe renunciar jamás a la belleza”. ¿Trascendencia?: “Me interesa el sinsentido de la existencia. Afirmarlo, dejar constancia de él, cifrarlo negro sobre blanco. Y al tiempo me agrada explicarme a mí mismo como un hombre que, aceptando el sinsentido, no se resigna a él. Tengo la convicción íntima de que esa es la razón última de mi escritura. Escribir para no desesperar; escribir para no morir. Hallar en la escritura lo que ni la Historia, ni la religión, ni incluso la biología me han ofrecido”. Y, por último, ¿radicalidad?: “Creo ser brutalmente honesto como escritor. Puedo mentir a los demás y mentirme a mí mismo en la vida, pero nunca me engaño sobre el papel. Y si fracaso me atrevo a pensar que es siempre por un exceso de ambición, porque mi talento no estaba a la altura, jamás por la pobreza de las expectativas”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-9wVCoGXK4WY/TwwN6z036BI/AAAAAAAAAD4/XCH7zjtKv6A/s1600/Juan+Carlos+Chirinos+Chirinos_por_Daniel++Mordzinski_Paris_Oct_2010.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" kba="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-9wVCoGXK4WY/TwwN6z036BI/AAAAAAAAAD4/XCH7zjtKv6A/s320/Juan+Carlos+Chirinos+Chirinos_por_Daniel++Mordzinski_Paris_Oct_2010.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;em&gt;Juan Carlos Chirinos&lt;/em&gt; (Foto: Daniel Mordzinski)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Juan Carlos Chirinos (Valera, Venezuela, 1967) vino a España hace más de 10 años a hacer su doctorado en la Universidad de Salamanca, y luego se quedó, escribiendo entre nosotros sus libros de cuentos, sus novelas y sus libros históricos con una de las prosas más cultas que podemos encontrar en las letras hispanas; una escritura actual y viva que, sin embargo, podemos entender que se debe, entre otras cosas, a su gran conocimiento de los clásicos griegos y latinos. Así en sus libros de cuentos “Leerse los gatos” y “Homero haciendo Zapping”, en su novela “El niño malo cuenta hasta cien y se retira”, o en sus narraciones divulgativas, “La reina de los cuatro nombres: Olimpia, madre de Alejandro Magno”, por ejemplo. Le abordamos en el café Comercial de Madrid, al término de la presentación de su nueva novela, “Nochebosque”, una deliciosa historia de terror que entrevera sutilmente el cuento de Caperucita con Drácula: “Lo que más me importa cuando escribo, aunque parezca trivial, es la eufonía. Si lo que he escrito "me suena" bien, estoy satisfecho. Y aquí "sonar" va más allá de que la frase sea agradable o los vocablos bonitos. No. El texto que produzca tiene que parecerme el óptimo de su especie”. Cuando le preguntamos por cualquier distintivo de su literatura, algo marca de la casa, responde con un lacónico: “No especialmente; ¿tal vez la sistemática eliminación de la palabra "todo"?” Pero le recordamos algo que ha comentado durante la presentación: “Ah, sí, puede ser, los video juegos” (no dice “vídeo” sino video, mejor no lo “normalicemos”, por favor) “han influido en mi manera de escribir. Me gusta tanto jugar a videos, de toda la vida, que lo mismo que en los videos puede haber una puerta, y puedes hacer que tu avatar se adentre por ella, o no, y si te adentras se abre de pronto un mundo de posibilidades que, si no hubieses entrado, no hubieses conocido pero no hubiese importado porque hubieses conocido otras que por haber tomado esa dirección te estás perdiendo; en mi literatura puedo hacer esto con un montón de cosas, por ejemplo un nombre de un personaje. Por eso les pongo nombres raros, nombres que llamen la atención del lector, nombres que pueden significar algo que añada algún sentido al relato, pero que no sea imprescindible conocer para entender la novela. Así, un lector puede sentir curiosidad e ir a Wikipedia y ver si tal o cual nombre significa algo, y, si va allí y lo estudia, tal vez descubra, por decirlo de algún modo, otra dimensión de lo que está leyendo; pero si no lo hace, no pasa nada, sigue leyendo encantado de la vida. Quiero decir que no es lo mismo que hacen esos autores plastas que llenan sus textos de referencias cultas para hacer que el lector se sienta ignorante, por debajo (y de paso él sentirse por encima), es todo lo contrario”. Sobre algo universal que le importe transmitir comenta: “Esto no lo he verbalizado nunca; pero creo que si debiera elegir algo que quiero significar cada vez que escribo sería esto: que la ficción y el mundo real están unidos por frágiles ligamentos, que no hay relación efectiva entre uno y otro salvo por las palabras que los describen y que es allí donde estamos parados los escritores”. Es más extremado en dos cosas: “La corrección del texto; lo que ha de ser borrado será borrado. Y las decisiones literarias; sólo las tomo yo, y nadie más”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://imagenes.publico.es/resources/archivos/2011/11/8/1320708868272moraisdn.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" kba="true" src="http://imagenes.publico.es/resources/archivos/2011/11/8/1320708868272moraisdn.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Alberto Morais&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Alberto Morais (35 años, nacido en Valladolid y educado en Valencia), acaba de realizar su segundo largometraje, “Las olas”, película que aún no se estrenará en España pero ya ha ganado el festival de Moscú y continúa su periplo por festivales internacionales como el de Londres. Si en “Un lugar en el cine”, su primer largometraje (documental), Alberto Morais reunió a Víctor Erice y Theo Angelopoulos en torno a la figura de Pier Paolo Pasolini, indagando acerca de la “resistencia y el compromiso cinematográficos”, “Las olas” cumple con unas palabras lúcidas del cineasta griego, palabras pronunciadas justo durante una de las entrevistas de ese documental, en la playa de Ostia, el lugar donde fue asesinado Pasolini: “Dialogar con la historia es dialogar con uno mismo”. Diríase que para Alberto Morais, con tan sólo dos muestras cinematográficas y de distinto género cinematográfico en su haber, el cine –su cine— es una indagación en la realidad, o (en sus palabras y refiriéndose a este nuevo trabajo): “Un intento de articular un diálogo entre una actualidad de huellas borradas y un pasado individual que se proyecta necesariamente en lo colectivo”. Y prosigue: “Entiendo el cine como una herramienta –moral y de conocimiento— que tiene una virtud singular, y que se arraiga en lo que Pasolini expresó de forma certera: “El cine es el lenguaje escrito de la realidad”. Esta afirmación, anclada hasta el tuétano en el espíritu de ese movimiento difuso y vivo que fue el neorrealismo, y que tanto nos ha dado, es quizá lo más cercano que puedo estar de cierto concepto de identidad respecto a lo que hago, tal y como me preguntas”. “Las olas” narra el viaje de un anciano, que acaba de perder a su mujer (toma de “Solas”, de Benito Zambrano, la presencia del actor Carlos Álvarez-Novoa), de vuelta a una playa del sureste de Francia, Argelès, hoy convertida en agradable lugar vacacional, pero que en su día fue un demoledor campo de concentración para medio millón de almas (españoles, ingleses, yugoslavos, polacos, norteamericanos, franceses…), y al que el anciano sobrevivió milagrosamente, un horror silenciado por él mismo –“dormido”, dice Alberto Morais— a lo largo de toda su vida. “El cine es capaz de acercarnos, convertir historias individuales en experiencias universales. Hoy, de todos modos, el cine (o, mejor dicho, ese cine al que aludí antes) está en la obligación de recuperar un espacio, el social, que fue connatural a su existencia, y que ahora está en trance de desaparecer”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;em&gt;Publicado en el número 19 de la revista&lt;/em&gt; El rapto de Europa&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;em&gt;y&amp;nbsp;en&lt;/em&gt; El Perseguidor&lt;em&gt;, suplemento cultural de&lt;/em&gt; Diario de Avisos&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-2074362075828998312?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/2074362075828998312/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2012/01/impronta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/2074362075828998312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/2074362075828998312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2012/01/impronta.html' title='IMPRONTA'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-YUcjVD5uocI/TwwLc3qvnGI/AAAAAAAAADw/zkP2u8VKQrw/s72-c/Fernando+Le%25C3%25B3n+Rodriguez%252C+foto+de+nicol%25C3%25A1s+Melini+2.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-3069822842363903144</id><published>2012-01-03T17:26:00.000-08:00</published><updated>2012-01-04T03:02:46.956-08:00</updated><title type='text'>ES MORENA</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Es morena, gitana rumana, su madre mendiga sentada en la acera con la espalda en la fachada de la entidad bancaria de ahí enfrente, al otro lado de esta calle ancha, y a su padre lo he visto recorriendo los alrededores, registrando los contenedores de papel. Un día, a unos metros del portal de casa, me lo encontré sujetando los tobillos de alguien cuyo cuerpo desaparecía en la boca de uno de esos contenedores. Era su hija. Ella, afanándose por alcanzar el fondo del contenedor que la engullía, rescatando papel y cartón atrás, para que su padre lo cogiera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque ya no es una niña de la edad de los niños que juegan en este parque infantil, últimamente me la encuentro en el columpio, a cualquier hora, balanceándose como si hubiese perdido algo en ese balanceo y quisiera recuperarlo. Al principio venía cuando no había nadie. Evitaba encontrarse con estas gentes de un barrio bien de Madrid, junto al estadio Santiago Bernabeu. Sola se columpiaba feliz, se dejaba llevar, todo su cuerpo atrás y adelante. Pero, en cuanto llegaba alguien, se cohibía desconfiada en su balanceo, temerosa de que le llamaran la atención. Se sentía tan incómoda que —tras descender el ritmo y la alegría de su balanceo y observar un rato a los niños pequeños y a los adultos que habían llegado— abandonaba el columpio y se alejaba a buen paso, si no corriendo, fuera del parque. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es domingo. El parque para niños y las terrazas de verano para los adultos se encuentran repletos de estas gentes de una clase privilegiada con sus niños pequeños. Acaso haya cuatrocientas o quinientas personas, aunque no lo parezca, entre adultos y niños. Los primeros toman cañas y conversan entre sí sin dejar de echar un ojo a sus hijos, y los segundos van y vienen entre sus juegos y el reclamo de la atención de sus padres. En la arena del parque, entre columpios, sogas y toboganes, puede atisbarse algún que otro juguete (sobre todo palas y cazos de plástico); otros niños, un poco mayores, rodean el parque infantil con sus bicis y patines; y al fondo, lejos, un buen grupo corre tras un balón. Ella se balancea en el columpio, se encuentra rodeada de niños más pequeños y parece contenta, feliz de no haber recibido llamada de atención alguna, contenta de sentirse, casi, una más. Nadie la mira, nadie repara en ella, a pesar de ser mayor —una mujercita—, a pesar de que su madre pida ahí enfrente, al otro lado de esta ancha calle, y su padre rebusque en los contenedores de basura en busca del papel para reciclar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su lado, en el columpio contiguo al que ella ocupa, se balancea un niño pequeño. Ahora, el niño pequeño decide dejarlo e intenta bajarse, y como no puede él solo, le pide ayuda. Ella comprende, desciende, lo coge en un abrazo y lo deposita en el suelo, sin temor a que nadie le diga nada, en cierto modo ufana porque es útil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he llevado una alegría. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me pregunto si observar a estas gentes, encontrarse entre ellas, compartir con ellas este espacio, le servirá de algo en el transcurso de su vida; si será tan lista (porque lo parece cuando observa) que sepa extraer algún tipo de conocimiento de haber estado aquí. No sé… Es un deseo, mi imaginación vuela hasta una mujer futura, una de esas extraordinarias personas que consiguen dar pasos en sus vidas que, normalmente, se producen sólo&amp;nbsp;después de&amp;nbsp;varias generaciones.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-3069822842363903144?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/3069822842363903144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2012/01/es-morena.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/3069822842363903144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/3069822842363903144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2012/01/es-morena.html' title='ES MORENA'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-3091660098261547571</id><published>2011-12-12T02:31:00.000-08:00</published><updated>2011-12-12T11:54:41.318-08:00</updated><title type='text'>Sobre la financiación cultural y la instrumentalización de la cultura</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;INDEPENDENCE DAY&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; line-height: 150%;"&gt;Me ha pasado recientemente que ni he visto determinada película ni he leído determinada novela porque hay algo (¿un prejuicio, tal vez?) que me disuade de hacerlo. Lo haré, tarde o temprano, pero no he corrido ni a la librería ni a la sala, tal vez porque en cada cosa que he leído u oído sobre novela y película pareciera que no se trata ni de cine ni de literatura, sino de política. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;Vivimos un tiempo en el que todo se instrumentaliza para los intereses de quienes se encuentran en la carrera por la obtención del poder. También es un tiempo en que muchos creadores pareciera que inventan con afán de ser instrumentalizados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno no puede dejar de preguntarse por tanto empeño creador ofrecido gratuitamente, en bandeja, a quienes pelean a diario por conseguir o conservar sus cuotas de poder. Todo ese anhelo de “utilidad” de quienes se dicen artistas, pero además de ser “útiles” a determinado partido o ideología. Todo ese deseo de “servir” –“servir” en la acepción militar, militante, del término—. Servir para algo, a algo. Acaso por convicción ideológica, acaso por interés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Artistas que utilizan sus obras para decirle al público en qué bando se encuentran; que se ilusionan con la idea de haber contribuido a que gobiernen unos u otros; ¿acaso para vivir la fantasía de formar parte de ese poder?, ¿si no para “solicitar” que ese poder les adopte, ampare, difunda?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://fcom.us.es/fcomblogs/vazquezmedel/files/2011/11/jose-saramago1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" mda="true" src="http://fcom.us.es/fcomblogs/vazquezmedel/files/2011/11/jose-saramago1.jpg" width="229" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;José Saramago&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La instrumentalización y el quererse instrumentalizado, ¿de qué signo político es? Y esa alineación del arte con el poder, ¿a qué ideología corresponde? El acto en sí de instrumentalizar el arte desde el poder o de entregar el propio arte al poder para que lo instrumentalice, dónde lo situamos, ¿en la izquierda o en la derecha del espectro político? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dónde situar ideológicamente al que crea una obra, a conciencia, para adherirse a determinado grupo de poder (independientemente de que el grupo de poder sea más o menos “progresista”, “liberal”, “reaccionario”, “democrático”, “dictatorial”, “nacionalista”, “de izquierdas”, “de derechas”?)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; line-height: 150%;"&gt;Estoy casi seguro de que estaré de acuerdo con lo fundamental de la novela o la película omitidas. Pero es que eso, en lo artístico, ¿no es lo de menos?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Times;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;No digo que el acto de escribir o hacer cine no sea un acto ideológico, y político, por activa y por pasiva. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, no cuestiono el que cualquier creador diga a través de su obra no sólo lo que piensa, sino lo que quiera (faltaría más). Los artistas siempre, en todas las épocas y en todos los lugares, han querido ser libres de crear y decir, y también han necesitado todo tipo de apoyos más o menos interesados para poder crear y decir lo que quieren. Grupos de poder de toda índole han necesitado en todo tiempo y lugar de cierto glamur artístico para la consecución de sus objetivos. Y los artistas se han visto siempre en la tesitura de legitimar con sus obras a unos, cuando no de denunciar a los otros; de ofrecer contenido ideológico a unos, cuando no de arrojarlo contra los otros. Eso no debería de suponer ningún problema (aunque resulte feo cuando es demasiado evidente que lo llevan a cabo para recibir algún tipo de prebenda). Haciéndolo encontrarán el favor de quienes comulgan con el mismo partido y las mismas ideas, y se enfrentarán a la reprobación de quienes se encuentren en el bando contrario. Son los gajes de entrar en política, de meterse en medio del pin pan pun de la carrera por el poder. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que se “presten” tiene sus contraprestaciones, pero también supone un sacrificio. Por otro lado, al menos en el caso de España, no deja de formar parte del juego democrático, lo que entraña también cierto grado de “servicio” al conjunto de la sociedad. Otra cosa es que nuestra democracia sea suficiente, en un país con pocos partidos y tantos medios de comunicación en sintonía con cada uno de ellos. Significándose políticamente, defendiendo las ideas de su partido, muchos creadores sirven al conjunto de la sociedad, pero lo hacen en la misma medida que tantos medios de comunicación más o menos adscritos a defender a unos y fustigar a los otros. La libertad de expresión, utilizada así, deja muy poco resquicio a la libertad. Y la independencia de los artistas se alista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://mujer.orange.es/UpImages/3394/alejandro_amenabar_873b162843d1111f79ae83940.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" mda="true" src="http://mujer.orange.es/UpImages/3394/alejandro_amenabar_873b162843d1111f79ae83940.jpg" width="204" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Alejandro Amenabar&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;A los simpatizantes de un partido les molestará que determinado artista se declare partidario del otro, y viceversa, y unos y otros tratarán de echar por tierra las obras de los artistas que se significan políticamente, los acusarán de hacerlo por interés y no por convicción, sacarán miles de querellas contra ellos, y considerarán inaceptable su actitud. En medio, unos aturdidos espectadores, zarandeados por las opiniones de unos y otros, se preguntarán por qué si el trabajo de los artistas es llevar a cabo magníficas creaciones, sin embargo, se ven con tanta frecuencia envueltos en asuntos que poco parecen tener que ver con el arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez olviden qué legitimaba Miguel Ángel cuando representaba el Juicio Final en la Capilla Sixtina; a qué músicos instrumentalizó el nacional socialismo de Hitler; a quién y qué se adhiere Steven Spielberg cuando sitúa una bandera en momentos emotivos de una de sus películas; y acaso no se hayan preguntado nunca qué de todo lo que reciben en su vida autores como Vargas Llosa, Juan Goytisolo, Manuel Rivas, Juan Manuel de Prada, lo obtienen por la calidad de sus obras o por representar y ejercer cierta influencia ideológica; por prestarse, “servir”, ser más o menos “útiles”, significarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el paso del tiempo, sin embargo, el arte permanece según los logros artísticos que atesoren las obras. Su instrumentalización por parte de unos y otros, el deseo o la necesidad de ser instrumentalizados de sus propios creadores, acaba careciendo de importancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero también hay que recordar que contamos con numerosos ejemplos de artistas que no se han dejado instrumentalizar por ningún grupo de poder, que se han sacudido de encima cualquier intento de instrumentalizarles a ellos y a sus obras. Artistas independientes, irreductibles, insumisos; comprometidos sólo con el arte, la creación, su obra; que salieron y salen adelante a expensas de cualquier tipo de paraguas más o menos poderoso. Es justo que recordemos que también es y debería ser cada vez más posible no prestarse, poder llevar a cabo el trabajo de creador sin tener que entrar ni en la política de más allá ni en la política de más acá. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si reducimos este asunto, desde el punto de vista de los artistas, a una cuestión de dinero, hay dos tipos de inversores posibles cuando se trata de mucho capital: dinero que busca obtener sólo más dinero (y entonces, tantas veces, lo que se alienta es una completa trivialización del producto cultural, para que este llegue al mayor número de consumidores posible); y dinero con pretensiones de hacer más dinero, pero diciendo de paso algo acerca del grupo de poder que financia, cuando no de sus adversarios. No me cabe la menor duda de que ambos dos condicionan a los artistas que “negocian” las características de su obra con ellos, pero también supongo que quienes deciden entrar en el juego es porque quieren. E, independientemente de dónde provenga la financiación y por qué o para qué, la obra maestra es posible. Siempre es posible hacer buena cultura con independencia de dónde provenga la financiación y por qué. La posibilidad de venderse como artista y de vender el propio arte nunca faltará a los artistas. Siempre y cuando su coherencia personal se los permita y todo lo demás les importe un pimiento, la posibilidad se encuentra ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaso lo que nos deba preocupar, por tanto, es que quienes se comprometen más con su faceta artística que con el dinero o las causas de los grupos de poder no tengan las mismas oportunidades de financiación. Claro que para eso debería de estar el Estado. El Estado y los distintos Gobiernos e instituciones del Estado. Quienes manejan los hilos de la democracia y tienen atribuida una notable capacidad financiera a través de los impuestos deberían democratizar el acceso a la financiación de la cultura. Pero no. Porque, al menos en este país, los partidos políticos utilizan el dinero público en beneficio propio. Y de qué manera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://nivel22.com/img/nivel22/2009/05/steven.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="192" mda="true" src="http://nivel22.com/img/nivel22/2009/05/steven.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Steven Spielberg&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Me comentaba una amiga cineasta en estos días, que, haciendo un informe para una entidad gubernamental acerca de la producción cinematográfica en Hispanoamérica (las nuevas vías de financiación, etc.), empezó a encontrarse con que muchas de las películas hispanoamericanas recientes estaban provistas de un lenguaje cinematográfico específico (planos muy largos, tempo sostenido). Extrañada por la coincidencia, se preguntó a qué se debería. Cuando comprobó de dónde provenía la financiación para desarrollar los proyectos de esas películas lo comprendió todo: el festival de cine de Sundance se ha convertido en uno de los máximos promotores de los proyectos hispanoamericanos, hasta el punto de influir en el lenguaje cinematográfico de sus películas. Pues bien, del mismo modo, muchos gobiernos autonómicos de España influyen en la producción cultural de sus comunidades, generando una suerte de estética, una imaginería, un clima en las creaciones que, emocionalmente, vincule obras artísticas con supuestas señas de identidad y con el partido político que gobierna. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es curioso observar cómo, tras unos pocos años de democracia, los respectivos gobiernos de las distintas comunidades autónomas (algunos de los cuales han conservado el poder prácticamente todo este tiempo) han conseguido que “lo cultural” en su tierra desprenda un determinado aroma, suene de determinada manera, se presente con determinadas formas y colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creaciones con vocación de símbolo identitario desde el momento de nacer, por financiación. (Y que no se entienda esto como un juicio de valor, pues queda dicho que con independencia de quién financie, la obra maestra siempre es posible). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la Comunidad de Madrid, sin embargo, no es así. Pero es que esa es otra historia. En la capital se libra la principal batalla por el poder entre los dos partidos más poderosos, que no pretenden gobernar sólo en la comunidad, sino en todo el país. Lo cual les obliga a “ser de todas las comunidades”, cuando no a apuntarse por momentos a otro nacionalismo, el español. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dinero público, a fin de cuentas, utilizado para el beneficio propio –una de las peores lacras que sufrimos en este país, no sólo en el campo de la creación—, en vez de para el interés general de los ciudadanos, en este caso, los ciudadanos que son los artistas que necesitan esa financiación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No parece previsible que quienes pelean por obtener y conservar cuotas de poder desde la política y todo tipo de organizaciones privadas y gubernamentales vayan a dejar tranquilos, en paz, a los artistas. Tampoco parece que muchos artistas estén tan deseosos de que quienes pelean por sus cuotas de poder les dejen “completamente” en paz. Los artistas independientes de verdad son marginados fácilmente, proscritos, desclasados, poco promocionados. Lo peor: muchos, por no arrimarse a ningún grupo de poder para obtener financiación, se inhiben. Y la inhibición de cualquier miembro de la sociedad es una de las cosas que más tristeza debería provocarnos. Es un fracaso político y social. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las ayudas públicas a la creación y la cultura (paupérrimas en relación con cualquier otra partida presupuestaria) democratizan mínimamente el acceso a cierta cantidad de financiación por parte de los artistas. De no existir, los artistas tendrían que acudir sí o sí a entidades privadas con infinidad de intereses. Y sin embargo, cada vez más, por culpa de la mala gestión política que se hace de esos pequeños fondos de financiación, los artistas y su actividad quedan en entredicho, son cuestionados, caen en descrédito, se estigmatizan como “subvencionados”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.fotogramas.es/var/ezflow_site/storage/images/noticias/proyectos/jose-luis-garci-rodara-la-regenta-en-3d/3974460-3-esl-ES/Jose-Luis-Garci-rodara-La-Regenta-en-3D_reportaje.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" mda="true" src="http://www.fotogramas.es/var/ezflow_site/storage/images/noticias/proyectos/jose-luis-garci-rodara-la-regenta-en-3d/3974460-3-esl-ES/Jose-Luis-Garci-rodara-La-Regenta-en-3D_reportaje.jpg" width="220" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;José Luis Garci&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Claro que, hablando de luchas por el poder, una de las mayores que estamos padeciendo es la de quienes abogan por un mayor liberalismo económico en oposición a la intervención –según un modelo más o menos social-demócrata— del Estado en todos los sectores de la economía, incluso en el de la cultura. Estos (el mercado todo lo regula) no quieren subvenciones, las subvenciones les dan asco, las demonizan, se las arrojan a la cara a sus oponentes. Podría decirse que ven al Estado como una competencia desleal contra el resto de los grupos de poder. Si no hubiese subvenciones –el arte en manos de los intereses del capital— en las obras irían sólo las banderas que el poder económico quisiera, y esa es una gran herramienta de control de los artistas en particular y de la sociedad en general. Y sin embargo el modelo social-demócrata de intervención en la economía lo utilizan todos los partidos políticos de este país cuando se encuentran en el poder, sean del signo político que sean, pues ni siquiera los partidos que abogan por un mayor liberalismo económico están dispuestos a dejar escapar la posibilidad de influir en la cultura en beneficio propio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojalá desistieran, todos. Las subvenciones, bien administradas, concedidas por comisiones políticamente independientes, posibilitan que cualquiera, sin pertenecer a nada, pueda obtener algo de financiación para sus proyectos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;em&gt;Publicado en La Mancha&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;número 24, noviembre de 2009&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-3091660098261547571?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/3091660098261547571/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/12/sobre-la-financiacion-cultural-y-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/3091660098261547571'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/3091660098261547571'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/12/sobre-la-financiacion-cultural-y-la.html' title='Sobre la financiación cultural y la instrumentalización de la cultura'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-325337599613484774</id><published>2011-08-14T11:49:00.000-07:00</published><updated>2011-11-26T12:25:32.350-08:00</updated><title type='text'>VENTANA</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;div closure_uid_cpc96a="98"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_cpc96a="196" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.angularproducciones.com/wp-content/uploads/2011/02/hijo.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" naa="true" src="http://www.angularproducciones.com/wp-content/uploads/2011/02/hijo.jpg" width="225" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_cpc96a="196" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Cartel de &lt;/em&gt;Hijo&lt;em&gt; (2005)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_cpc96a="98"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_cpc96a="98"&gt;Me pasé parte de 2004 y 2005 buscando una ventana. Bueno, la porción que se vería a través de ella; su recuadro de cielo, campo y carretera… El cine tiene estas cosas. Normalmente quieres algo más o menos preciso y a menudo no resulta nada sencillo encontrarlo. Para localizar ese vano recorrí gran parte de la isla de La Palma, algunos lugares del extrarradio de Madrid y amplias zonas de La Sierra y la meseta castellana. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_i4wphw="98"&gt;En el 2000 había escrito un cuento, Hijo, que transcurría íntegramente en el dormitorio de una casa. Al pensar en adaptarlo e imaginar la puesta en escena pude escoger el camino más literal y lógico, rodarlo en una habitación real, una que ya existiera, si acaso decorada para la ocasión. Pero la imaginación se me fue un poco más lejos. Me gusta cuando el proceso creativo del cine no se detiene en el ejercicio de poner en pie lo que está en el papel. Aunque esa sea la forma (industrial) habitual, escribir y luego acertar al representar lo escrito –con todo el buen saber hacer, el oficio, que ello implica—, también cabe la posibilidad de no interrumpir en el guión el proceso creativo de la historia, y continuar tomando decisiones de calado artístico sobre esta durante el resto del proceso, rodaje y posproducción, sin miedo a dejar atrás el texto para llegar a otro sitio, un lugar desconocido cuando comenzó la aventura. Tal vez por eso, al imaginar el cuento aquel en la pantalla –su puesta en escena—, las paredes de la habitación se exhibían con unos ángulos poco convencionales respecto del eje de cámara, en fuga hacia una ventana en la que podía atisbarse una luz muy particular justo antes de la noche; y, en el vano de ésta, una carretera que descendía en dirección a la casa en la que se encontraba la protagonista; las luces de un coche –o varios— a pesar de que aún no es de noche del todo. Todo esto hacía impensable la posibilidad de encontrar la habitación con las paredes, con la ventana, con el paisaje orientado perfectamente. Construiríamos un decorado a la medida de lo imaginado. En la ventana, durante el tiempo que durase la acción, retro proyectaríamos aquel paisaje con carretera, con algún coche que descendiera en dirección a la ventana. Pero había que encontrar el paisaje y filmarlo. Un lío maravilloso. Hacer muchos kilómetros con la mirada aguzada en todas las direcciones, pues la ventana podría estar en cualquier sitio, “ser” cualquier lugar. Era como encontrar algo en el aire, y al paso. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;A mi hermana le pedí que me condujese por medianías de la isla. Fueron muchos los lugares que inspeccioné y grabé. Pero, a menudo, para que la carretera entrara reconocible en cuadro, y lo recorriese de arriba abajo, debía filmarla desde lo alto, y yo imaginaba aquella carretera descendiendo hacia cámara. Luego, en Madrid, con el equipo, recorrimos carreteras, visitamos pueblos, buscamos zonas donde hubiera casas aisladas, zonas en las que la carretera descendiera una depresión del terreno, lugares próximos a algún lago o embalse. No me pregunten dónde estuvimos, porque siempre que viajo me dejo llevar y nunca presto mucha atención a los nombres de los sitios por los que paso. Además, en esta ocasión iba buscando una ventana, un vano aéreo a través del cual se atisbara lo que quería retro proyectar en la habitación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_i4wphw="100"&gt;En nuestra tercera o cuarta excursión, me ensimismé un buen rato mientras nos alejábamos y descendíamos una carretera inhóspita, como engullida por un secarral: no podía evitarlo, rumiaba la posibilidad de una ventana que había&amp;nbsp;atisbado a la salida del último pueblo que habíamos abandonado veinte minutos antes. No había dicho nada en el momento, y, por ello, mientras intentaba casar en mi cerebro lo imaginado y la imagen que podría rodar en aquel lugar, me sentía cada vez más intranquilo –y todos parecían inquietos, preguntándose qué me pasaba– porque nos alejábamos inexorablemente del lugar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Por fin les pedí que diéramos la vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_cpc96a="118"&gt;A la entrada –antes salida del pueblo—, había un gran terreno con algo de hierba y unos caballos. Desde la acera junto a la que aparcamos el coche, apenas había que saltar una pequeña pared de piedras de medio metro de altura para adentrarnos en éste. A la derecha, una hilera de adosados nuevos nos daban la espalda. Y en frente, desde una montaña lejana, casi en el horizonte, descendía una autovía, surcando de izquierda a derecha y de arriba a abajo la ventana imaginaria. El plano, por óptica, habría que hacerlo adentrándonos unos sesenta o setenta metros en el terreno, caminando en la dirección de la autovía. Y, por supuesto, ese día entramos (siempre es bueno averiguar si alguien te va a llamar la atención, salir de dudas sobre si el lugar es problemático, averiguar a quién hay que pedir permiso para el día del rodaje) e hicimos pruebas en vídeo. Luego regresamos en otras dos ocasiones y lo rodamos en HD, uno (a modo de nueva prueba, donde descubrimos que podía merecer la pena elevar unos metros la posición de la cámara, por lo que haría falta llevar un andamio), y en 35 mm. (ya con andamio), otro. &lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_cpc96a="118"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_cpc96a="118"&gt;&lt;div closure_uid_i4wphw="99"&gt;Como tenía en mente una habitación determinada, con unas paredes en unos ángulos precisos, trabajé la puesta en escena con un director de arte capaz de emplear un programa informático en 3D y simular el decorado (con personaje incluso) según la posición de la cámara y los puntos de luz. Así sabríamos la longitud exacta de las paredes, la posición de los muebles y de la actriz. Podíamos también simular cómo parecería todo ello en los planos más amplios, en los más cortos, en los medios, agregando la información de la posición de la cámara y&amp;nbsp;la óptica que utilizaríamos. Todo esto nos vendría muy bien a la hora de construir el decorado. Para ahorrarnos un poco de financiación,&amp;nbsp;fabricamos la habitación&amp;nbsp;en un estudio (demasiado pequeño para el rodaje ya que, por la retro proyección, además de los metros de la habitación, necesitábamos otro tanto para disponer el proyector a la distancia adecuada de la ventana) de unas amigas co productoras. Luego lo sacamos, desmontado, por las ventanas del estudio, que se encontraba en una segunda planta, lo cargamos en un camión y lo llevamos al contratado para el rodaje. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Al fin nos encontrábamos en el set. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_cpc96a="200"&gt;&lt;div closure_uid_i4wphw="101"&gt;Mientras levantábamos las paredes de la habitación (las pintábamos, colocábamos el atrezo, etc.) dos proyectores –uno de cine, otro de HD–&amp;nbsp;competían a ver cuál de los dos proyectaría finalmente la imagen de la ventana. A priori nos gustaba la idea de que fuese el de cine, a la manera clásica, pero comparándolos me gustó más la proyección en HD. Aquello nos llevó una tarde entera de pruebas y comprobaciones, que el director de fotografía aprovechó&amp;nbsp;para colocar la iluminación de la escena con directrices hopperianas y de &lt;em&gt;París, Texas&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_cpc96a="201"&gt;&lt;div closure_uid_i4wphw="102"&gt;No recuerdo cómo, unas horas antes de la hora establecida para el inicio del rodaje, me encontré completamente solo en el estudio. No había nadie.&amp;nbsp;La nave&amp;nbsp;con sus techos altos y su espacio sin columnas ni obstáculos más que el pequeño decorado en su interior, las luces, la cámara de 35 mm. dispuesta en el trípode, muda. Observé el decorado ya listo. Aún faltaba algún detalle nimio, cosas que sólo yo podía saber. Las paredes de la habitación no guardaban la exacta angulación con la ventana. Era una cuestión estética que, no sé por qué, me resultaba esencial; uno de los elementos que me habían llevado a hacer todo de aquella manera tan (maravillosamente) complicada. Comprobé que las paredes se sostenían apenas entre sí mediante unas bisagras. Aunque se trataba de paños grandes de madera, paredes con todas sus dimensiones, pensé que, tal vez, yo mismo, yo solo, podría moverlas lo suficiente como para obtener la posición exacta que quería. Fui al extremo de una, tiré un poco de ella hacia arriba y luego hacia un lado apenas 10 o 20 cm., y me alejé para comprobar que se encontraba donde deseaba y que el resultado sobre el conjunto de la puesta en escena era el que perseguía desde hacía meses en mi imaginación. Y así me entretuve un buen rato, mientras esperaba que llegaran los actores y el equipo. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_cpc96a="203"&gt;&lt;div closure_uid_i4wphw="103"&gt;&lt;div closure_uid_7gfjzc="98"&gt;Pues bien, tras el fallecimiento de mi madre, unos años después de aquel rodaje, ordenando sus cosas en el chalé en el que vivió hasta el final, encontré una fotografía de los tiempos de nuestra niñez. Se trataba de una foto de la cocina de nuestra primera casa propia, aquella que habité entre mis 5 y mis 15 años. Mi abuelo Alcides en una escena cotidiana. Venía de visita y se sentaba en la ventana a fumar parsimonioso mirando al exterior, la carretera. La carretera descendía hasta una curva justo allí delante de casa, tan próxima la curva que en la foto quedaba oculta bajo la ventana. Eran la carretera y la curva de nuestros juegos peligrosos de la infancia,&amp;nbsp;y la ventana desde la que mi madre nos vigilaba y nos llamaba o regañaba. Las paredes de la cocina (revestidas de unos azulejos setentosamente barrocos que ya había olvidado) guardaban una angulación muy particular con la ventana, en fuga hacia esta. Pero no digo que hubiese podido rodar el corto en aquella cocina, no es eso.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-325337599613484774?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/325337599613484774/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/08/ventana.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/325337599613484774'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/325337599613484774'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/08/ventana.html' title='VENTANA'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-2464319140868752711</id><published>2011-08-13T09:45:00.000-07:00</published><updated>2011-08-19T14:45:15.801-07:00</updated><title type='text'>ES UN PROBLEMA ÉTICO</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;div closure_uid_setyuu="121"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_setyuu="133" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_setyuu="133" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://cdn.zancada.com/wp-content/imagenes/LA.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="211" naa="true" src="http://cdn.zancada.com/wp-content/imagenes/LA.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_setyuu="133" closure_uid_z8tj30="112" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Fotograma de&lt;/em&gt; La vida soñada de los ángeles&lt;em&gt;, de Eric Zonca&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_7gh9h3="99" closure_uid_setyuu="174" closure_uid_ucnd8n="98" closure_uid_z8tj30="108"&gt;&lt;em&gt;El buen cine es buena literatura.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Ángel Fernández Santos&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_7gh9h3="100"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_ucnd8n="97"&gt;&lt;div closure_uid_cuhi2q="97"&gt;&lt;div closure_uid_q9fye0="97"&gt;&lt;div closure_uid_7gh9h3="98"&gt;&lt;div closure_uid_9q37o3="98"&gt;&lt;div closure_uid_dbor2o="97"&gt;No tengo problema con que exista un tipo de cine o literatura abonado a lo zafio. Tengo problema, sólo, con que le concedamos consideración. El cine que se exhibe en las salas comerciales ha caminado siempre en la dirección de la rentabilidad económica (tal vez porque, además, suele costar un capital nada desdeñable), hasta el punto que hoy, me parece, es batalla perdida. El tipo de películas destinado al circuito comercial hace 70 años con vocación de gustar (esos maravillosos clásicos), hoy, ya no es viable. Ahora resulta imposible dirigir o producir cine para las salas comerciales sin perpetrar sobre el proyecto un enorme número de concesiones; la cabeza puesta, por ejemplo, en&amp;nbsp;qué publicitar, la taquilla y la venta a las televisiones. Mientras, otro tipo de cine, de compromiso ético artístico con el propio medio, se ha quedado fuera de las salas; esto es al margen de revistas, periódicos y televisores; ninguneado, fuera de consideración por parte de la sociedad. Situándonos en uno de los&amp;nbsp;extremos, en España, Santiago Segura y su “Torrente” han obtenido una gran consideración sólo por cuestiones económicas, nada que ver con su apuesta artística, su aportación cinematográfica, etc. Se habla de que él solo es capaz de maquillar, positivamente, “las cifras” de la industria del cine español, permitiendo a algunos profesionales tener trabajo. Los medios están encantados con la publicidad que contrata “Torrente”, lo mismo que están encantados con la publicidad del cine de Hollywood. Resulta muy complicado evitar establecer una relación entre el valor cinematográfico que le confieren y el beneficio económico que reciben. Es un problema ético. “Me gusta, es bueno, merece atención… acaso porque me da dinero”. También habría una versión un poco más cínica: "No me gusta, no es bueno, pero da dinero". Poco a poco este tipo de "pensamiento" ha ido moldeando los gustos de la sociedad. En periódicos y revistas y televisiones debe de resultarles un tanto incómodo publicitar una obra y, al mismo tiempo, desde la exigencia crítica, cuestionarla; es normal que, poco a poco, vayan limando las diferencias entre las obras que rentan publicitariamente y las que reciben consideración crítica en las mismas páginas y programas televisivos. Muchas personas son incapaces, ahora, de considerar mínimamente una película que no haya obtenido una gran repercusión en salas comerciales y en los medios de comunicación. Muchos de nosotros guardamos nuestra más alta estima para aquellas películas que, habiéndose estrenado en salas comerciales, no han incurrido en tantas estrategias&amp;nbsp;de comercio&amp;nbsp;como la mayoría. Pero incluso nosotros mismos somos incapaces de considerar un cine que no llega a las salas y los televisores (si difícilmente lo podemos ver), a pesar de que, en algunos casos, es más acorde con la literatura que defendemos. &lt;strong closure_uid_6bm0y4="98"&gt;Me parece, pues, importante, que comprendamos que el mundo de la literatura no está, ni mucho menos, donde se encuentra el mundo del cine, aunque sea cierto que demasiados síntomas apuntan a que vamos hacia allí.&lt;/strong&gt; Cada vez con mayor frecuencia editores, periodistas culturales, críticos, ofrecen consideración a productos literarios por razones que nada tienen que ver con la literatura. Cada vez más editoriales –que antes presumían de cierta excelencia literaria— juegan a dos bandas. Afortunadamente, el mercado español es demasiado pequeño y los libros más vendidos no pueden ofrecer tantísima más publicidad que el resto, lo cual, pienso, ha contenido esta deriva. Pero aún así, se nota (en periódicos, revistas y librerías). Y tantísimos escritores se apuntan ya a eso: la calidad literaria pierde glamur frente a quienes venden. Todos quieren publicar en los principales sellos, llegar a muchos lectores, recibir atención crítica en los principales suplementos y revistas. Por todo ello, yo diría que más nos vale&amp;nbsp;insistir en que se considere lo que merece la pena y no lo que resulta rentable a estos, porque, de lo contrario, aquello que debe tener nuestra mayor consideración acabará proscrito, fuera de comercio; apartado, incluso, de la posibilidad de consideración; desconsiderado, incluso, por quienes ahora le concedemos la mayor estima. Escribía Ángel Fernández Santos que “el buen cine es buena literatura”. Así lo fue con aquellos maravillosos clásicos y así lo es con el mejor cine contemporáneo. No es que buen cine y buena literatura sean la misma cosa. No es que se pudieran sustituir. Pero atesoran la misma complejidad y riqueza de matices, y desprenden la misma indeleble poesía. Sin embargo, &lt;strong closure_uid_as2od8="97"&gt;esta deriva por razones económicas nos ha convertido ya en unos espectadores muy raros respecto de los lectores que somos: aún nos gusta de la literatura lo que ya no soportamos en el cine. &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-2464319140868752711?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/2464319140868752711/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/08/es-un-problema-etico.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/2464319140868752711'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/2464319140868752711'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/08/es-un-problema-etico.html' title='ES UN PROBLEMA ÉTICO'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-5156431865325558029</id><published>2011-08-12T15:02:00.000-07:00</published><updated>2011-08-12T15:37:49.087-07:00</updated><title type='text'>BREVE NOTA SOBRE CINE Y LITERATURA</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_iq2ify="133" closure_uid_jntbtb="136" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_jntbtb="136" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a closure_uid_jntbtb="137" href="http://img01.lavanguardia.com/2011/03/14/Azul-de-Krzysztof-Kieslowski_54127256762_51347059679_342_226.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="211" naa="true" src="http://img01.lavanguardia.com/2011/03/14/Azul-de-Krzysztof-Kieslowski_54127256762_51347059679_342_226.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_i5m8kr="98" closure_uid_jntbtb="136" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Azul&lt;/em&gt; (Krzysztof Kieslowski)&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" closure_uid_jntbtb="116" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; vertical-align: top;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" closure_uid_jntbtb="116" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; vertical-align: top;"&gt;&lt;span closure_uid_jntbtb="112" style="font-family: &amp;quot;Garamond&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;em&gt;Conseguir que quien lee, aun leyendo palabras, viva una historia.&lt;/em&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" closure_uid_jntbtb="116" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt; vertical-align: top;"&gt;&lt;span closure_uid_jntbtb="112" closure_uid_qnplb0="97" style="font-family: &amp;quot;Garamond&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;Es que muchas veces me preguntan por la relación entre lo que escribo y lo que he dirigido de cine, mis cortos. Parece ser que hay lectores que se maravillan al encontrar, en mis trabajos, imágenes que les parecen cinematográficas, y eso les hace pensar que mi literatura bebe o es deudora del cine. Yo siempre recuerdo que, antes del nacimiento del cine, la literatura ya producía imágenes muy poderosas (cuántas en el Cantar de Mio Cid, Don Quijote, El Lazarillo...) En realidad, literatura y cine, aun coincidiendo en una misma persona, se transmiten mediante lenguajes que muy poco tienen que ver. No hay más que observar, cuando uno se pone a ello, lo difícil que resulta transmitir la misma emoción por medio de ambos, si además se hace pretendiendo tocar las mismas teclas. También es verdad que durante gran parte del siglo XX (el siglo del cine, el siglo del espectáculo cinematográfico), muchos escritores han hecho publicidad de sus novelas aduciendo inusitadas propiedades cinematográficas, como si sólo así se pudiera captar el interés del lector, o sea a través de su evidente interés por la imagen. Lo mismo podríamos decir de tantos escritores que refieren, al presentar sus novelas, un entretenimiento similar que ante una película. Se trata, tantas veces, de escritores arribistas empequeñecidos por la visión de las masas ante las puertas de los cines y los televisores. Yo creo que en el siglo XXI bien podríamos deshacernos de este tipo de complejos. Y empezar a conferirle a la literatura sus verdaderas y específicas y muy anteriores propiedades, lo cual nos ayudará también a distinguir con nitidez qué de la literatura del siglo XX ha sido realmente influenciado por el cine, qué sería aquello que no existiría en literatura hoy si no fuera por el cine.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-5156431865325558029?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/5156431865325558029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/08/breve-nota-sobre-cine-y-literatura.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/5156431865325558029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/5156431865325558029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/08/breve-nota-sobre-cine-y-literatura.html' title='BREVE NOTA SOBRE CINE Y LITERATURA'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-2625787784800769783</id><published>2011-07-24T09:49:00.000-07:00</published><updated>2011-07-24T14:39:23.740-07:00</updated><title type='text'>ESCRIBIR NARRATIVA EN CANARIAS DURANTE LOS NOVENTA</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;br /&gt;Nicolás Melini &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_opka2y="149" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-06LqTU_CKys/TiyKtlaILpI/AAAAAAAAADM/MIrvaIC2D-k/s1600/Anelio+Rodr%25C3%25ADguez+Concepci%25C3%25B3n.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="202" src="http://3.bp.blogspot.com/-06LqTU_CKys/TiyKtlaILpI/AAAAAAAAADM/MIrvaIC2D-k/s320/Anelio+Rodr%25C3%25ADguez+Concepci%25C3%25B3n.JPG" t$="true" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_opka2y="149" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em closure_uid_opka2y="152"&gt;Anelio Rodríguez Concepción&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;En 1995 escribí mi primera novela publicada, “El futbolista asesino” (a los 25 años). Permítanme una reflexión, que creo necesaria llegado este punto, 15 años después, sobre algunas de las decisiones –estéticas, narrativas—, que personalmente hube de tomar entonces. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_biectx="124"&gt;&lt;div closure_uid_267qai="106"&gt;De todos es sabido que en Canarias se produjo un boom narrativo en los 70, con autores fundamentales de nuestra literatura: Isaac de Vega, Rafael Arozarena, Juan Manuel García Ramos, Luis Alemany, Juan Cruz, etc. Este impulso narrativo no tuvo tal vez la continuidad en los 80 y 90 que algunos críticos hubiesen querido, pero no deja de ser un hito de la literatura de las islas y algunos de aquellos autores, si no todos, son de una importancia innegable en la tradición literaria insular. Para el joven escritor en ciernes que yo era a mediados de los 90, no resultaba sencillo obviar que estos autores conformaban ya un canon. Aunque el boom había pasado y los años 70 quedaban 15 años atrás, se percibía cierta nostalgia de aquellos años, los principales autores surgidos en los 80 habían tomado el testigo con veneración hacia las obras y los autores aquellos, abundando, desarrollando, una estética deudora de la de sus libros; similares estrategias narrativas que algunas de aquellas obras, “Mararía”, “Fetasa”, “Guad”, “Los puercos de Circe” o “Retrato de la nada hecha pedazos”. Fueron unos años 80 de consolidación del nacionalismo, de entronización de “lo nuestro”, de ensimismamiento, de vuelta constante a aquellos narrativos años 70, al tiempo que el país, España, cambió mucho, el sector editorial nacional también, y la Historia se aceleró (¿acaso no va cada vez más rápido?). Algunos de aquellos narradores de los 70 persistieron, con innegable coherencia, en sus postulados estéticos (Isaac de Vega), otros emigraron y se incorporaron a la industria editorial, con todo lo que ello podía comportar (J.J. Armas Marcelo, Juan Cruz). &lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_267qai="106"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a closure_uid_267qai="117" href="http://alexisravelo.canariblogs.com/files/Campos-Herrero1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://alexisravelo.canariblogs.com/files/Campos-Herrero1.jpg" t$="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_267qai="138" closure_uid_vnkh08="97" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Dolores Campos Herrero&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_267qai="138" closure_uid_vnkh08="97" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;De tal modo que ser un joven escritor canario en ciernes en los primeros años 90 suponía, evidentemente, unos riesgos. Había que tomar decisiones muy serias respecto de qué tipo de literatura se quería o no llevar a cabo. Entre los de mi generación, Víctor Álamo de la Rosa optó, publicando su primera novela, “El humilladero” (1993), por continuar aquella breve tradición literaria insular que había tenido su boom en los 70. Yo debí evadirme, desmarcarme de ella. Lo cual no significa menospreciarla, muy al contrario. Creo que el sólo hecho de haber tenido que tomar una decisión hacia el futuro en reacción con aquella literatura ya le confiere suficiente consideración. En cualquier caso, no me resulta sencillo obviar esa reacción cuando, hoy en día, me explico por qué escribí así “El futbolista asesino” (ni otra cosa ni de otra manera). Debo reconocer que anidaba en mí un deseo –animadversión— de ruptura, aunque desde luego no podía estar seguro de que existiese tal posibilidad con una novela como aquella. Tampoco aproveché, cuando salió publicada, para señalar esa intención, publicitar la novela según aquel impulso. Era algo que me importaba en términos de decisión creativa, nunca como posibilidad publicitaria. Por supuesto que era joven y quería destacar, diferenciarme, definirme, singularizarme, mostrarme genuino en aquel entorno, pero eso ha de hacerse con lo escrito, con la obra. En cualquier caso, aunque se tratara de una decisión estética que sólo intervino en el primer impulso creativo (un revulsivo), para dar paso luego, en la escritura, a lo que de verdad importa en esa novela, creo que algunas de las sensaciones que me producía –de manera muy general— la narrativa insular en aquel momento no dejan de atesorar cierto grado de verdad. 1) Intuitivamente, percibía un agotamiento de aquel “movimiento” literario canario. 2) Intuitivamente, percibía que, entre los poquitos lectores que estábamos involucrados en aquella literatura, ya deseábamos que se abriesen las opciones. 3) Como lector, y aún reconociendo la calidad de muchas de aquellas obras, no era aquella la literatura que me entusiasmaba. 4) Como escritor no me veía impelido a continuar con aquello, es más, intuía que mis aptitudes serían mejor aprovechadas continuando otra tradición. 5) Como ciudadano de las islas (justo las acababa de abandonar) el cuerpo me pedía cambio, algo distinto, regeneración, y estaba convencido de que era lo que le hacía falta a la literatura de las islas en aquel momento. &lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_biectx="147"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.canariasactual.com/wp-content/uploads/2011/05/victor-alamo.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://www.canariasactual.com/wp-content/uploads/2011/05/victor-alamo.jpg" t$="true" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" closure_uid_biectx="147"&gt;&lt;em&gt;Victor Álamo de la Rosa﻿&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_biectx="147"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_biectx="158"&gt;&lt;div closure_uid_jicfxz="111"&gt;En términos muy generales, encontraba la narrativa precedente demasiado rural, y, tal vez por eso, “El futbolista asesino” resulta urbana (incluso cuando tiene lugar en una urbe tan pequeña como Santa Cruz de La Palma). Encontraba la narrativa escrita hasta entonces demasiado retórica, y a mí me seducían más Salinger, Bukowski, el Cela de “La familia de Pascual Duarte”, el Camus de “El extranjero”, el primer Paul Auster, Raymond Carver, Barry Giford, Martin Amis, que eran los escritores que leía por entonces. Además, no me interesaba en absoluto construir ficciones en el pasado insular. Aunque comprendía que había sido muy necesario, acaso indispensable, para la sociedad de las islas, construir ese imaginario por medio de una serie de novelas, echaba en falta, como lector, el imaginario insular presente, historias que sucedieran en las islas en aquel (y este) preciso instante, con su particular combinación de urbanidad-ruralidad, y la modernidad ecléctica y polifónica que caracteriza una sociedad muy singular, periférica de occidente, y por lo tanto rica en referentes literarios, cinematográficos, culturales en general (arquitectura, pintura, fotografía, televisión). &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_biectx="160"&gt;&lt;div closure_uid_b7gfmq="108"&gt;Era inevitable, supongo. Estaba en el aire. De hecho, visto ahora con cierta perspectiva y contemplando todo lo sucedido literariamente en las islas a lo largo de la década del 2000, el panorama literario insular ha experimentado un cambio notable en relación con la literatura más emblemática de aquellos 70 (y 80 y 90), tal como se refleja en la obra de los autores literarios más recientes, entre los que se encuentran Anelio Rodríguez Concepción, Álvaro Marcos Arvelo, Bruno Mesa, JRamallo, Gabriel Cruz, Santiago Gil, José Luis Correa y Alexis Ravelo (por citar algunos). En términos generales, los nuevos autores literarios estamos imponiendo la narración (muchas veces recurrimos al género) sobre lo experimental, poético o retórico. La mayoría carecemos de complejos a la hora de ubicar nuestras historias en un espacio-tiempo actual, ya sea de Canarias o de cualquier otro lugar. La escritura de la mayoría de nosotros no bebe directamente de la tradición construida por los autores que nos han precedido en las islas (como sucedía en los principales autores surgidos en los 80), lo cual se percibe hasta en el lenguaje, cuando no en la evidencia de que incorporamos a nuestras letras, con más o menos naturalidad, otras tradiciones literarias. &lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_b7gfmq="108"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_b7gfmq="122" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://narradorescanariosactuales.files.wordpress.com/2011/05/bruno.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="236" src="http://narradorescanariosactuales.files.wordpress.com/2011/05/bruno.jpg" t$="true" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_b7gfmq="122" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Bruno Mesa&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_b7gfmq="108"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_jicfxz="124" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://narradorescanariosactuales.files.wordpress.com/2011/06/c3a1lvaro.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://narradorescanariosactuales.files.wordpress.com/2011/06/c3a1lvaro.jpg" t$="true" width="244" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_jicfxz="124" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Álvaro Marcos Arvelo&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_jicfxz="124" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;No tengo hecho el estudio (ni creo que deba ser mi cometido) que nos permitiría ofrecer una serie de títulos inicio de este cambio en la narrativa insular, pero, personalmente, lo comencé a sentir en “Basora” (1989), libro de cuentos de Dolores Campos-Herrero –una autora que se instaló en esta diferencia en todos sus libros publicados a lo largo de los 90 y la década del 2000, hasta su desaparición—. Y me llama la atención cómo este cambio se ha dado en la obra de Luis León Barreto, en su evolución desde principios de los 80 hasta hoy, porque pareciera que los postulados de cada nueva obra se van modificando, a veces, en concordancia con los tiempos que literariamente parecen tocar en cada momento. Sin introducir rangos cualitativos, el resto de los autores surgidos en los ochenta no parecen haber tenido la misma evolución: ni Sabas Martín, ni Agustín Díaz Pacheco, ni Víctor Ramírez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_b7gfmq="125"&gt;&lt;div closure_uid_qnsw1k="98"&gt;&lt;div closure_uid_nnpr7g="98"&gt;Añadiré que no creo que nada de esto sea mejor ni peor que lo precedente. Es, simplemente, cómo se está dando. No caigamos en la tentación de percibir la Historia como una mejora en el tiempo. A unos gustará más, y a otros, menos. A unos les parecerá que es lo que toca y a otros les parecerá que no. Por mi parte añadir que creo que aquellas decisiones que hube de tomar en mitad de los 90, al enfrentar la escritura de “El futbolista asesino”, en la actualidad, ya no es necesario tomarlas. (Al menos no seré yo quien, a los 40, vuelva a librar las mismas batallas que a los 25). Curiosamente es Víctor Álamo de la Rosa –el autor de nuestra generación que se decantó claramente por&amp;nbsp;el camino más regionalista de nuestra literatura—, el que ha obtenido más difusión en el exterior; sea porque ha incidido&amp;nbsp;como&amp;nbsp;nadie en el género mejor difundido, la novela; por su actitud mucho más combativa a la hora de llevar sus libros a editoriales nacionales y de otros países; o, también, y por qué no, porque ser el único autor que está haciendo un determinado tipo de libros (singularidad, especificidad) despeja competidores en determinados ámbitos. Lo cierto es que, creo, tampoco caben maniqueísmos cualitativos con estas cosas, independientemente de que nos pueda agradar más una propuesta estética, narrativa, literaria, que otras.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_b7gfmq="125"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_b7gfmq="125"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_b7gfmq="135" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.canariassocial.com/images/k2/items/cache/67dfaa6e5f31dd6abb534718f7287a9b_XL.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://www.canariassocial.com/images/k2/items/cache/67dfaa6e5f31dd6abb534718f7287a9b_XL.jpg" t$="true" width="204" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" closure_uid_b7gfmq="127"&gt;&lt;em&gt;Alexis Ravelo﻿&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_b7gfmq="127"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_jicfxz="110"&gt;Pienso que ahora, tal vez, nos encontramos en el momento centrífugo de insertar nuestra literatura en la del resto del país-lengua. Tengo la sensación de que, a diferencia de aquel movimiento centrípeto de los 70, los nuevos narradores tienen la ambición de actuar e influir en el canon nacional –un canon nacional complejo, en el que vienen interviniendo con naturalidad muchos autores de las literaturas hispanoamericanas—, y no se resignan a hacerlo sólo en un canon insular al margen de todo. Lo cual no comporta menos ni menores complicaciones que las que enfrentaron nuestros predecesores. Obligados estamos a realizar numerosas decisiones estéticas en una Historia de la Literatura que se mueve cada vez con mayor velocidad, exigiendo mayor atención aún en un terreno, además, mucho más vasto; el vastísimo terreno de la literatura en español.&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_jicfxz="97"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Diario de Avisos, suplemento El Perseguidor, Sábado, 23 de julio de 2011&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-2625787784800769783?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/2625787784800769783/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/07/escribir-narrativa-en-canarias-durante.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/2625787784800769783'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/2625787784800769783'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/07/escribir-narrativa-en-canarias-durante.html' title='ESCRIBIR NARRATIVA EN CANARIAS DURANTE LOS NOVENTA'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-06LqTU_CKys/TiyKtlaILpI/AAAAAAAAADM/MIrvaIC2D-k/s72-c/Anelio+Rodr%25C3%25ADguez+Concepci%25C3%25B3n.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-6032404751895012262</id><published>2011-07-22T09:51:00.000-07:00</published><updated>2011-07-22T10:04:18.065-07:00</updated><title type='text'>COBARDES Y VALIENTES</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;div closure_uid_h1xvu1="96"&gt;&lt;div closure_uid_i943jv="106"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div closure_uid_i943jv="106"&gt;Tanto en cine como en literatura, nos enseñan a estructurar las narraciones: no nos enseñan a evitar estructurarlas más de lo que queremos. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Y es indispensable para contar y transmitir según qué cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div closure_uid_h1xvu1="98"&gt;Tantas veces nos dejamos llevar por una estructura más o menos eficaz sólo por temor: temor a aburrir, miedo a no imprimirle al relato la suficiente intensidad; preocupación porque no se entienda; pavor a que nos consideren pedantes, especiales, distintos; histeria ante la posibilidad de no agradar. A veces nos metemos en una espiral que nos lleva a estructurar más de lo que quisiéramos, sólo por cobardía.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Pienso en algunos grandes del cine y la literatura, y no puedo más que admirarme de su capacidad para defenderse del miedo que nos iguala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-6032404751895012262?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/6032404751895012262/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/07/cobardes-y-valientes.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/6032404751895012262'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/6032404751895012262'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/07/cobardes-y-valientes.html' title='COBARDES Y VALIENTES'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-2869803392245680336</id><published>2011-07-19T07:07:00.000-07:00</published><updated>2011-07-19T18:14:15.553-07:00</updated><title type='text'>SOY UN AGUAFIESTAS</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://solparatodas.files.wordpress.com/2008/10/o_especulacion-urbanistica-el-roto-1.gif" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="237" m$="true" src="http://solparatodas.files.wordpress.com/2008/10/o_especulacion-urbanistica-el-roto-1.gif" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Os vamos a seguir atacando el euro, sabemos que aún podéis pagar más por vuestra deuda&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre he sentido una suerte de estupor ante la idea de la especulación. Algo que está mal no puede traer nada bueno. Algunos, sin embargo, opinan “qué tendrá de malo ganar un poco de dinero”. Un poco o, si es posible, mejor mucho. O sea, que soy un moralista y un aguafiestas. ¿Será verdad? El tinglado está montado, básicamente, para democratizar la posibilidad de especular. Es como si nos dijeran que, si no especulamos, somos unos pringados. Y, de hecho, una enorme cantidad de gente acaba especulando en mayor o menor medida, y encantados de obtener un beneficio rápido y fácil. Cualquiera se niega. Cuando cualquier empresa obtiene un cierto volumen, sale a bolsa y se considera el sumun; a partir de ese momento todos podemos, si queremos, tratar de especular “sobre” ella. Claro que, bien o –mejor— mal mirado, nos encontramos en una crisis económica producida precisamente por la especulación financiera y por la especulación con el precio de la vivienda (2 tipos de especulación con millones de operaciones especulativas). Qué tendrá de malo ganar un poco de dinero. La gente se va al paro mientras siguen especulando con todos nosotros, ahora por medio de agencias de calificación que generan incertidumbre sobre la capacidad de nuestro país para devolver su deuda (una forma sencillita de que quienes adquieran esa deuda obtengan mayores beneficios). Es una fiesta. Un tanto caníbal, para mi gusto, pero… La gente se va al paro, sufre, la economía va mal, pero unos pocos se dan el festín. Pringados los primeros, claro, y vivos los segundos: qué habrá de malo en ser un vivo. Ser un vivo es bueno, y ser un pringado, malo. Y sin embargo, ¿no sería posible delimitar los aspectos perniciosos de este sistema económico? ¿Por qué estamos obligados a aceptar este capitalismo financiero en todo su "esplendor", burbujas especulativas incluidas? ¿Y si, simplemente, aboliésemos la especulación? O le fabricáramos un corral: los que quieran festines financieros, entren ahí, y déjenos en paz a todos los demás. Ahora que lo pienso: es tremenda mi vocación de aguafiestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-jMJa6mIc7_k/TfecayacSxI/AAAAAAAAD6g/lrG9P-vodIc/s1600/especulacion4.gif" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="234" m$="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-jMJa6mIc7_k/TfecayacSxI/AAAAAAAAD6g/lrG9P-vodIc/s320/especulacion4.gif" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Llegar a pobres&amp;nbsp;nos costó&amp;nbsp;lo suyo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-2869803392245680336?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/2869803392245680336/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/07/soy-un-aguafiestas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/2869803392245680336'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/2869803392245680336'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/07/soy-un-aguafiestas.html' title='SOY UN AGUAFIESTAS'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-jMJa6mIc7_k/TfecayacSxI/AAAAAAAAD6g/lrG9P-vodIc/s72-c/especulacion4.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-6892042891065086388</id><published>2011-07-04T10:36:00.000-07:00</published><updated>2011-08-13T16:08:50.852-07:00</updated><title type='text'>MIS SENTIMIENTOS</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: left;"&gt;&lt;em&gt;Nicolás Melini&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_wne0bf="97" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://janmi.com/wp-content/uploads/2010/07/dos-prostitutas.gif" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="225" i$="true" src="http://janmi.com/wp-content/uploads/2010/07/dos-prostitutas.gif" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_wne0bf="97" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" closure_uid_wne0bf="97" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;strong closure_uid_9v26gz="98"&gt;El fotógrafo Alexis w es partidario de que las prostitutas obtengan unas condiciones laborales dignas, y por eso ha realizado una serie fotográfica, que expone en el CAAM, consistente en retratos de prostitutas con el rostro oculto tras una careta decorada por ellas mismas, como las que se ponen cuando salen a la calle a manifestarse. Para el catálogo nos ha pedido a muchos un texto relacionado con la prostitución. Este es el mío, un cuento.&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Prefiero la Casa de Campo. Me resulta más cómodo. Hay variedad. Me doy un paseo con el coche antes de regresar a casa y siempre encuentro lo que busco. Es lo más rápido y lo más cómodo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez, el corazón se me salía del pecho. Fue muy excitante. En cuanto tomé la decisión de irme para allá, el corazón empezó a latirme desbocado: tenía miedo, pero el miedo me excitaba aún más. Temía que alguien me descubriera, alguien conocido; o que mi mujer se diese cuenta; también temía que me pasara algo; o que me fuera mal; y temía también la reacción de la otra persona ante mí. Mientras descendía despacio por la calle –y luego ya por la Casa de Campo, adentrándome cada vez más en la oscuridad, hasta alcanzar la llanura—, apenas podía respirar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aquella primera vez, la excitación fue disminuyendo poco a poco. Sabía que Clara, en casa, no podía imaginar que yo pudiera pasar por la Casa de Campo, a tener sexo con una prostituta, después de salir del trabajo. También me tranquilizó mucho observar que, en la Casa de Campo, mi coche no llamaba la atención. Abundaban los coches como el mío. Me gustó saber que no era un bicho raro. Además, eso significaba que se trataba de un lugar seguro. Nadie se atrevería a acercarse al coche mientras me encontrara aparcado en cualquier sitio, entre los árboles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que ahora, desde hace ya algún tiempo, hay días que salgo de la oficina, cojo el coche y, cuando llego a Cuatro Caminos, unas veces sigo para casa y, otras –a veces ni lo premedito— tiro para abajo. Sólo he de tener cuidado con los condones. Con mi mujer nunca los he utilizado. Así que si me los encontrara… Pero he descubierto un lugar perfecto para esconderlos sin peligro de que los descubra, ni queriendo ni por accidente. Un lugar en el coche, a mano (en el volante). Bajo el distintivo de Audi hay un compartimento y me caben hasta cuatro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez probé con una negra, africana. Nunca había estado con una. Me picaba la curiosidad. Y bien. Fue muy fría conmigo. Metódica. Dejando claro en todo momento cuál era la naturaleza de nuestro intercambio. Me fascinó descubrir que por dentro de aquella piel oscurísima había una vulva rosada, color carne. Y me sentí absolutamente descolocado con el contacto duro, atlético, de su cuerpo. Me resultaba impracticable, más aún en el coche. Pero me corrí, de pronto. No es que me corriese rápido. Sino que nunca me había sobrevenido un orgasmo así, por sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo he ido comprendiendo que los días que he currado bien, que he conseguido algo importante, o complicado, me apetece más pasar por allí. Es como si esos días me dijera que me merezco un rato agradable, correrme. A mí me encanta mi mujer. También en la cama. Sin embargo, un día me sorprendí al volante –ya en lo alto de Cuatro Caminos—, deliberando entre la posibilidad de seguir para casa y hacerlo con ella, o desviarme… Regresar a casa e iniciar todo el tránsito amoroso me dio una pereza horrorosa. Sin embargo, dirigirme hacia la Casa de Campo a ver a quién me encontraba por allí, conocido o por conocer, me resultó de lo más apetecible. El dinero no es ningún problema. Es muy barato. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He estado con hispanas, con mulatas, con negras de ambos lados del atlántico… Pero me encantan las del este, por sus tipitos y por su acento y por su trato, nada meloso, sin engaños ni hipocresías como en el caso de las latinas; menos clásico, más moderno. Durante un tiempo hubo una que me volvía loco. La buscaba. En alguna ocasión que no la encontré, seguí para casa. Algunos de los mejores polvos que he echado con mi mujer se los debemos a ella, a la polaca. Irina me ponía tanto que, si no la encontraba, no dejaba escapar a Clara. Me trastornaba. En alguna ocasión me insinuó que podríamos vernos fuera de la Casa de Campo y, la verdad, es algo que lamento que no se produjera. Me hubiese encantado verla en un piso. Follar con ella en una cama. Incluso le hubiese pagado algo más. Luego probé con algunas más de su zona (rusas, rumanas, otras polacas) a ver si era lo mismo y podía pasar un poco de ella. No quería engancharme. La rechacé un par de veces y escogí alguna otra. Cuando me fui a dar cuenta, la había perdido de vista, no la vi más. El día que me di cuenta me entristecí por un instante, como quien comprende que algo se ha acabado, que esa persona ha salido de tu vida, para siempre, y ya nada volverá a ser como antes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, por entonces ya había algo que me hacía saltar el corazón de nuevo, como la primera vez que me dirigí hacia allí: cada vez que pasaba por determinada bifurcación miraba hacia el fondo de la carretera que nunca había tomado, y allí atisbaba a los transexuales. Hasta entonces me había dicho que no me gustaban. Yo era un hombre. Me gustaban las tías. Pero algo me decía que aquello no era un asunto donde la virilidad tuviera nada que ver. Continuamente veía pasar hacia allá a tipos como yo, con su Audi, su BMW, su Mercedes. Un día me dije que no pasaba nada por ir con el coche y echar un vistazo de cerca. En cuanto tomé la bifurcación, el corazón se me aceleró y comprendí que quería probar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No soy un hombre que se corra fácilmente. Es por la operación de fimosis. Me la hicieron tarde, a los 12 años, y yo creo que de un modo tal que siento un poquito menos que los demás tíos. Esto, al principio, cuando era muy jovencito, era una gozada, porque podía estar dándole un buen rato, y fardar mucho con las chicas. Pero, con el tiempo, con la edad –voy para 54— me está resultando un fastidio. Me gustaría llegar antes y sin tanto esfuerzo físico. En cualquier caso –a lo que voy—, apenas ha habido alguna mujer que haya conseguido que me corra en su boca. Se cansan antes. Entonces les digo que sigan con la mano. Muchas me sorprenden y son muy buenas con la mano, la lubrican bien con su saliva, son hábiles, expertas. Pero otras tantas son torpes y resulta frustrante tener que decirles que lo dejen sin siquiera haber llegado. Con mi primera transexual, sin embargo, fue espectacular. No sólo consiguió que me corriese en su boca, me arrancó un grito de placer. Se llamaba Margó. No lo olvidaré. Le pedí que me explicara cómo lo había hecho y me dio mucha rabia no acabar de entender lo que decía. Su portugués (era brasileña, o brasileño, no sé qué decir respecto del género de los transexuales) y su falta de educación e inteligencia convertían sus palabras en inteligibles para mí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cuento publicado en el libro Hetaria, catálogo de la exposición de Alexis w en el CAAM.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Y46w1rIwmUU/TBK-wXhlQnI/AAAAAAAABXM/xFrDMj4Rnik/s1600/laventana+indiscreta.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" i$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/_Y46w1rIwmUU/TBK-wXhlQnI/AAAAAAAABXM/xFrDMj4Rnik/s320/laventana+indiscreta.jpg" width="213" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Alexis w&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-6892042891065086388?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/6892042891065086388/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/07/mis-sentimientos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/6892042891065086388'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/6892042891065086388'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/07/mis-sentimientos.html' title='MIS SENTIMIENTOS'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Y46w1rIwmUU/TBK-wXhlQnI/AAAAAAAABXM/xFrDMj4Rnik/s72-c/laventana+indiscreta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-5394583838848171965</id><published>2011-01-22T07:10:00.000-08:00</published><updated>2011-01-23T17:18:03.872-08:00</updated><title type='text'>Sobre la subsistencia de los escritores</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: #444444; font-size: large;"&gt;LOS QUE ESCRIBEN&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: blue; font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Nicolás Melini&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las palabras que voy a pronunciar aquí, sobre la subsistencia de los escritores, no sé si serán certeras o no. Sigo el hilo de una argumentación de la que descreo tanto como de la realidad que parece haberse impuesto respecto de este tema. Hablo desde el escepticismo absoluto, sólo por cuestionar, y, si así lo quieren, desde un cierto cinismo que a veces me parece sano. Así que, si el hilo argumental les cabrea, sigan leyendo, a bien seguro será más sabroso. En cualquier caso quedan advertidos de la naturaleza de mi cátedra, que en algún momento expresaré con la convicción de un creyente, aunque mi fervor no sea más que la máxima expresión de una duda, espero que razonable.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El de escritor es uno de los oficios que está planteado en términos de mayor liberalismo económico. Se supone que el escritor debe vivir de las ventas de sus libros. Lo cierto es que tan sólo un ridículo número de escritores vive de las ventas de sus libros, y que la inmensa mayoría se ve abocado a tomar un trabajo y realizar las labores de su oficio (leer y escribir) en horas robadas a su tiempo de descanso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con suerte, con el tiempo, algunos consiguen “vivir de la literatura”, es decir, de pequeñas ofertas de trabajo alrededor de la publicación de sus libros: artículos en prensa, conferencias, talleres literarios, algún recital o lectura remunerados, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He conocido a estupendos escritores que han tomado empleos como el de operador de telefonía o cuidador de ancianos en la necesidad de conseguir algún dinero para su subsistencia. Los escritores se ven obligados a desempeñarse en los trabajos más variados; son profesores, periodistas, programadores culturales, trabajan en el mundo editorial; pero también hay casos de porteros de finca, celadores de hospital, guías turísticos, y, además de el largo etcétera que debería seguir, gentes que más o menos subsisten como pueden para poder disponer del tiempo suficiente y escribir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la otra mano, el escritor o escritora tiene la opción de ingresar en el mundo de las publicaciones periódicas, “trabajar escribiendo” para (en los ratos libres) escribir sus libros. Y esto parecería el paradigma de la independencia y el éxito social y profesional. Escribir en la prensa, salir en la televisión… Todo ello alza considerablemente las posibilidades de vender algún que otro libro más, y, en cualquier caso, por esta vía el escritor o escritora obtiene una gran consideración, en calidad de escritor (aunque lo que esté haciendo sea otra cosa). Sin embargo, con toda probabilidad deberá manifestarse en defensa de las ideas de un partido político y en contra de las de otro. Y si bien muchos escritores aceptan esto (escribir y manifestarse al servicio de) como un mal menor, lo cierto es que, incluso cuando defiendan a un partido con cuyas ideas estén absolutamente de acuerdo, y se opongan a las de otro cuyas ideas no compartan en absoluto, no dejan de convertirse en una suerte de mercenarios (de columna en columna y de plató en plató), además de postergar a un segundo término su trabajo como verdaderos artistas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entrar en el juego político está muy bien pagado (en sueldos contantes y sonantes y, también, con distinciones “literarias”: no hay más que ver quiénes obtienen qué premios, y con qué libros), pero es muy probable que a muchos escritores ni se les pase por la cabeza, sea porque no quieran o porque no sean capaces o porque se trate de un mundo vedado para el tipo de escritores que son.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra opción posible, que en esta sociedad (y en otras anteriores) han asumido algunos escritores, es la de encerrarse con su trabajo caiga quien caiga, aun corriendo el riesgo de incurrir en la exclusión social. En ese caso, el escritor o escritora difícilmente podrá tener familia, y, si la tiene, tanto lo pagará él o ella como su pareja y sus hijos, que tendrán que aceptar la situación de dependencia del escritor o escritora respecto del “cabeza” de familia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trata, sin duda, de un problema social, aunque acaso muchos escritores no se vean o no quieran verse a sí mismos como afectados. Muy al contrario, asumen las dificultades y tiran adelante como pueden. En algunos casos, sin manifestar su descontento, o con un profundo sentimiento de culpa por no ser capaces de vivir de lo que escriben (achacándoselo muchas veces a su propia impericia a la hora de hacer aquellas cosas que sí están bien recompensadas económicamente, o a su falta de talento para escribir una obra que se abra paso en el mundo entero, que se difunda masivamente, alcanzando a lectores de todas partes); si no confundidos, sin saber muy bien a quién o qué achacar su situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los aspectos épicos de las vidas cotidianas de los autores los dignifican tanto ante nuestros ojos... Y no deja de ser sintomático. En una sociedad realmente moderna, en la que aspiramos a que todas las personas tengan una vida lo más digna posible, tal vez debiera avergonzarnos que sean precisamente los escritores quienes pasen penurias y dificultades. Y acaso sea indigno de toda la sociedad que esté tan bien considerado que un escritor tenga que sacrificar aspectos fundamentales de su vida para escribir su obra. Me pregunto hasta qué punto esa emoción épica que extasía a la sociedad cuando conoce las miserias que un escritor hubo de soportar para sacar adelante su trabajo, no deberían de suponer una vergüenza para esa misma sociedad, pues no es más que una muestra tan sangrante de su fracaso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta desconcertante observar cómo las personas se afanan en consumir todo tipo de productos lujosos, de necesidad más o menos cuestionable según qué casos, y cómo la sociedad premia con su más alta consideración esa “capacidad de consumir”, mientras que los escritores quedan relegados a una posición tan lejos del supuesto glamur del consumo. Habremos de suponer que se trata de una cuestión de valores. Consumir “cosas” de utilidad tan limitada en el tiempo ha pasado al primer plano de la vida social, mientras que los generadores de una belleza indeleble, ahora, se nos antojan seres improductivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y desde luego no resulta sencillo comprender cómo es posible que los escritores estén contentos (y si no lo están, al menos no lo manifiestan) con el lugar que les asigna la sociedad en sus presupuestos, teniendo que pasar por todo lo expuesto para sacar adelante la escritura de sus libros, y recibiendo como único pago (no la concesión) la posibilidad de concesión de algún premio, cuando no la posibilidad de que algún día se les reconozca por ello, con suerte antes de fallecer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque lo cierto es que, en el momento que cualquier persona se dice escritor o escritora y aparece ante la sociedad con un libro, la sociedad empieza a exigirle: imaginación, lucidez, inventiva, un pensamiento que la estimule, el necesario cuestionamiento de lo establecido, emociones, belleza, una actitud irreprochable ante multitud de aspectos de la vida; el desarrollo de una gran capacidad intelectual; que el escritor sepa, que conozca; que lo exprese; que su condición de escritor se vea claramente refrendada con la aparición de trabajos que demuestren que lo es, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Eso sin tener en cuenta que, normalmente, lo tendrá que hacer en su tiempo libre)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;Resulta paradigmático: los escritores más desprotegidos son aquellos que están dispuestos a sacrificarlo todo por escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos años escuché a la viuda de Manuel Padorno decir a mi lado, como en un suspiro que se deja caer al suelo, ni siquiera dirigido a mí: “Todo eso lo hicimos con tanto esfuerzo…” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por “todo eso” se refería a la obra de Manuel Padorno. Nunca me pareció más acertada, rabiosamente justa, la utilización del plural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero siendo esta la situación, a quién correspondería aportar soluciones, propiciar un cambio: ¿al mercado, la industria del libro? ¿Al Estado, las instituciones? ¿A ambas? (¿Financiación pública?, ¿privada?, ¿las dos?) Se trataría, al fin y al cabo, de conseguir ampliar el número de escritores que puedan vivir realizando las labores de su oficio, leer y escribir. Ahora, sólo lo consiguen los que venden mucho, y no siempre son los mejores. De hecho, la dictadura del mercado está propiciando, claramente, una banalización de la cultura, colocando en el lugar más visible, no a los de mayor calidad, sino a los más comerciales, que muchas veces son los que ofrecen un mayor espectáculo (en el caso del cine y el arte contemporáneo es muy evidente, pero no deja de ser igual en la literatura).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dinero público: resulta imposible no constatar, llegado este punto, que el ujier de cualquier empresa participada por capital público; el ejecutivo, el maquillador o la presentadora de una televisión autonómica; el ganadero y el agricultor; muchas empresas de medios de comunicación; tantas editoriales, productoras, constructoras, empresas que realizan obras públicas; quienes trabajan en la mayoría de las ONGs; quienes se plantean ahora dedicarse a fabricar energía con molinos de viento, reciben dinero público para desarrollar su trabajo, muchas veces sin plantearse si quiera si su sueldo proviene del erario público, de una empresa privada, o de una empresa privada que además recibe dinero público; y sin embargo todos cuestionamos en mayor o menor medida que quienes escriben obras literarias deban recibir el mismo trato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habría que buscar la verdadera razón, en cada caso, de que el ejecutivo de televisión más o menos pública, el profesor (de pública o concertada), el ganadero, el agricultor, el músico, el cineasta, etc., sí sean considerados a la hora de una aportación pública en la que les puede ir la vida; mientras que el escritor, no. Acaso algunos piensen que con la financiación por parte de diputaciones, ayuntamientos y cabildos y gobiernos autonómicos de numerosos premios literarios, queda resuelta la subsistencia de los escritores, o quizás esta aportación es tan publicitada –por interés más de los políticos que de los propios escritores—, que pareciera que ya está todo hecho, que las instituciones han cumplido, que han hecho lo suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez la sociedad considera indispensable la existencia de una televisión pública autonómica, por ejemplo, y no considera indispensable la creación literaria. O acaso considera que la financiación pública es “indispensable” para la existencia de una televisión autonómica, y la cree “innecesaria” para la aparición y existencia de buenas obras literarias. La subsistencia del ejecutivo de televisión es objeto de financiación pública, ¿acaso porque su participación se ha hecho indispensable para la existencia de una televisión pública?; la subsistencia de los escritores no nos resulta indispensable en absoluto –ni siquiera le resulta indispensable a los que necesitan libros para poder comerciar con ellos, toda una industria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También es verdad que son muchos los que piensan que escribir, mire desde donde se mire, no es trabajar. El escritor, dramaturgo y guionista norteamericano David Mamet comenta que durante un tiempo hubo de escribir en cafeterías, porque si se quedaba en casa siempre había alguien dispuesto a pedirle “que arreglase la alcachofa de la ducha”. Y eso que, en su caso, la escritura si ha rendido algunos beneficios económicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaso son muchos los que consideran que “siempre habrá” algún que otro escritor que, a lo largo de toda una vida de desvelos, consiga un hueco en su cotidianidad para regalarnos (nunca mejor dicho lo de regalar) una de esas fuentes de belleza y conocimiento indispensables para que comprendamos nuestro tiempo y a nosotros mismos. Y además, “¡si siempre ha sido así, los escritores nunca lo han tenido fácil y a pesar de todo ahí están todos esos clásicos maravillosos!”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colijo, pues, que tal vez la situación “laboral” de los escritores en la actualidad se deba a que siguen ostentando los mismos (paupérrimos) derechos que antaño, y acaso se hayan quedado ahí mientras que la sociedad en su conjunto ha avanzado y muchos de sus componentes han adquirido, desde el primer momento de su existencia, unos derechos que los escritores nunca tuvieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre habrá alguien dispuesto a espetarle a un escritor, “¡menos lloriquear y más trabajar!”, y podemos suponer que lo de trabajar va en dos sentidos: el escritor es un gandul por querer dedicarse a escribir en vez de trabajar, que es lo que hace todo el mundo; y el escritor es un inepto, un fracasado, si protesta en vez de ponerse a escribir para ofrecernos una de esas obras fulgurantes que, con el tiempo, dignifican la existencia de los pueblos. Pero tampoco debe de ser sólo esto. Del libro viven los impresores, los editores, los distribuidores, los libreros, los diseñadores… Los autores, no. Tal vez debiéramos plantearnos de una vez la pregunta impertinente: Por qué. Y si sabemos que los autores no consiguen vivir de las ventas de sus libros, y nos importa que éstos puedan encerrarse a escribir y leer, escribir y leer, escribir y leer, que es su trabajo, por qué no tomamos las medidas necesarias para que lo puedan hacer. ¿Es imposible? ¿O se trata de una clamorosa falta de voluntad social y política, sazonada con la clásica indefensión del escritor individuo que bracea por el encrespado mar de su vida, en solitario, y a mucha honra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez se hace más necesario el análisis de las verdaderas razones de que el dinero público vaya donde va. Normalmente se combinan el interés de la sociedad, o de una parte de esta, con los intereses de los políticos. Pero urge un análisis exhaustivo de cómo el factor “lo que le interesa financiar al político” influye en que el reparto sea menos interesante para el conjunto de la sociedad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy fácil de defender desde la política, ante la ciudadanía, que el dinero de esta se invierta en una televisión pública autonómica (como se diría en los anuncios) “nuestra”, “la de todos nosotros”. Todo esto soslayando que al político le interesa invertir el dinero de todos los ciudadanos en un medio de comunicación a través del cual –aparte de que se activen ciertos aspectos de la economía—, podrá contarle las cosas tal como a él le interesa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué hace falta para poner en marcha una televisión: maquilladores, realizadores, infraestructuras, maquinaria, ejecutivos… Cuánto cuesta un ejecutivo, cuánto la maquinaria, cuánto es en total: al contribuyente le interesa, aquí está el dinero, el contribuyente lo pone.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuánto hace falta para que Roberto Bolaño, Karmelo C. Iribarren, Isaac de Vega, escriban sus libros. ¿Tiempo? ¿Que se puedan poner a ello? ¿Dinero para que se puedan poner a ello? Eso cuánto es, ¡tan poco! No hay. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, si son escritores de verdad lo harán de todos modos. ¿Que podrían hacer más?, no importa, nos conformamos con lo que nos den. De todos modos, es su problema, serán juzgados por lo que sean capaces de escribir (no nos van a venir con el cuento de que no pudieron hacer más porque tenían que dedicarse a otras cosas para su manutención y la de su familia, que no son más cultos o que no pudieron escribir obras más brillantes porque no tuvieron tiempo para leer y escribir). Y en cualquier caso, ¿por qué no escriben cosas que se vendan? Si lo que escriben no le interesa a la (suficiente) gente como para que puedan vivir de las ventas de sus libros, qué quieren. ¡Más trabajo y menos lloriqueo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He oído comentar muchas veces que el escritor debe ser libre, independiente, dando por sentado que cualquier aportación pública que recibiese por realizar su trabajo lo convierte en todo lo contrario. ¿Hablamos de libertad, de independencia, o estamos confundiendo estas con liberalismo económico, con explotación, con indefensión e intemperie a la hora de realizar lo que “es” el trabajo de los escritores?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;El ochenta o noventa por ciento de los actos públicos en los que participan los escritores son gratis, no sólo para el público, también para las instituciones y organismos que los fomentan, al menos en lo que respecta a la intervención de los escritores, que a saber por qué razones participan: ¿por vanidad?, ¿por generosidad?, ¿porque han sacado un libro (aunque las ventas que se pueda obtener de éste en ese acto o gracias a la organización de ese acto no reviertan, en absoluto, en la manutención del escritor; las cosas como son)? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pocos autores que pueden subsistir por –o gracias a— lo que escriben, son precisamente aquellos poquitos invitados constantemente a realizar actos públicos remunerados (bolos). Pero no parece que las instituciones públicas tengan la menor voluntad de potenciar esa industria, imprescindible para la subsistencia de cada vez más escritores y, por lo tanto, indispensable para que estos desarrollen su actividad intelectual y creativa. Tal vez (del mismo modo que se potencia la creación musical promoviendo la existencia de conciertos desde todo tipo de instituciones públicas) los escritores deberían de exigir que se potencie un circuito estable en el que los escritores difundan su obra y sus conocimientos… cobrando. Esto sí supondría un avance significativo en las condiciones de vida de muchos escritores. También sería un avance significativo en materia de cultura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro de los frentes posibles, en nuestro deseo de una mejor vida para los escritores, es la necesidad de crear becas o ayudas a la creación. Curiosamente, sí consideramos merecedor de una ayuda económica al guionista de cine (que puede presentar proyectos de escritura a diferentes administraciones y, consecuentemente, sacar adelante la escritura de su guión cinematográfico al margen de lo que luego éste pueda valer o no en el mercado, incluso al margen de si éste llega o no a convertirse en película), pero no consideramos merecedor de un trato similar a los escritores. Acaso consideremos más “profesional” al guionista que al escritor; aunque habría que plantearse, en este caso, a qué llamamos “profesionalidad”. ¿O es que consideramos indispensable la escritura de guiones para que se realicen buenas películas y se potencie una actividad que es industrial, pero no nos resulta indispensable respaldar la escritura de buenos libros porque los escritores ya hacen el esfuerzo de todos modos y la industria editorial no parece necesitar del apoyo a los escritores para su desarrollo? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No parece que fuera tan complicado habilitar becas de escritura para que los autores que quisieran y lo necesitasen pudieran encerrarse con su trabajo; o disponer una pensión de escritura a la que pudieran acogerse todos aquellos autores que prefirieran dejar “su empleo” por un tiempo para encerrarse con “su trabajo”, leer y escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda habría muchos escritores que, al menos en algún momento de sus vidas, preferirían ganar menos y poder dedicarse a lo que seguro entienden como su verdadera razón de ser; pero es que hay otros tantos que se acogerían a esa pensión de autor –por ridícula que fuera— toda su vida, pues para muchos escritores resulta más satisfactorio sobrevivir escribiendo que obtener un buen sueldo relegando la escritura a un segundo plano. Más de un “escritor de verdad” se acogería, si pudiese, a la pensión que pudiera recibir un discapacitado, o una persona con un problema mental (¡sí, estoy loco de escritura, no puedo tomar un empleo!), para poder dedicarse a escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que enseguida habrá quien objete que sería muy difícil juzgar quiénes deberían ser los “autores verdaderos” merecedores de una beca de escritura o pensión de autor. Acaso no se tenga en cuenta que el Estado realiza todos los días complejas evaluaciones a personas que deberán dedicarse a esto o lo otro –incluso algunos con oficios muy similares al de los escritores—, o que serán merecedoras de todo tipo de prestaciones según su formación, su economía personal y situación familiar, y que las bases por las que todo ello se regula son actualizadas por la administración año a año, etc. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También habrá quien argumente –ante la solicitud de atención económica pública para quienes producen buenas obras literarias— que los escritores deben ser seres libres, independientes de cualquier dinero público (otra vez este argumento). A ninguno de los que así piensa se le ocurrirá, sin embargo, colegir que cualquier cineasta –que recibe dinero público de TVE, ICAA (Ministerio de Cultura), y un larguísimo etcétera de instituciones autonómicas, nacionales, europeas e iberoamericanas, para la realización de sus películas—, sea un autor dependiente, no libre, y su obra se encuentre plegada a los designios e intereses del poder establecido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, por alguna razón, pensamos que los libros de los escritores serían distintos (dependientes) si fuera el estado quien les dotara, por medio de cualquier plan, de lo necesario para ponerse a escribir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este argumento de la necesaria independencia del escritor tiene su miga. No nos parece adepto al poder, o domesticado, el autor que recibe el Premio Cervantes o el Nacional de Narrativa, aunque se trate de dinero público, al fin y al cabo. Tampoco nos parecen adeptos al poder, dependientes, los escritores que continuamente, por su obra y su buen saber hacer, son reclamados para impartir conferencias y todo tipo de eventos remunerados, casi siempre, con dinero público. Pero en cuanto sale el tema de la financiación pública para la creación literaria irrumpe el concepto de escritor puro, independiente y auto manifiestamente libre que se apresura a declarar “aparta de mí este cáliz”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez debiéramos preguntarnos de qué libertad, de qué independencia estamos hablando. ¿Una libertad y una independencia en la que los escritores no pueden hacer su trabajo (mientras el amigo locutor de radio, el agricultor, el músico y el director de cine, sí)?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De qué independencia hablaríamos. ¿Una en la que los escritores tienen que trabajar en otra cosa y escribir por la noche, en los fines de semana, los días de fiesta, en vacaciones? ¿O una en la que el escritor, si se pone a ello caiga quien caiga, quien cae primero es él mismo, y, si acaso su obra merece la pena, cuando la sociedad se dé cuenta del sacrificio que ha hecho ya lo cubrirá de honores, aunque sea después de muerto)?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De qué dignidad tan gallarda hablan quienes dicen que lo mejor es ser libres, independientes, no depender de la limosna del político (esa “limosna” que llueve como agua de mayo sobre quienes se han apuntado a fabricar energía con molinos de viento, los ganaderos y las mismísimas entidades financieras). ¿O acaso hablamos de una libertad que considera el sumun del éxito profesional escribir en periódicos y revistas artículos al servicio de un partido político o de otro (cuántas veces el interés de los políticos de por medio). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ya hemos apuntado, se da la absurda paradoja de que del libro viven todos: impresores, libreros, editores, distribuidores, traductores… Menos los autores. Qué clase de dignidad torera nos asiste cuando esgrimimos nuestra supuesta libertad e independencia para escribir lo que queramos, si aceptamos tácitamente este injusto “tanto vendes tanto vales”, que hace que editores, distribuidores y libreros traten con cierta condescendencia a la inmensa mayoría de los autores, pues cómo sino como pobres diablos pueden ver a quienes contribuyen con tanto esfuerzo y sacrificio personal e intelectual al negocio que ellos hacen; y a cambio, tan sólo, de dígame usted esa vanidad del escritor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los escritores mismos reprimimos cualquier manifestación de victimismo. Pero cómo no van a producirse manifestaciones de victimismo entre nosotros si con nuestra ausencia de “activismo” lo único que conseguimos es que la sociedad toda mantenga ante nosotros una actitud culpable por el trato que nos dispensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y de verdad cree alguno que alguien se va a poner a leerle en serio sin que esa culpabilidad (provocada por la falta de consideración social) desaparezca, por muchas campañas de fomento de la lectura que los gobiernos realicen?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos días, a un buen amigo escritor (a uno de esos que se toman su trabajo en serio), le hicieron una pregunta: “Y tú qué haces, a qué te dedicas”. “Yo no hago nada, soy escritor: estoy en mi casa”, respondió. Su respuesta no me sorprendió en absoluto. Esa es siempre una pregunta incómoda. Muchos escritores no pueden menos que decir de sí mismos lo que todos parecen pensar de ellos, para qué gastar energías con explicaciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sobre la subsistencia de los escritores y el mercado del libro&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: blue;"&gt;&lt;strong&gt;LA PREGUNTA IMPERTINENTE&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué todos pueden vivir del libro, menos quienes los escriben?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos sabemos que se está editando muchísimo (es lo que un buen amigo, Ernesto Suárez, llama “la burbuja económica del libro”). Cuanto más mejor. Pero mejor para quién. Si ese “cuanto más mejor” beneficia absolutamente a todos menos a los escritores, no sé. En este momento pareciera que los escritores debiéramos estar agradecidísimos de que se publique tanto, así nos publican a nosotros también. Pero lo que el escritor recibe de ese "editar cuanto más mejor" es un "no se vende", y "comprenderás que no te puedo pagar un adelanto de 6.000 euros por tu novela si no voy a tirar más que 2.000 ejemplares, y de un libro tuyo no puedo tirar más que eso". Qué digo 2.000. ¡Se están haciendo tiradas hasta de 75 ejemplares!, ¡hoy en día se puede imprimir así, de a poquito!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y por qué cuantos más libros mejor? ¿Se trata de un desaforado anhelo de cultura por parte de la sociedad? ¿Es que leemos tantos libros como editamos? ¿Es que la sociedad se siente tan concernida por todo lo que se dice y sucede en el interior de los libros? Pues, con casi total probabilidad, no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los editores, los distribuidores y los libreros quieren vender (los impresores imprimir y los papeleros vender papel), por eso editan mucho y por eso cuantos más libros, mejor. A ver quién se niega. Los distribuidores reponen novedades al menos una vez a la semana, si no dos o tres. Para el distribuidor, cada libro “colocado” en la librería es un libro vendido, al menos a 60 o 90 días vista. Si el librero devuelve el libro, el distribuidor le da otro. (La querencia de que esos libros editados sean leídos es otra cosa: si son leídos, bien, y si no, también). No digo que al editor no le interesara poder editar menos libros y sacar más rendimiento de cada uno de ellos, ni que los libreros prefirieran no verse urgidos a devolver libros a un ritmo superior que el ritmo de la reposición de los distribuidores, pero así es cómo está funcionando el mercado. Al parecer, según comenta Ernesto Suárez (poeta, crítico, profesor universitario y editor), pero también algunos de los editores con los que he hablado del tema, el negocio del libro se encuentra en “ese dinero demorado”, ficticio, entre reposición y reposición. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema es que esa política beneficia muchísimo a toda la industria, pero produce muy pocas ventas de cada libro en particular, y sin embargo los escritores siguen firmando unos contratos en los que se les ofrece un 8% o un 10 % de las ventas, con unos adelantos ridículos o sin adelanto directamente. Tu libro puede estar en catálogo y disponible el tiempo que haga falta. Aunque vendas 2 libros al año, no importa. Y el único pago es que tu libro figure en las páginas webs de las editoriales y las librerías: así que podríamos decir que la industria del libro te paga a cuenta de tu vanidad y con la grata sensación del imprimátur. Pura sensación, nada más. A partir de unas semanas, tu libro ni siquiera se encuentra en las librerías. O se encuentra sólo en algunas librerías y de manera testimonial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tema es que aquí el único que pierde de todo esto es precisamente quien escribe los libros, porque absolutamente todos los demás ganan. ¿Resultará descabellado pedirle a esta industria que ofrezca unos mínimos a quienes escriben los libros? ¿Resultará indecoroso señalar el problema y pedir públicamente que no ganen tanto a expensas de la supervivencia de los escritores? Y... ¿de verdad creemos que si señalamos bien el problema, lo analizamos, lo delimitamos, y buscamos soluciones, no las vamos a encontrar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O sea, ¿que de la producción de libros de esta industria no se puede (entre las ganancias de editores, diseñadores, libreros, distribuidores, impresores, papeleros y ese larguísimo etcétera de gentes que sí cobran por su trabajo en todas las empresas relacionadas con el sector –comerciales, gabinetes de comunicación, agentes de marketing, becarios, correctores de estilo y lectores, etcétera, etcétera, etcétera…) sacar lo suficiente para que quienes escriben aquello con lo que comercian puedan salir adelante? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿No podría un Gobierno sentarlos a todos a una mesa hasta alcanzar una solución?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace falta mucha voluntad política. La voluntad política la consiguen los colectivos haciéndose oír. Y los escritores tienen una de las mejores herramientas para hacerse oír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, amigo, lo que no hay es conciencia de que existe un problema. El problema se sufre, se padece, pero no parece que tengamos conciencia de él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues empecemos por la conciencia del problema. ¿Cómo es posible que nos parezca normal que la industria del libro no se preocupe lo más mínimo por la subsistencia de quienes la abastecen de materia con la que comerciar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo parece indicar que ni siquiera los propios escritores y escritoras estiman que merecen unas medidas públicas para subsistir. ¿Dinero para escribir? No, gracias. Los editores, sin embargo, sí reciben ayudas públicas a la edición de libros. (Porque, aunque parezca mentira, en este país sí que se conceden ayudas públicas al sector del libro, sólo que no se otorgan a los autores, sino a los editores, los traductores, y a un etcétera que podríamos investigar y que acaso nos sorprendería). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curiosamente, a los editores no les duelen prendas a la hora de recibir ayudas para publicar libros. Reciben el dinero público y ese dinero público les sirve para pagar al impresor, al diseñador, etc. Los editores también están muy interesados en que haya ayudas para los traductores, sin embargo no parecen interesados, en absoluto, en que haya ayudas para los autores; o es que prefieren que se las den a ellos, un dinero del que ellos disponen para su negocio y que nunca llega a los autores de los libros que publican gracias a esas ayudas recibidas. Para qué pagar algo que, parece, no tiene ningún valor (los autores están dispuestos a regalarlo, les dices que no puedes pagarles y te dan el manuscrito para que lo publiques y parecen muy honrados de que lo hagas, encantados de la vida con ver su libro editado; muchas veces los autores no se plantean siquiera si deberían cobrar por ello, para qué pagarles, es el libre mercado). Eso sí, la ayuda económica la consiguen con el manuscrito del escritor. Sin el manuscrito del escritor no hay nada que hacer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, el editor publica el libro haciendo uso del dinero público para pagar a todo el mundo, menos al autor. Al autor le liquida al año (unas ventas pequeñas puesto que el mercado está tan saturado que de su libro no se vende gran cosa). Y en esa liquidación ni siquiera incluye las ventas a instituciones. Muchas veces esto se especifica en una cláusula leonina: “no entrarán en la liquidación del autor los ejemplares vendidos por la editorial directamente a instituciones” (dinero público), que, añado yo, en tantos casos constituirá el mayor número de ejemplares vendidos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Vender? Por cierto, no hablo con ningún escritor que se crea las liquidaciones que le realizan sus editores. No están obligados a hacerlas de una manera transparente. El autor se ve obligado a confiar ciegamente en lo que le dice el editor, y punto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no digo con esto que los editores sean malos, unos monstruos, lo peor del mundo. No, es su negocio. Si pueden obtener algo sin tener que pagarlo, lo hacen. Sólo que se da la casualidad de que, precisamente, lo que pueden obtener gratis o prácticamente gratis, en esta industria del libro, es el trabajo de los escritores, los manuscritos. ¿Hará falta algún elemento de regulación? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Nosotros hacemos contratos con los autores! ¡Nosotros liquidamos anualmente!, dirán. Y, en efecto, hacen contratos a los escritores, y liquidan anualmente. Otra cosa bien distinta es que esos contratos y esas liquidaciones sean suficiente esfuerzo editorial de cara al tema que estamos tratando: la subsistencia de los escritores. Y si no lo son, ¿no deberían de ir pensando en cómo conseguir que lo sean? Tal vez sería interesante que las editoriales buscasen recursos, además de para tener ejemplares y poder cubrir los gastos de producción y distribución (que viva el editor, empleados, becarios incluso; el impresor y sus empleados, el papelero y sus empleados, etc.), para que el autor publicado esté cubierto el tiempo de escribir el siguiente libro. A lo mejor se pueden repartir los recursos que se obtienen entre menos libros y menos autores (pero acordándose de estos). Seleccionar más y editar lo esencial es trabajo de editor. Solía serlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el trabajo de los políticos, por cierto, suele consistir en legislar todo tipo de actividades para que no se pueda explotar a ninguna persona. Estudiar la realidad de los sectores económicos y establecer los elementos de regulación para que ningún colectivo se encuentre desfavorecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La única razón de que existan las ayudas a la edición y no a la escritura es que, efectivamente, los editores son un lobby (como los agricultores, los ganaderos, los cineastas y los fabricantes de coches, etc.). Ellos sí tienen interlocutores que negocian con los gobiernos de turno las ayudas al sector (lo mismo que los distribuidores, los libreros y, supongo, impresores y fabricantes de papel). Me comenta un amigo que, hace unos años, el Ministerio de Cultura tenía unas ayudas a la escritura, que las quitaron de un día para otro y nadie dijo nada. Quién iba a decir qué. No había interlocutor ninguno. Ni se formó para la ocasión. Ni nada de nada. ¿No deberíamos de estudiar las razones por las cuales los escritores se conforman con… nada? ¿Cómo es posible que los escritores no se asocien y defiendan sus intereses colectivos? ¿Por qué no quieren ni un mejor trato del sector editorial, ni dinero público, ni ningún tipo de cobertura social que tenga en cuenta que, además de sobrevivir de lo que sea, escriben libros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Será que los escritores no se ven a sí mismos como parte de la sociedad, sino como una élite o un grupo al margen? Al fin y al cabo, cuando escribimos siempre, de una u otra manera, acabamos dirigiéndonos a ella: en un lado estamos nosotros y enfrente, al otro lado, el resto del mundo. Supongo que hay muchos que se sienten a sí mismos sobre un andamio de oro, por encima del resto de las personas. Confieso que no es mi caso. Tal vez por eso sí me comparo con el resto de los componentes de esta sociedad al mismo nivel (es lo que hago en este artículo), y encuentro un importante escalón, el andamio bajo tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es cierto, Faulkner escribió "Mientras agonizo" sobre una carretilla puesta al revés mientras trabajaba como guarda nocturno en una fábrica. Pero mal vamos si seguimos poniéndonos como ejemplo a seguir la vida de autores que lo tuvieron tanto más difícil que nosotros (entre otras cosas, porque no tuvieron ninguna opción). En cierto sentido, es como decirle a un agricultor de Cuenca que se fije en lo difícil que lo tiene un agricultor de Gambia, y cómo los agricultores gambianos salen adelante (o no), y se enfrentan a las malas cosechas, y al hambre, y al trabajo. Y arengarle a que soporte lo mismo, que sea valiente, que aquí está mucho mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Impresionante lo de tantos escritores que lo tuvieron más difícil que nosotros: pero ser insumiso no es morirse de hambre o permitir que tu familia lo pase mal porque tú tienes que escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me temo que nos ha costado tanto construirnos un discurso para la resistencia –un discurso plagado de ejemplos de vida perra de grandes escritores mientras escribían los libros que nos gustan—, que da igual que estemos en otro tiempo, en otro lugar, y que los ciudadanos, en general, tengan determinados derechos: no queremos renunciar al discurso que tanto nos ha costado elaborar, y sin el cual algunos no hubiesen resistido, y otros no hubieran desfallecido con tanto honor y laurel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos meses falleció un amigo escritor –probablemente suicidado—, poco más de cuarenta años, no había trabajado, ni formado familia, tampoco había escrito mucho, pero lo poco que escribió es notable. Y como no tuvo una vida fácil, todo el mundo se apresuró a rendirle todo tipo de honores: cortometrajes, canciones, artículos en prensa. Me alegré mucho por él. Yo mismo escribí lo mejor que supe sobre su desaparición. Pero el regusto es amargo. No es justo. Me pregunto qué pensarían otros miembros de la sociedad si les propusiéramos recibir el mismo trato, pagarles así, y les pusiéramos como ejemplo a seguir todos los que tuvieron, y tienen cada día, que hacer lo mismo que ellos en circunstancias mucho más adversas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, amigo. Yo quiero ser un escritor de hoy, o, mejor dicho, de esta sociedad. A mí las penurias de otros no me arreglan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;Tal vez no sea tan descabellado solicitar a la administración un buen programa de becas de escritura para proyectos puntuales (los traductores las tienen, es absurdo que los escritores no). O pensiones de escritura para los que quieran dejar su trabajo por un tiempo y ponerse a escribir. Y la potenciación de una industria paralela que es vital para los escritores, los bolos: recitales, lecturas, conferencias, tertulias, mesas redondas. Que se comprenda que los señores y señoras que participan en ellos y los llevan a cabo tienen que hacer sus esfuerzos (no se nos ocurrirá nunca no pagar al cuentacuentos, que va de biblioteca pública en biblioteca pública, ¡tiene que ensayar, aprenderse todo eso de memoria! El escritor se lo tiene que inventar. Su aportación es infinitamente más relevante. Y por cierto, resulta absolutamente absurdo que “un autor” que además es “cuentacuentos” reciba más dinero por una sola contada en una biblioteca que por los derechos de un libro que ha tardado años en escribir. ¡Gana más un cuentacuentos en una hora que un escritor con su libro!) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No parece descabellado que los escritores exijan al sector del libro, en su conjunto, un mayor compromiso con quienes les suministran la materia con la que comercian. Y no cabe duda de que la única manera de defender los intereses de cualquier colectivo pasa por una mayor implicación de sus componentes en las decisiones gubernamentales que les atañen, asociándose para negociar con el resto del sector. No seré yo quien llame a los escritores a la formación de un lobby, nada más lejos de mi forma de proceder y de mi carácter, pero es que el escritor tiene el poder de su escritura y entre sus atribuciones se encuentra el necesario cuestionamiento de lo establecido; al menos podríamos exigirnos el análisis de la propia situación. Por supuesto que todo lo expuesto aquí nos avergüenza, nos estigmatiza, ataca a nuestra vanidad y autoestima (mon dieu, qué malo soy, qué daño nos estoy haciendo, ¡las miserias deberían quedarse bajo la alfombra!); preferiríamos que nadie nunca osara decirlo y seguir mirándonos sólo en Andrés Neuman recogiendo el Alfaguara, en Juan Marsé recogiendo el Cervantes y en Roberto Bolaño derribando las fronteras de EE.UU. después de muerto, pero la realidad del día a día es, radicalmente, otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si nos importa esto del libro y la creación literaria... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se habla de "la muerte de la novela”, “la muerte del libro", etc. Se edita más que nunca, demasiado; sin embargo yo me siento menos estimulado a publicar mis libros ya escritos que en ningún otro tiempo ningún escritor con libro terminado, y no creo ser el único. Para qué publicar. ¿Tiene sentido? ¿No será eso lo que “se muere”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las conclusiones. En resumidas cuentas:&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-La industria editorial tiene que hacer mucho más por la subsistencia de los escritores (reparto equitativo de beneficios)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Las instituciones públicas tienen que hacer mucho más por la subsistencia de los escritores (legislación y recursos económicos en diversas modalidades).&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Los escritores tienen que hacer mucho más por su subsistencia (activismo).&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Se trata de que todos seamos conscientes de que es posible ampliar el número &lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;de escritores que subsistan dedicándose a leer y escribir, leer y escribir.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como escritor, si estás de acuerdo, difúndelo por favor.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-5394583838848171965?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/5394583838848171965/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/01/los-que-escriben.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/5394583838848171965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/5394583838848171965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2011/01/los-que-escriben.html' title='Sobre la subsistencia de los escritores'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2422596850657725538.post-3012101573290603239</id><published>2010-01-31T14:46:00.000-08:00</published><updated>2010-02-03T14:39:37.922-08:00</updated><title type='text'>LA MUJER DE DOS METROS</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_d4FeKRIAPSE/SxFUPuKGBrI/AAAAAAAACRQ/6CVvdd7wGLM/s1600/%5B+La+Modelo+M%C3%A1s+Alta+del+Mundo+%5D+En+La+Revista+ZooWeekly+%5B1%5D.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" kt="true" src="http://4.bp.blogspot.com/_d4FeKRIAPSE/SxFUPuKGBrI/AAAAAAAACRQ/6CVvdd7wGLM/s400/%5B+La+Modelo+M%C3%A1s+Alta+del+Mundo+%5D+En+La+Revista+ZooWeekly+%5B1%5D.jpg" width="273" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Garamond&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;Debía de tener unos 17 años. En clase del instituto, entre metonimia y carpe diem, ella era alta y se había sentado en el pupitre de al lado. Medía, exactamente, 1 metro 98 centímetros de formas muy bien proporcionadas, y en algún momento me di cuenta, entre &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;amor constante más allá de la muerte&lt;/i&gt; y algún glorioso hipérbaton –ya digo, en palabras de un profesor que teníamos, Miguel Ángel, que pronunciaba las cosas con frenillo y perdigonazos de saliva, pero que era un tipo cojonudo que me lo enseñó todo sobre el Siglo de Oro–, de que ella me miraba con simpatía. Fue así como, entre tema y tema, cuando Miguel Ángel hacía una pausa y por ejemplo se volvía para preparar la pizarra o se ensimismaba un momento antes de continuar, ella y yo –la muchacha de los dos metros de formas turgentes y yo—, comenzamos a buscarnos con pequeñas conversaciones de pupitre a pupitre. No sé si sería por la altura, pero parecía 100 veces más madura que el resto de mis compañeras, y recuerdo que en alguno de aquellos interludios discretos, sin darle demasiada importancia, me confesó que acudía a una cita con un chico y me preguntó si pensaba que debía ponerse tacones o zapatos planos. Por qué, le dije. Ella vaciló. Ya sabes, la altura, no quiero que se sienta mal. Ah no, de eso nada, dije con convicción, toda la convicción que puede uno transmitir en una conversación que se mantiene en voz baja, con disimulo, para que ni el profesor ni los compañeros se enteren, y negué ostensiblemente con la cabeza, ponte tacón alto, lo más alto que encuentres. Pero eso…, dudó ella, no… Cuál es el problema. Pero él… insinuó ella. No no, él qué más da. Nos miramos en silencio. Eres alta, con tacones parecerás inaccesible, le dije, mejor así. Ella sonrió observándome. Claro, concluí teatral, hazme caso, tú, inaccesible, y regresé a &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;polvo serás, mas polvo enamorado&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Garamond&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;No sé si se debió a aquella conversación. Creo recordar que le pregunté al día siguiente por su cita y me hizo un gesto tan ambiguo que no supe si interpretar que aquella cita no había funcionado o no había tenido lugar o, acaso, había sido su coartada para indagar sobre lo que yo pensaba de su altura. Pero el cierto caso es que de nuevo nos encontramos manteniendo una de aquellas conversaciones, que nos obligaban a guardar silencio y esperar durante la explicación de Miguel Ángel –&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;nasón y escriba&lt;/i&gt;, lagunas órficas, endecasílabos con&amp;nbsp;acento en la sexta— con el consiguiente suspense entre pregunta y respuesta. Fue muy directa. Me preguntó si saldría con ella. Claro, respondí mirándola a los ojos. Supongo que lo único que esperaba de mí en aquel momento era cierto aplomo. Pareció complacida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 10pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Garamond&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;Quedamos ese fin de semana. Yo mido 1.74, pero cualquiera que nos viera juntos pensaría que ella era el doble que yo. Las medidas, como las distancias, son algo muy relativo. Le gustaba salir por la zona más macarrilla de Zaragoza. Yo no tenía prejuicios. Siempre he sido un desclasado. Había salido con frecuencia tanto por aquella zona como por todas las demás. Aquel clasismo había sido todo un descubrimiento para mí. Zonas de bares según tribus y clases sociales. Ella se sentó en un taburete, conmigo de pie entre sus piernas, y aún así me besaba hacia abajo. Yo no podía dejar de sentirme como Audrey Hepburn. Metía mis manos por debajo de su jersey de lana (creo que puedo recordar con absoluta nitidez la emoción del tacto de aquel viejo jersey, limpio) y la abrazaba. Pero su cuerpo me resultaba inabarcable; infructuoso. Aquello era como intentar complacer, con mis caricias, el cascarón de un trasatlántico. Uno cualquiera que pasaba entre la gente que atestaba el bar nos dijo que yo parecía su llavero. Y no pudimos menos que darle la razón. Hay gente que no tiene pelos en la lengua (y eso no está mal). No puedo decir que aquello me hiciera sentir inseguro, al contrario. Había conseguido interesar a una mujer de la que podía ser tan sólo su llavero, tenía las manos debajo de su jersey y sus pechos en asta podrían sacarle un ojo al mismísimo Dalí. Pero supongo que las sensaciones de aquellas caricias, y sentirnos observados como si fuésemos el gordo y el flaco, la alta y el bajo, la larga y el corto (de pie le llegaba justo a la altura de aquellos pechos que tanto me gustaron) nos apercibió de que las dimensiones de nuestros cuerpos, tal vez, no fueran las más idóneas para yacer en una cama. Aún así continuamos besándonos y acariciándonos, pero&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;con una extraña melancolía que se apoderó de todos nuestros gestos, y que cada vez nos hacía sentirnos más lejos el uno del otro. Fue una gran lección, he de decir. Algo que aprendí para siempre. No sé qué ven las altas en mí. Ni por qué las dejo llegar tan lejos. Si luego me arrepiento. Salimos a la acera y paseamos en alguna dirección, de manos al principio, sueltos después, hasta alcanzar un lugar indeterminado de una calle en el que, por alguna razón, nos dispusimos a despedirnos. Nos miramos con sorna, con ternura, y sin embargo con tristeza. Por un pequeño instante no supe si interpretar que su drama consistía en tener que dejarlo allí por culpa de su gran tamaño, y que en realidad lo hacía por mí; o porque pensaba que más pronto que tarde aquella diferencia constituiría un problema insalvable; o porque pensaba que se trataba de lo que yo prefería. Pero tal vez fuese sólo una impresión. Ella no dijo nada. Hay otra forma de interpretarlo:&amp;nbsp;tal vez decidimos, simplemente, no abundar en aquella sensación, frustrante, de no casar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family: Garamond;"&gt;En la foto, Eve, la modelo más alta del mundo, 2,05. La modelo que posa con ella mide 1,62.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2422596850657725538-3012101573290603239?l=sugherir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sugherir.blogspot.com/feeds/3012101573290603239/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2010/01/la-mujer-de-dos-metros.html#comment-form' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/3012101573290603239'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2422596850657725538/posts/default/3012101573290603239'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sugherir.blogspot.com/2010/01/la-mujer-de-dos-metros.html' title='LA MUJER DE DOS METROS'/><author><name>Nicolás Melini</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_d4FeKRIAPSE/SxFUPuKGBrI/AAAAAAAACRQ/6CVvdd7wGLM/s72-c/%5B+La+Modelo+M%C3%A1s+Alta+del+Mundo+%5D+En+La+Revista+ZooWeekly+%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry></feed>
